Chicago se fue y su gente armó una fiesta

Pudo ser un funeral, pero fue una fiesta. Siete mil feligreses despidieron a Nueva Chicago, que perdió anoche ante Independiente 2 a 1 en su último partido en Primera. Su gente pobló la tribuna visitante con la intención de desatar un fiesta popular. Y lo logró, más allá del resultado.

En el inicio, el local fue algo más, acaso empujado por la orgullosa idea de finalizar un pobre campeonato con la cabeza en alto. Pastoriza alineó un equipo plagado de juveniles y estos jugaron con la frescura y la nerviosa actitud de los iniciados. Uno de ellos, Abraham, fue el que abrió el marcador a los cinco minutos de juego.

Desde entonces, el partido alternó su ritmo, con picos y valles en su desarrollos. Independiente fue justificando la diferencia con el buen trabajo de su mediocampo, en especial el siempre infatigable Giménez y el criterioso Losada.

Cuando la noche se enfriaba, dos goles calentaron el ambiente. El empate de Carranza y el zurdazo esquivado de Carboni cinco minutos más tarde. El 2 a 1 final fue anecdótico, casi como el partido.


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