¡Chupacabras, volvé!

Por la luz que me alumbra

Por Redacción

En Inglaterra mantuvieron el mito del monstruo de Loch Ness durante décadas y generación tras generación temblaron de miedo ante cientos de tenebrosos relatos. En el Himalaya están chochos con el Yeti y en Estados Unidos hacen ingentes esfuerzos por superarlo con Pie Grande y Roswell. En Transylvania le deben a Drácula el superávit municipal.

Nosotros ya estábamos casi convencidos de que teníamos al Chupacabras como monstruo nacional, ya comenzábamos a mirar sobre el hombro cuando cruzábamos la plaza del barrio, entrábamos al perro a la noche y acariciábamos la posibilidad de que hubiera algo peor que el dólar y el riesgo país. Tan castigados estábamos por el miedo real que teníamos el sano y humano derecho a sufrir un poco con el cándido miedo mitológico.

Para colmo estaban de moda los mitos urbanos que habíamos entrado como por un tubo al capítulo mítico de la «new age» con un re-moderno mito agrario. Que por supuesto no hay que confundir con antiguas leyendillas campestres como el «Hombre sin cabeza», totalmente superado por su reverso «El Cabezón», criatura contemporánea que no hace más que asustarnos, y por los encendedores descartables que hicieron desaparecer los fósforos del campo y por ende la «luz mala».

Estábamos reilusionados con el Chupacabras, que hacía de las suyas sin dejar rastros ni poder descubrirlo. Era un misterio, un bendito misterio que hacía que la solución no estuviera en nuestras manos y no nos hiciera sentir responsables.

Todo estaba bárbaro, las víctimas eran unas pocas vacas. Los campesinos se veían revitalizados por torrentes de adrenalina habiendo recobrado sus instintos de cazadores. Los diarios podíamos contar otra cosa bastante diferente de lo agobiante de lo cotidiano y los lectores se enfrascaban en entretenidas charlas de café.

¡El Chupacabras llegó a Choele!, habría voceado un pillo canillita años atrás.

No hay lola…, como los ovnis tuvieron su Libro Azul y Roswel el Informe Grudge, el flamante Chupacabras tuvo su Informe Senasa.

El mito del monstruo de Loch Ness que duró años fue una «grandiosa» mentira, los círculos de maíz fueron una «espectacular» patraña creada por dos granjeros, pero este Chupacabras nuestro fue solamente un pequeño ratón. ¡Qué poco estilo para pinchar leyendas!

-¿A vos te parece que será un ratón?, me preguntaba receloso el taxista. «Yo al gobierno ya no le creo nada», generalizaba el trabajador del volante.

-¡No puede ser un ratón!, confesaba con desilusión la vendedora que por un momento sintió el miedo dulce de una doncella medieval atacada por grifos, arpías y gorgonas.

La cuestión es que, para colmo, los hocicudos se dieron el lujo de cambiar el hábito de comer lombrices por tripa gorda, mientras nosotros no tenemos otra que cambiar las mollejitas por polenta. Pero bueno, qué vamos a hacer, para sentir nuestra cuota de miedo y asustarnos con criaturas malignas tendremos que volver a la realidad de los noticieros.

Horacio Licera

hlicera@rionegro.com.ar