Cepal

09 nov 2018 - 00:00

Déjenme robarles un beso que me llegue al alma. En 1988 yo estudiaba en la Facultad de Ingeniería de Producción de la Universidad Federal de Río de Janeiro una maestría en Desarrollo Humano a nivel regional, becado para estudiar un problema argentino. Los sueños volaban. Era la época de la Cepal, de Prebisch y el desarrollismo, con un estado concebido para impulsar el desarrollo, apoyando los más convenientes, según índices socioeconómicos insertos en metodologías de evaluación que reflejaban las prioridades del país y su pueblo. Algo más complejo y comprometido que divulgar índices de inflación, el precio del dólar o las tasas de interés. El poder del Estado desarrollando infraestructura y fuentes de producción con una estrategia de crecimiento del bienestar liderado por el sector privado. Un paquete de proyectos del Estado y la iniciativa privada con tasas de retorno de la inversión honesta y prudentemente calculadas, atractivos para capitales extranjeros. Se soñaba y se actuaba con el ideal de una Latinoamérica fraternalmente y colaborativamente unida. Un bloque sociocultural aliado en lo económico. La llegada del neoliberalismo abortó todo. Pero no pudo matar el sueño.

Alberto Félix Suertegaray

DNI 14.169.481

Roca

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