Economías regionales en emergencia

09 mar 2018 - 00:00

En nombre de la globalización estamos perdiendo nuestra identidad, esto significa renunciar a nuestros orígenes, nuestra cultura, nuestra tradición y costumbres, pero fundamentalmente estamos perdiendo nuestra independencia económica, política y social, este mundo globalizado nos va despojando lenta e inexorablemente de la protección del Estado para ser gobernados por los fríos y menos humanos intereses de las empresas multinacionales despojadas de moral y ética por lo que resultan ser siempre más egoístas y menos sensibles que los gobiernos tradicionales.

Si bien la globalización es un acontecimiento irreversible que no se puede soslayar ni evitar, sí es posible limitarlo en su incontrolable ambición. ¿Qué debemos hacer para amortiguar esta realidad? Defender nuestras libertades individuales, ampararnos en la razón y la justicia, que en definitiva son los principios por los que el hombre y la humanidad luchan desde sus orígenes.

Hoy todas las teorías económicas están siendo dejadas de lado en favor de la infalibilidad de los mercados, pero la realidad es que éstos no actúan en razón del libre juego de sus actores, sino muy por el contrario están sujetos a mandatarios cuyos dirigentes son los grandes grupos económicos cuya identidad desconocemos, sin nacionalidad cierta; pero sí conocemos y padecemos la realidad de sus acciones, cuyas consecuencias están a la vista.

Luego de estas limitadas disquisiciones un poco teóricas, que quizás parezcan utópicas pero ciertas, quiero descender a un terreno más práctico y pragmático: la realidad que día a día nos toca vivir y padecer.

Hoy pareciera que el mercado en la actual conducción económica dominara el escenario, dejando de lado las realidades sociales. Esta actitud en su manifestación más real y gráfica se puede observar en la angustiosa situación en que se encuentran casi todas nuestras economías regionales y con mayor contundencia en las pymes, el último eslabón en la cadena empresaria. Pero como contrapartida tanto las economías regionales como las pymes son las mayores dadoras de trabajo, las más sensibles socialmente y las que sí tienen y mantienen la identidad nacional.

Las grandes cadenas supermercadistas se encuentran abarrotadas de productos extranjeros que nosotros desde siempre producimos y exportamos exitosamente dado que siempre nos caracterizamos e identificamos por su calidad. Esta situación se revirtió: ahora importamos lo que nuestros productores deben tirar porque no tienen precios que cubran sus mínimos costos. Este despropósito es posible debido al atraso cambiario que no se quiere corregir, sumado a la aplicación de equivocadas interpretaciones de políticas de libre comercio. Como resultado final estamos dejando en el camino infinidad de trabajadores desocupados y destruyendo al empresario local.

Este aluvión de mercadería importada de países que subvencionan sus exportaciones como los europeos o países asiáticos, cuya mano de obra está sujeta a remuneraciones paupérrimas, nos está conduciendo a más pobreza.

Ante esta realidad los gobiernos provinciales al igual que las cámaras empresarias deben fijar su posición y exigir a las autoridades nacionales la negociación de un programa económico y social que atienda sus necesidades, ya que en definitiva sería y es dar fiel cumplimento a lo que manda la Constitución nacional: el ser un país federal.

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