Chos Malal, Mar del Plata y Neuquén

Apenas se fue el ministro, descarriló un tren. Casimiro Gómez, desde su veraneo de mar, donó el primer lote para una comisaría. La primitiva frente al río era de palo a pique.



El domingo 3 de abril de 1904, cuarenta y ocho horas después de la breve permanencia del ministro del Interior Joaquín V. González en la estación Neuquén y sus alrededores -para avizorar su futuro y predisponer planes a fin de instalar allí la capital neuquina-, se produjo el primer descarrilamiento de la no menos breve historia ferroviaria de la Confluencia.

Según lo consigna La Prensa del lunes 4, “a las 8 de la mañana a la altura del kilómetro 1206, descarriló el tren de pasajeros que iba en dirección a Neuquén, en cuya circunstancias una vaca que merodeaba por las cercanías entre los montes al lado de la vía, al sentir el tren corrió hacia los rieles. El animal fue llevado por delante por la máquina y descarriló el tanque y un vagón, sin que el accidente causara desgracias personales” (la vaca, claro, pasó a mejor vida).

 

Todo sobre rieles

 

Se necesitaron tres horas de maniobras espasmódicas de la locomotora para que el tren, finalmente, recorriera el corto trecho que le restaba para rechinar su frenada en la estación terminal. Allí terminada la única comodidad del progreso y comenzaba el desierto.

Para las distancias agigantadas por los impedimentos de los restantes medios de transporte que se echaban a andar por tortuosos y rudimentarios caminos, los cambios que se operaron en la región a partir de la designación del gobernador Carlos Bouquet Roldán, deben considerarse vertiginosos. Especialmente si se piensa que hasta aquella visita fugaz del ministro del Interior, contemporánea casi con el topetazo de la vaca asustada contra la locomotora, sólo habían pasado poco más de ocho meses desde el lunes 24 de agosto de 1903, oportunidad en que el nuevo gobernador a punto de asumir, su secretario Eduardo Talero y el comisario José Belindo López, habían partido hacia la dura travesía que demandaba llegar a Chos Malal, la vieja capital.

Ya en ese viaje, novedoso para el encumbrado político cordobés, debe haberlo persuadido de la necesidad de cambiar la sede capitalina hasta la arteria comunicante con el progreso.

Si se repasa que asumió el 1° de setiembre, basta analizar que sólo transcurrió un mes en el ejercicio del cargo hasta el jueves 1° de octubre cuando un diluvio se precipitó sobre Chos Malal (según El País) y Bouquet Roldán preparó las valijas.

Apenas esperó que escampara para volverse a Buenos Aires: el sábado inmediato marchó a la punta de riele perfilando su plan, 6 días de cruce después, trepó al tren y comenzó poco después a desplegar su estrategia persuasiva en el epicentro del poder.

 

Del tablón de la Rambla

 

En Buenos Aires había que informarse y semblantear a los distintos ministerios, sobretodo en Agricultura, donde se tramitaba el papeleo que seguía a los periódicos remates de tierras fiscales, se determinaban todavía las ubicaciones de las tierras por viejos premios militares y se aprobaban o no las mensuras de estancias patagónicas de extensión inacabable. Era como proyectar una nueva ciudad desde una lejana burocracia presumida y desdeñosa.

Por suerte, ya entonces se produjo el contacto con Casimiro Gómez, el principal propietario de los terrenos que flanqueaban a la estación Neuquén.

Cuatro meses después, cuando ya hacía 16 años que se viajaba en tren nocturno con camarote a Mar del Plata, Casimiro Gómez -usuario de ese servicio- se paseaba por la rambla de madera, la 2da. de las 5 que existieron y que destruyó el incendió del verano siguiente. Era su habitual y aristocrático veraneo donde, curiosamente, uno de los balnearios se llamaba La Sirena, como la futura quinta de Bouquet Roldán en Neuquén en tiempos de sociego y de poeta.

Fue a mediados de aquel febrero que don Casimiro recibió un telegrama desde Chos Malal. El gobernador pedía le cediera un terreno próximo a la estación Neuquén para edificar una sólida comisaría y reemplazar la miserable “de palo y barro que no costó nada” como la describió Gabriel Carrasco, el enviado del gobierno nacional arribado al lugar el domingo 5 de enero de 1902 a las 10 de la mañana.

La primera comisaría estaba frente al río Neuquén cerca del flamante puente ferroviario y próxima a la fonda y albergue de Celestino Dall Anna. Según Carrasco, en su “Buenos Aires al Neuquén” -1902- impreso en la Penitenciaría Nacional y que dedicó al ministro J. V. González-, la llamada comisaría permanecía casi sin muebles, las armas en un estante y comandada por el comisario Doroteo Plot y Lorea.

