G.C., autor de una tragedia evitable
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
BUENOS AIRES
Nada lo justifica pero, a medida que transcurren las horas, todo comienza a entenderse. G. C., iniciales con las cuales la justicia preserva su intimidad, permanece recluido en un centro de minoridad de Santa Fe. Con apenas 15 años ya inauguró su “prontuario”. Desató en San Cristóbal una tragedia que tal vez, en su fuero íntimo, lo lleve a decirse: “misión cumplida”. Dijo “sorpresa”, casi solazándose cuando salió del baño de su colegio, y encaró hacia quienes, durante mucho tiempo, le hicieron “bullying”. Seguro de que recibirían el escarmiento que su espíritu introvertido, sumiso, nunca supo traducir en palabras.
Una foto, publicada en distintos medios, lo mostró con medio cuerpo volcado sobre su pupitre. Vencido, inerte. Desatendiendo la lección de un profesor como era su deber.
Cuando la ira se viste de bala y se canaliza a través de un fusil de doble caño, sustraído a un abuelo, como fue su caso, ya es tarde. G. C. dio señales, gritos que no se atendieron. Hoy, testigos sufridos, miembros de una ciudad en pleno, se han convertido en deudos. Lloran la injusta muerte de Ian Cabrera Núñez de 13 años.
Las comunidades educativas y las autoridades oficiales, en general, deberían ser permeables a las alarmas. Vencer la indiferencia y dejar de ver carteles con la leyenda “Cerrado por duelo”.
Alejandro De Muro
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