La felicidad y sus influjos
Alejandro De Muro
demuroalejandro4@gmail.com
DNI 5.081.245
Vivimos bajo permanente asedio. Somos blanco de consignas que apuntan a señalarnos el camino hacia la felicidad. A desmerecer el propio y a considerar al ofrecido, virtualmente, como el único e ineludible.
Gobiernos, medios de comunicación e intereses financieros poderosos, intentan socavar nuestras inclinaciones. Nos plantean dilemas, nos cuestionan y advierten arbitraria y presuntuosamente: “Por ahí, no”.
En esta prédica no faltan quienes se adjudican fórmulas esclarecidas y métodos infalibles. Cuando nuestras predilecciones no armonizan con ese catecismo, cuando se ven en presencia de fieles indomables, la respuesta abunda en descalificaciones.
En su catálogo arrogante no faltan preguntas a través de las cuales se asombran e, incluso, indignan: “Cómo no ambicionar la compra de un auto suntuoso, viajar en un crucero o vivir en un barrio habitado por celebridades”. Aunque todo eso implique hipotecarse o, peor aún, incurrir en prácticas deshonestas. En aras de un ficticio ascenso social o económico se justifican diciendo que el logro de un buen nombre puede esperar…
En lugar de permanecer sumisos, los díscolos reivindican sus preferencias. Los arrogantes, en tanto, las tildan de módicas y, por ende, descartables. No conciben que alguien pueda disfrutar de una lluvia de verano, que camine sin prisa y descubierto pese a su furiosa inclemencia; que un atardecer o una noche junto al mar reúna atractivos siempre nuevos.
Debemos aspirar a que la felicidad sea siempre nuestra meta. Sin interferencias que la condicionen o enturbien.
Alejandro De Muro
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