Ciudad sitiada

Redacción

Por Redacción

Con una fuerte presencia militar en Lhasa, China intenta intimidar a la población tibetana y poner orden en la capital tras los fuertes disturbios de la última semana. Las tropas paramilitares patrullan todas las calles y cruces de la ciudad. «Es un avance impresionante», comentó el periodista Georg Blume, uno de los únicos tres corresponsales extranjeros que aún se encuentran en Lhasa. La presión por parte de las autoridades de extranjería aumenta, pero hasta el momento han optado por no deportar a los enviados foráneos. Blume afirmó que las fuerzas de seguridad llevan ostentosamente metralletas o fusiles con bayoneta y que en los techos han apostado artillería. Cuatro días después de los sangrientos tumultos, la capital tibetana se mantiene en una tensa calma.


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