Si los planes de traslado de la capital avanzaban, la comisaría debía ser de buena mampostería y cercana a la estación. El jueves 18 de febrero de 1904 el poderoso industrial del cuero (Gómez) dejó la rambla entablonada frente al oleaje y se hizo llevar hasta la estafeta y telégrafo marplatense. Allí le despachó

a Bouquet Roldán en Chos Malal el siguiente texto: “Recibí telegrama, cederé a esa Gobernación un lote de terreno para edificar de material el edificio para comisaría local en Villa Limay. Varela y Linares harán entrega del lote…Saluda, Casimiro Gómez” (transcripto al expediente 1648 – M° del Interior- A.G.N.). Dos días después, Gómez -y familia- retornó a Buenos Aires y el domingo 21 despachó al gobernador otro telegrama aclaratorio: “Puede Ud. elegir solar de 25 por 50 en manzana número dos de Villa Limay, pudiendo tomar posesión del mismo de acuerdo con mis encargados Varela y Linares y Cía de la misma localidad. La escrituración del terreno a favor de ese Gobierno -continuaba el telegrama- será hecha en primera oportunidad. Saluda a Ud. Atte. Casimiro Gómez”.

El mismo domingo 18 de febrero en Chos Malal el gobernador acababa de telegrafiarle al ministro González la propuesta de nombrar comisario a Carlos Alvarez Gómez (interino y antes meritorio de Junín de los Andes, ya desde los tiempos del múltiple crimen de Caleufú) por renuncia del comisario Emilio Parody. Esa misma tarde dominical, el vicepresidente de la República firmó la designación. Las decisiones urgían.

 

El silencio de Joaquín

 

Pocas semanas después, ante la noticia del viaje que Joaquín V. González haría a Roca y Neuquén, la ubicación de la nueva comisaría, el presupuesto del edificio y muchos más importante temas, seguramente se plantearían en un encuentro en la estación Neuquén. Pero se sabe, el viaje del ministro se decidió súbitamente y un telegrama de Bouquet Roldán para coordinar el encuentro no dio con el destinatario. Sin desalojar algún fastidio, le despachó otro, esta vez a la terminal ferroviaria, en la tardes del 1° de abril: “A pesar del silencio de V.E. a mi telegrama anterior, recibo aviso de su llegada a ésa y desearía saber cuánto tiempo permanecerá allí. De todos modos creo que su viaje resolverá lo ya hablado con V.E. Saludo muy afectuosamente, Carlos Bouquet Roldán, gobernador”. El ministro respondió sin mencionar lo que por entonces no se quería proclamar, y le encargó “expresar mi invariable cariño a mi amigo Talero…”. Pero en adelante ya no habría más secretos. Los telegramas se cruzarán aludiendo a la nueva capital.

Bouquet Roldán entonces se abocó a resolver y actualizar el despacho gubernamental, afianzar su plan capitalino, hacer un viaje interior, para resolver temas viales y llegar a Buenos Aires para pelear el traslado.

El 11 de abril despachó una nota al ministro González con un resumen sobre la donación del lote para la comisaría, glosó los telegramas y pidió se autorice “la suma que debe invertirse en dicha construcción…”

Seguramente porque el traslado estaba decidido y la futura ciudad necesitaba de una donación mayor, además de un plano y la elección de las sedes gubernamentales, es que el expediente de la donación para la comisaría zozobró en la marejada y los “peros” de la Contaduría General de la Nación: el expediente se archivó el 8 de junio de ese año.

• Tierra negada a Mangiarotti. Más conocido por don José, (firmaba José M. Mangiarotti), este comerciante peninsular resultó un pintoresco pionero instalado cerca de la estación Neuquén antes de la fundación de la capital. En el logotipo de su lujosa papelería se leía “Restaurant y Posada Italiana – José Mangiarotti – Comodidad para familias y pasageros” (sic) y en donde se hospedaron personajes legendarios.

El expediente (8828) que inició el 1° de setiembre de 1905 en la Dirección de Tierras y Colonias para obtener la quinta 46 y lotes C y D del trazado de la nueva capital, no tuvo aprobación, negativa finalmente datada el 9 de noviembre siguiente.

• Propiedad de Emilio Rodríguez Iturbide. Este personaje de importantes funciones en los gobiernos de Bouquet Roldán y de Eduardo Elordi, solicitó y obtuvo el lote I de la manzana 64 de la capital, según el título provisorio N° 57. Era de 900 metros cuadrados, a 10 pesos. Inspeccionado el lote a principios de agosto de 1906, se halló una casa de 3 habitaciones de adobe revocadas, techadas con fierro cuadrado, pozo calzado, todo el solar cercado. Rápidamente -el 12 de noviembre- J. Figueroa Alcorta decretó el otorgamiento del título definitivo.

• José Rodríguez Spuch. El famoso acusado por Abel Chaneton por su responsabilidad en la matanza de Zainuco, pero 10 años antes de la famosa fuga de presidiarios que desató el caos pueblerino, pidió un lote para edificar su casa. Lo hizo el 16 de agosto de 1906 para establecerse en el lote E de la manzana 75, la más codiciada de entonces.

El solar tenía 1000 metros cuadrados y costó 10 pesos. Tuvo una casa sólida: 5 habitaciones, cuarto de baño y cocina, todo el solar cercado y pozo calzado.

El presidente José Figueroa Alcorta decretó se extendiera la escritura definitiva, el 24 de setiembre de 1907.

(Continuará)

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