El peronismo y Río Negro

06 ene 2012 - 00:00

El peronismo vivió y padeció en la provincia de Río Negro etapas de marginación y frustración. Ahora, la inesperada y trágica muerte del gobernador Carlos Soria agrega a ese cuadro de situación el quiebre colectivo de un largo y tortuoso sueño de realizaciones y esperanzas. Es preciso recordar que en 1955 el gobierno de Juan Domingo Perón decidió provincializar los antiguos territorios nacionales. Pero el golpe de Estado cívico-militar que en septiembre de ese año quebró el orden institucional y provocó el destierro de Perón, impuso por ley la proscripción del Movimiento Nacional Justicialista. Por esta circunstancia, y como una lamentable paradoja del destino como partido político, no pudo intervenir en la Convención Constituyente convocada en 1957 para elaborar la primera Constitución provincial de Río Negro. Tampoco pudo nominar sus candidatos ni participar en las elecciones programadas en 1958 para elegir el primer gobernador provincial, legisladores e intendentes. En esa confrontación parcializada se impuso el radical Edgardo Castello. Pero el irracional castigo proscriptivo se extendió en el tiempo y, ante una nueva convocatoria llevada a cabo en 1963, el peronismo no pudo participar para designar un nuevo gobernador provincial. Carlos Cristian Nielsen, dirigente radical, fue consagrado mandatario rionegrino. Un nuevo golpe de Estado comandado por el general Juan Carlos Onganía se adueñó del gobierno nacional, instaló una dictadura a partir de 1966 y puso fin a un sistema democrático inconstitucional. Recién en 1973, y por primera vez en la historia de Río Negro, se elaboró una convocatoria general respetando el texto de la Constitución provincial. Se ponía fin a 18 años de proscripción del Partido Justicialista. Con quince años de retraso, el peronismo pudo presentar en las elecciones sus propios candidatos. El 25 de mayo de 1973 el pueblo a través del voto popular consagró al dirigente justicialista Mario José Franco como primer gobernador constitucional de Río Negro. Pero como otra jugarreta del destino, el peronismo apenas pudo gobernar dos años y diez meses. Un golpe cívico-militar concretado el 24 de marzo de 1976, liderado por el genocida Jorge Rafael Videla, quebró el orden institucional e inició la etapa más nefasta y triste de la historia argentina. Por la presión del pueblo, los militares se retiraron a los cuarteles y en 1983 se recuperó el sistema democrático en el país y en Río Negro. El dirigente radical Osvaldo Álvarez Guerrero inauguró el ciclo constitucional asumiendo como gobernador de Río Negro el 10 de diciembre de ese año. La Unión Cívica Radical se consolidó en el poder y la ciudadanía provincial apoyó su gestión votando a sus candidatos: Horacio Massaccesi, durante dos períodos; Pablo Verani y Miguel Saiz también fueron reelegidos para dos mandatos, completando 28 años de ininterrumpida gestión. Los candidatos justicialistas Mario José Franco, Víctor Sodero Nievas, Remo Costanzo en tres oportunidades; Carlos Soria y Miguel Pichetto no llegaron con sus propuestas a quebrar la indestructible hegemonía radical fortalecida por las luchas internas y las traiciones dentro del peronismo. Pero Carlos Soria luego de su derrota en el 2003 en las elecciones para gobernador de Río Negro se postuló para el cargo de intendente de General Roca, su ciudad de residencia. Contra todos los pronósticos Carlos Soria en soledad, sin respaldo partidario, con coraje cívico y propuesta, definió una hazaña política para el peronismo. Obtuvo un impactante triunfo electoral consagrándose intendente de General Roca. Y justamente desde esa función el justicialista fue vertebrando y acumulando un sólido prestigio como conductor, administrador y político. Atendiendo las necesidades de la comunidad ganó el reconocimiento de sus vecinos, que lo reeligieron para un nuevo mandato que culminó el 10 de diciembre pasado. En el 2011 lanzó su candidatura como gobernador de Río Negro por el justicialismo para el período 2011-2015. Recorrió la provincia. Levantó como banderas de su gestión la lucha contra la corrupción, la reforma administrativa, la generación de trabajo y el crecimiento de Río Negro. El 25 de septiembre del 2011, el pueblo de Río Negro respaldó con su voto a Carlos Soria y lo consagró como segundo gobernador justicialista en la historia provincial. El primero desde 1973. Ahora la noticia desgarrante e incomprensible nos confirma que Carlos Soria sólo pudo ejercer su función apenas 21 días. Alberto Weretilneck, dirigente del Frente Grande, por sucesión constitucional es el nuevo gobernador de Río Negro. Lamentablemente no será lo mismo. El sentimiento y la pasión por una causa política son difíciles de transferir. En 54 años de vida institucional, el peronismo padeció un largo camino de marginaciones políticas y frustraciones internas. Ahora con su carga siniestra se asocia la muerte a su patético historial. Los hechos y el destino muestran lo difícil que le resulta al justicialismo gobernar en Río Negro. (*) Periodista. Viedma

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