“Carta a mi ciudad. Me han saqueado la confianza, la credibilidad”



Una vez más puedo ver la veracidad de la Escritura dada por Dios a la humanidad a fin de enseñarnos a vivir según la ley divina. Hace unos 2.000 años, en la Carta de San Pablo a los Romanos 3:11-18 él decía, pues las Escrituras dicen, “¡No hay ni uno solo que sea justo! No hay quien tenga entendimiento, no hay quien busque a Dios. Todos se han ido por mal camino; todos por igual se han pervertido. ¡No hay quien haga lo bueno! ¡No hay ni siquiera uno! Su garganta es un sepulcro abierto, su lengua es mentirosa, sus labios esconden veneno de víbora y su boca está llena de maldición y amargura. Sus pies corren ágiles a derramar sangre; destrucción y miseria hay en sus caminos y no conocen el camino de la paz. Jamás tienen presente que hay que temer a Dios”. Los hechos acaecidos en nuestra ciudad son evidencia irrefutable de ello. No soy propietario de ningún negocio de los que fueron saqueados, pero no por ello menos afectado. Me siento uno más de los damnificados del caos vivido. Me han saqueado la confianza, la credibilidad, el respeto, la tranquilidad. Me pregunto: ¿cómo es posible vivir tantos años junto a personas que aparentan tan bien ser moralmente probas y de un momento a otro, dadas las oportunidades, se convierten en verdaderos vándalos sin el menor prejuicio? Por más de 20 años he estado sirviendo a mi comunidad como pastor cristiano. He estado junto al desvalido, al marginado, al postergado; he levantado mi voz contra la injusticia social, contra la violencia, el abuso de autoridad y muchos otros males que mi ciudad ha sufrido. ¿Saben? Ésta no es la forma, esto sólo trae más caos y desidia. Esto nos coloca los unos contra los otros, nos distancia, nos convierte en sospechosos, porque aquellos que te vimos ayer hoy no te vemos de la misma manera. Como Nehemías en la antigüedad, oro a Dios pidiendo perdón por el mal de mi pueblo, por aquellos que provocaron, por los que aprovechando la oportunidad se sumaron, por los que pudiendo evitarlo no hicieron nada para pararlo, por los que nos callamos la boca, por los que se gozaron del mal ajeno. En definitiva, por estar tan alejados de Dios y sin ningún deseo de que Él tenga algo que ver con nuestras miserables vidas. Quisiera que todos los que nos sentimos damnificados no perdamos la esperanza, Dios no la perdió al ver nuestra gran maldad. Él estuvo dispuesto, a pesar de haberle dado la espalda, a dar y a darse. Bariloche no es sólo como se mostró, hay gente de bien, hay quienes cada día ganan su pan con el sudor de su frente y aquellos que, sufriendo la necesidad del momento, de ninguna manera ensucian sus manos y su honor a expensas del mal de su prójimo. Como pastor, Dios me ha puesto como profeta en el lugar donde habito y mi mensaje de parte de Dios es (Proverbios de Salomón 29:18): “Donde no hay dirección divina no hay orden; ¡feliz el pueblo que cumple la ley de Dios!”. Llevará tiempo recuperarse, volver a creer en la gente, pero Dios sigue interesado en nosotros. Jesús dio su vida en una cruz para rescatarnos del pecado que nos daña y acercarnos al Padre. ¿Qué daremos nosotros? ¿Saben? El mejor regalo que podemos hacer estando tan candente lo vivido es arrepentirnos de nuestros malos caminos, de querer ocupar el lugar que le corresponde a Dios en nuestras vidas, de vivir sin respeto y en una permanente anomia espiritual y moral y permitir que Jesucristo, el Señor, ocupe el lugar que siempre quiso ocupar en nuestro ser y que nosotros hemos usurpado. Bendigo a nuestra amada ciudad. Pedro Alberto Hernández, DNI 14.048.795 Pastor de la Iglesia Misión Evangélica Bautista Las Mutisias Bariloche

Pedro Alberto Hernández, DNI 14.048.795 Pastor de la Iglesia Misión Evangélica Bautista Las Mutisias Bariloche


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