Aprovechamiento de una extensa zona de riego

31 dic 2012 - 00:00

En la capital de Río Negro se discute la asignación presupuestaria que le corresponde al Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (Idevi) para su funcionamiento durante el 2013. Pero el gobierno y el Parlamento provincial soslayan la continuidad y conclusión del proyecto de riego más importante de América Latina iniciado en 1951 y detenido en 1978 por un gobierno militar. Es preciso recordar que el pasado 1 de noviembre se cumplieron 61 años de la iniciación de los trabajos del proyecto de colonización del Valle Inferior. Río Negro era todavía Territorio Nacional cuando el primer gobierno constitucional de Juan Domingo Perón incorporó en 1946 al presupuesto nacional 50 millones de pesos para irrigar una superficie estimada de 48.000 hectáreas en las inmediaciones de Viedma. Con el derrocamiento de Perón el 16 de septiembre de 1955 las obras quedaron paralizadas hasta el 1º de mayo de 1958, fecha de asunción del primer gobernador provincial, Edgardo Castello. El mandatario radical encargó la reformulación del proyecto. La empresa Italconsult determinó que la superficie a regar podría elevarse a 73.525 hectáreas. En 1959 el gobierno provincial firmó con el Consejo Agrario Nacional un convenio de asistencia técnica. En esa oportunidad se estableció que el proyecto se ejecutaría en ocho etapas de seis años de duración cada una. Pero se indicó que, con una variante, el plan podría ser cumplido íntegramente en un lapso total de trece años. De acuerdo a ese cronograma, la sistematización de las tierras, la instalación de industrias, la construcción de viviendas y caminos y el surgimiento de nuevos centros urbanos tendrían que haber sido inaugurados en 1972. En 1961 el gobierno creó por ley 200 el Idevi, solicitó colaboración a la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y gestionó un crédito internacional de 5.528.000 dólares ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para ejecutar la primera etapa de 8.700 hectáreas. Posteriormente, todos los gobernadores militares y civiles que ejercieron el Poder Ejecutivo de Río Negro entre 1963 y 1977 continuaron los trabajos del proyecto. En 1978 el contralmirante Julio Alberto Acuña paralizó las obras cuando se ejecutaba la tercera etapa del programa y faltaba sistematizar 55.000 hectáreas. Hace 34 años que el proyecto de regadío del Valle Inferior del río Negro está paralizado. Ningún gobierno constitucional a partir de 1983 se interesó por la reactivación y culminación del emprendimiento. Tampoco los partidos políticos que existen en Río Negro ni sus candidatos a gobernadores presentaron en sus propuestas la iniciativa reivindicatoria de irrigar un área de 73.000 hectáreas en la histórica capital de la Patagonia. En la década del 60, cuanto se construyó la presa Chocón-Cerros Colorados, el entonces senador nacional José María Guido anunció que el “estudio para el desarrollo integral de la Región Comahue determinaba que desde el Valle Superior del río Negro hasta Patagones las superficies aptas para riego se evaluaban en 1.319.600 hectáreas”. Se estimaba que la provincia de Río Negro tendría una extensión de tierras irrigadas de 650.000 hectáreas en el 2000. Son regulares en la zona largas etapas de sequía. La última fue devastadora para la agricultura y la ganadería. Sin embargo nadie habla concretamente sobre la expansión del riego en la provincia de Río Negro. Por su parte la Secretaría de Planificación de Río Negro provincial informa oficialmente que existe una superficie regable de 900.000 hectáreas. De las cuales reciben ese tratamiento solamente 125.000 hectáreas. Apenas un 13,3% de ese total. Por eso cobra relevancia la culminación de las obras del Idevi, que conjuntamente con la construcción del postergado proyecto de regadío Guardia Mitre-Patagones posibilitarían la habilitación de 500.000 hectáreas de fértiles campos bajo riego. En el 2006 se cumplió un siglo de la firma del contrato por el que la provincia de Buenos Aires encomendó al ingeniero Carlos Wauters la confección de un proyecto destinado al riego de 400.000 hectáreas utilizando una depresión ubicada entre esas localidades. Era un plan integral de desarrollo que incluía comunicaciones fluviales, generación de energía para toda la región, propuestas sobre el destino de las tierras fiscales y una proyección productiva para el área a regar. Estos postergados proyectos son calificados como “faraónicos” por su costo por los funcionarios de turno. Nadie niega el alto valor de estos emprendimientos pero sería bueno que los funcionarios tuvieran presente que la explotación del yacimiento petrolero de Vaca Muerta y la ejecución de Chihuido I y II en Neuquén, al igual que las represas “Néstor Kirchner” y “Jorge Cepernic” en Santa Cruz, entre otras, son también obras multimillonarias en su ejecución incorporadas en la agenda del gobierno central por su profunda gravitación en el desarrollo nacional. Es preciso recordar que el 22 de abril pasado, en el acto conmemorativo del 233 aniversario de la fundación de Viedma, el gobernador de Río Negro Alberto Weretilneck anunció la decisión política de su gobierno de convertir a la histórica capital de la Patagonia en un centro productivo regional y nacional. En esa oportunidad anunció una estrategia de expansión del riego en el Valle Inferior para la conformación de un modelo agroindustrial con valor agregado y generación de empleo genuino. Hacía más de treinta años que un gobernador no hablaba de postergados proyectos de desarrollo y crecimiento para modificar la matriz laboral de Viedma, que depende exclusivamente del Estado provincial como proveedor de trabajo. El nuevo mandatario calificó “como un desafío” la cristalización de esos añejos objetivos. Pero indudablemente el verdadero “desafío” es poner punto final a los conflictos políticos internos que padece el gobierno y encarar una acción conjunta de desarrollo nacional ante el gobierno central. Alberto Weretilneck y el senador nacional Miguel Ángel Pichetto deben armonizar posiciones y unirse para recuperar los viejos proyectos de riego. Es posible aumentar las áreas de tierras fértiles irrigadas en un plan gradual a largo plazo con financiación nacional o internacional. En el bajo valle seguimos hablando de estos emprendimientos transformadores. Los años desnudan nuestra incapacidad o imposibilidad como comunidad, como provincia y como nación para cristalizar un anhelo colectivo de tantas generaciones. En un mundo industrializado, las grandes zonas de regadío tienen la posibilidad de sacarle a la tierra la alimentación necesaria para un planeta en plena expansión demográfica. (*) Periodista. Viedma

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