Cipo, el adiós y lo que viene ¿con los mismos intérpretes?

En medio de las bajas, el plantel y el cuerpo técnico dieron la talla para seguir.



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Federal A

Matías Subat

Ganó, pero se fue de la cancha bajoneado. El descuento de Aconquija fue clave.

El gol de Toledo para Unión Aconquija en el minuto 47 del segundo tiempo fue el principio del fin de la temporada para Cipolletti. Aquel descuento en La Visera que cerró el partido 2-1 terminó siendo decisivo en la revancha que Cipolletti perdió 2-0 y lo dejó fuera de carrera por el segundo ascenso. Si el 2-0 lucía corto por lo hecho sobre todo en el primer tiempo, el 2-1 dejó una rara sensación que se materializó en la revancha del lunes en Andalgalá: Cipolletti aguantó un tiempo y dos minutos más hasta que el 1-0 del local acabó con la resistencia albinegra. El 2-0 del fin al con roja a Valentín Perales incluida fue anecdótico. Cipo había comenzado a despedirse en su propia cancha.

Con la frustración a cuestas por otro ascenso postergado, Cipolletti vuelve a replantearse su futuro. Si el ascenso a la B Nacional es una ilusión, ¿lo fue también un objetivo? ¿Puede ser ascenso la vara que mida el trabajo de esta temporada? Creemos que no, que una cosa es la ilusión, el sueño, el deseo y hasta la ambición de querer cambiar de categoría y otra muy distinta, la realidad de este proyecto.

Antes que nada, no hay que olvidar que Cipolletti venía de inmolarse en el Maiolino, cuando se desató la batalla campal el año pasado, que le costó su continuidad en aquel torneo corto y el posterior desmantelamiento de aquel plantel. Este año, Cipolletti empezó de cero, con plantel y cuerpo técnico renovados. Contrató jugadores con experiencia y promovió a un grupo de juveniles que tuvieron más protagonismo del imaginado en un primer momento. Pero en la larguísima campaña de 37 partidos a Cipolletti le pasó de todo: las lesiones que desmantelaron el plantel, las rojas que desarmaron el equipo y los bajos rendimientos en momentos decisivos. Aún así, hizo la mejor campaña de los últimos cinco años. Cipolletti no llegaba tan lejos desde el 2010, cuando alcanzó las semifinales que perdió con Patronato. Desde entonces, sólo jugó reválidas.

La suma de postergaciones llevó a Cipolletti a competir contra su propia historia y, cuando eso pasa, el presente siempre lleva a las de perder. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de la historia de Cipolletti? Las páginas de gloria fueron escritas en los viejos Nacionales, pero hace 30 años que esos torneos dejaron de jugarse.

De los 11 torneos de la B nacional que diputó, sólo fue protagonista en dos: 87-88 y 97-98. Descendió en 2001 y no volvió más. Incluso cayó al Argentino B en 2006. La rica historia albinegra en realidad se remonta a su fundación, en 1926, pero el tiempo de Cipolletti es hoy, un presente que indica que llegó hasta los cuartos de final con un plantel al que le tomó tiempo conocerse y que cuando supo hacia donde iba su fútbol, quedó eliminado. Por eso, la derrota reciente en Catamarca es un punto seguido antes que final. Es la continuidad de un trabajo que, ahora sí, está en condiciones de transformar el ascenso de ilusión a objetivo.

El futuro asoma interesante con un grupo de jugadores que, salvo pocas excepciones (quizás Martín Abraham), dio la talla, un cuerpo técnico que superó las urgencias de un contexto exigente y condujo al equipo hasta los bordes de la definición y con un grupo de futbolistas juveniles que atravesó las dificultades de una larguísima temporada y estuvo a la altura cuando se requirió de ellos. ¿Vale la pena deshacerlo por una eliminación que entristece? Una vez más, creemos que no. Los errores del entrenador, los jugadores y la propia dirigencia solo pueden ser corregidos si se mantienen los intérpretes. Disolver otro proyecto será mantener el ascenso como ilusión y lo que necesita Cipolletti es que de una vez se transforme en un objetivo de este tiempo. (J.M)


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