El profesor de educación física frente a los desafíos actuales

12 sep 2018 - 00:00

La epidemia de obesidad y sedentarismo, la revolución tecnológica, las enfermedades adictivas y las nuevas configuraciones familiares han puesto en jaque al modelo de alumno o deportista a quien va dirigida la tarea de un profesor de educación física.

Tal crisis, paradójicamente, también puede deparar una grandísima oportunidad.

Si tenemos en cuenta que los profesores desarrollan sus tareas en establecimientos educativos públicos o privados, Estado municipal, provincial o nacional, centros de educación física, institutos de formación docente, organizaciones, asociaciones deportivas, colonias de vacaciones, clubes, gimnasios, natatorios, geriátricos, institutos médicos o de rehabilitación; vida en la naturaleza, turismo, personal trainer, es vasta la posibilidad de acceder a diferentes personas y grupos etarios.

Si bien el “homo sentado” o la nueva generación de cabezas gachas que vive pendiente del celular están desparramando quietud por doquier, tan indisimulable realidad debiera ser el aguijón para repensar el rol del profesor de educación física y buscar respuestas más creativas.

Hoy la tecnología avanza sobre distintas áreas del saber, corriendo a los docentes de su papel de sabedores hacia otro en el que prepondere la motivación y el consejo. Poco a poco se pretende que el alumno sea perseverante, tenga conductas éticas y sepa trabajar en equipo.

Estos últimos aspectos pueden ser llevados a cabo perfectamente desde la actividad física y el deporte, en propuestas donde los educandos sean gestores de la idea y partícipes de su ejecución.

Cesar Bona, considerado el mejor profesor español de la actualidad, ha propiciado talleres de flamenco y de teatro propiciados por los alumnos y con ello ha logrado fomentar la creatividad, el espíritu crítico y la empatía de los mismos.

¿Por qué no actuar del mismo modo con la actividad física y deportiva? ¿Por qué no generar proyectos que impliquen la organización o concurrencia a un evento cuya concreción implique un desarrollo en el tiempo (encuentro deportivo como anfitrión o visitante viaje mediante, coreografías, participación en corridas en que haya un objetivo a cumplir, práctica de actividades donde ambos sexos puedan jugar a la par)?

Cuando el alumno se siente protagonista y no espectador su actitud cambia sustancialmente. Si a su vez se lo trata con reglas claras y afecto, la ecuación difícilmente no cierre.

Por más que la tecnología a muchos haga pensar que estamos frente a una causa perdida, por fortuna una PC o un celular nunca podrá hacer ejercicios en lugar del ser humano como tampoco podrá hacer vibrar el corazón o dar un abrazo o un beso en señal de aprobación.

La actividad física y deportiva muchas veces tratada con desdén tiene una densidad educativa tal que es capaz de atravesar transversalmente cualquier otra asignatura y ser un recurso ideal para reflexionar sobre cuestiones sociales, filosóficas, matemáticas, literarias, biológicas, geográficas y hasta jurídicas.

Fuera del ámbito pedagógico, es también bienvenida por personas hartas del encierro, de la quietud, que quieren verse más saludables, liberar endorfinas y poder descansar mejor.

Pero aún así los índices de sedentarismo y obesidad son alarmantes. Argentina se encuentra entre los 20 países del mundo en que menos actividad física se hace. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud el sedentarismo alcanza en nuestro país, a un 45,3% de las mujeres y un 37,6% de los varones.

Estimular el movimiento exigirá de una mayor consistencia en la preparación y argumentación del docente. Hoy resulta primordial encontrar profesores que estén convencidos de las bondades de la actividad física y deportiva, y que a través de su pasión y conocimiento contagien a sus alumnos.

También que encarnen en su propia vida la praxis del movimiento. Es de una incoherencia sin par pregonar las bondades de la inquietud, desde una postura invariablemente estática.

Así se observan profesores sedentarios, cuya credibilidad es cuestionada por sus alumnos para quienes, desde hace tiempo, es más importante lo que se hace que lo que se dice.

Alguna vez el profesor Mariano Guiraldes nos interpeló a pensar ¿para qué hacemos actividad física o deporte? Luego de que el público arriesgara múltiples respuestas, él simplemente dijo: “Hago actividad física porque moviéndome me doy cuenta de que estoy vivo, moverme me acerca a la vida y estar quieto me acerca a la muerte”.

Gabriel García Márquez sostuvo por su parte que la cultura debería ser el aprovechamiento social de toda la experiencia humana. Pues bien, a los profesores y entrenadores les cabe una tarea por delante, mucho más profunda. Convivir y salir airosos de una realidad que los desafía como nunca, no sólo como operadores del movimiento, sino como pensadores de la cultura.

*Abogado, profesor nacional de Educación Física y docente universitario. angrimanmarcelo@ gmail.com

Argentina está entre los 20 países del mundo en que menos actividad física se hace. El modelo tradicional del “alumno deportista” es jaqueado por esta epidemia de sedentarismo.

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