Panorama de río negro

Aporte devaluador a Weretilneck

02 sep 2018 - 00:00

Agosto finalizó con un tembladeral. Habrá que ver cómo alumbra septiembre. Así, hay causas para detener cualquier apunte electoral.

La devaluación equilibró las cuentas públicas, que Weretilneck nunca intentó hacer, a pesar de sus reiteradas e incumplidas medidas. La política no lo hizo, y el ajuste llegó –drásticamente– con trazos de la economía, que demuelen el poder adquisitivo de los asalariados.

En el Estado rionegrino, el histórico corsé de la partida Personal se licuó ya a julio y se acentuará con la depreciación del peso de agosto. En cambio, los ingresos se sostienen con los impuestos, empujados por la suba inflacionaria de los precios. Otra mejora –más genuina– responde a las regalías petroleras, ligadas al dólar.

Además, las provincias –entre ellas Río Negro– descuentan lograr de Nación que desaparezca la obligación de bajar sus impuestos (Ingresos Brutos), acordado en el pacto del año pasado. Ese cometido tenía un alto costo para la administración rionegrina.

La profundización de la recesión traerá una baja de la colecta tributaria, pero Economía provincial piensa revertirla con los beneficios posdevaluación del turismo, la producción petrolífera y la fruticultura. Esta gracia se atenuará si mañana se confirma que las retenciones vuelven también a las economías regionales.

En contrapartida, el gasto personal quedó realmente relegado, partiendo de que el acuerdo de marzo con los gremios del 15% fue superado ampliamente por la inflación. Al completarse, en septiembre, la inflación superará el 25%, según análisis privados.

Un dato de la licuación. El desembolso de enero/julio por los salarios en Río Negro representó el 61,4% de los “ingresos corrientes” cuando un año antes llegó al 71,4% y el 75,3% en el 2016. Una disminución de la incidencia salarial es bien saludable, pues posibilita otras atenciones del Estado, pero un desplome devaluatorio es traumático y anárquico. Ahora llegará el urgente y desordenado intento de “corrección” de los haberes. El gobierno negocia sumas fijas para el último trimestre. Weretilneck aceleró entendimientos con ATE y Unter, con una escala, que se iniciará –como Nación– en 2.000 pesos en octubre. El acuerdo se cerraría en reuniones programadas para el próximo lunes 10.

Entre marchas gremiales multitudinarias, Economía arenga dificultades que hoy no están. Este cuadro financiero incluso redujo la necesidad de un alto financiamiento para cerrar el año. La deuda sí se transformó en un alto riesgo para Río Negro por su parte en dólares. Economía preveía un pasivo de 21.000 millones para fin del 2018 y, con la flamante cotización, ese monto superará los 28.000 millones. Entre ellos, los bonos del Plan Castello, con un actual registro cercano a los 12.000 millones, que no preocupa a Weretilneck porque esos títulos vencerán a partir del 2023, en tres años. Antes, sus intereses requerirán de unos 150 millones de dólares (hoy unos 7.700 millones).

En este bullicio, la política se silencia y suena hasta atractiva la reunión que “no fue” de los intendentes de Juntos. El encuentro fue virtual, el documento se acordó por teléfono y sólo cinco jefes llegaron a Río Colorado. Sus críticas al gobierno de Macri los alejó de la cuidada pose de Weretilneck, sorprendido por el tono. Algo sabía por el barilochense Gustavo Gennuso.

Lo molestó más que esa postura convalidó la oposición de Pedro Pesatti. Ese resquicio fue usado por Matías Rulli, quien –como miembro– reclamó una censura antimacrista de la mesa provincial, que lidera el gobernador. ¿Una embestida aislada? No. El ex secretario general no intentaría ese arrinconamiento sin anoticiarlo al vice.

Existe una guerra fría. Pesatti detecta diariamente el vacío al que se lo expone. Esta semana lo volvió a evidenciar cuando no fue invitado del nuevo edificio del Ipross. Su enfado bien se lo hizo conocer al presidente de la obra social, Claudio Di Tella. Un vaho de desconfianza –claro, no financiera– que se expande.

La depreciación salarial hizo el ajuste y liberó al gobernador Weretilneck de un arriesgado desequilibrio de las cuentas públicas de la provincia.
El riesgo se concentra en la deuda, especialmente en los bonos del Plan Castello en dólares, pero vencen desde el 2023. Los intereses representan 150 millones de dólares.

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