“Carta de despedida de un policía a su jefe”





Usted, mi general, que nació en una de las provincias más atacadas por la naturaleza, que vio cómo de un sacudón y en unos pocos minutos se pierde todo lo que el hombre había construido… Usted en aquellos años vivió y sintió lo frágiles que somos en este mundo. Seguramente se olvidó de que todo un país se solidarizó con su gente y en especial Río Negro, que recibió a muchos jóvenes que vinieron a buscar una nueva oportunidad, como en su caso. Y allí, presente, la Policía de Río Negro le abrió las puertas de la Escuela de Cadetes, donde usted recibió educación y cultura y se le inculcaron valores humanitarios basados en el respeto al prójimo, ser solidarios, servir a la sociedad… “Subordinación y valor” fue el lema que gritó varias veces. Con orgullo seguramente lució la jineta de oficial y mucho debió aprender del personal subalterno. La Policía le dio la oportunidad de seguir capacitándose y, desafectado de toda tarea policial, asistió a la universidad para recibirse de licenciado. Cuánto progreso profesional. Gracias a una de las instituciones más nobles que tiene nuestra provincia, podemos decir que es uno de esos hombres que nacieron estrellados. Llegó a oficial superior, no aceptó que lo desvincularan, buscó resurgir y llegó a ser jefe. Todos esperábamos que ese resurgimiento fuera para devolverle a la Policía y al personal policial todo lo que había recibido –desde aquellos años en los que sólo cargaba una valija de viaje– y que iba a poner todos sus conocimientos y su profesionalismo al servicio de la institución y de los hombres y las mujeres que la integran y que por todo lo vivido en su juventud su gestión se basaría en el bienestar general del policía. Pero no fue así. Nos desilusionamos cuando vimos sus primeras acciones, marcadas de revancha, atacando a los más débiles, dando golpes bajos, usando un poder transitorio sin animarse a luchar contra sus verdaderos enemigos ideológicos. No le importó nada el trabajo hecho por el personal; su ceguera, caprichos y odio pretendían hacernos sentir inútiles e incultos. Su obsecuencia desperdició a hombres y mujeres que hubieran aportado, y mucho, a su gestión. Se encerró en su ego, que lo terminó de aislar en un verdadero fracaso. A pesar de todo lo recibido y de tener más de una oportunidad, no supo transmitirlo a sus subalternos, no logró que lo viéramos como un líder o como un referente a seguir. Su capacidad no le sirvió ni le alcanzó para demostrar a la institución ni a “nosotros” su apego a la fuerza ni su condición de hombre policía: nos sentimos desprotegidos, desatendidos, no ensayó defensa alguna y no quiso escuchar ni mucho menos dar explicaciones. No voy a explayarme sobre la ética y la moralina que pregonó, porque en estos días aún me sigo enterando de cosas (que serán motivo de otras conversaciones aunque, pensándolo bien, la verdad, ni deseo mantenerlas, no vale la pena). Siga tranquilo, porque el que escribe tiene códigos de hombre. Pero, como ni siquiera se despidió de nosotros, yo al menos sí quiero despedirme de usted: mi general, hasta nunca más. Le deseo suerte en su nueva función, ya que creo que para buscar el beneficio personal es para lo que se preparó. Rubén Esteban Calvo DNI 18.545.792 Viedma

Rubén Esteban Calvo DNI 18.545.792 Viedma


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