Hemos descendido a los infiernos

21 ago 2018 - 00:00

El aluvión de hechos de corrupción que se vienen denunciando e investigando sin duda nos lleva a preguntarnos: ¿Comenzamos a destapar el gran basural que es el estado argentino? ¿Irán a la cárcel quienes nos vienen expoliando desde hace décadas? ¿Se llegará hasta el hueso? ¿Se recuperara parte del latrocinio que permitió rápidas e inmensas fortunas? ¿Esto ocurrirá en tiempo y forma? y finalmente ¿Cómo el ave Fénix lograremos resucitar de las cenizas?

Grandes son los peligros que amenazan tanto a las causas como a los jueces, fiscales y periodistas que conducen estas investigaciones de corrupción, porque los hombres y empresas involucrados, denunciados e investigados que se declaran arrepentidos permanecen en libertad tienen un poder de fuego ilimitado. En libertad este poder se multiplica: son muy inteligentes, preparados, hábiles, poderosos en relaciones y dinero, y un ultimo y común denominador: los iguala su carencia absoluta de escrúpulos. Estas particularidades pueden hacer naufragar los más nobles propósitos y nos indica que debemos permanecer en permanente alerta.

Pero cuidado, no limitemos la corrupción solamente a la obra pública, ya que es sólo uno de los tentáculos hoy visibles del virus infeccioso que corrompe al Estado. Otros como los laboratorios, las obras sociales, las empresas de medicina prepagas que tienen zona liberada con clientes cautivos y se mueven como pez en el agua, y no pasemos por alto como fueron y son los manejos en el Banco Central y las diferentes negociaciones y negocios financieros en los que participa el estado directa o colateralmente, que se concretaron y concretan tanto en el orden interno como en el externo. Quizás tengan alcances de mayor volumen dinerario que los que se denuncian e investiga la justicia sobre la contratación de la obra pública, si bien más limitando en cuanto al número de operadores en juego, pero de mayor poder económico.

La corrupción generalizada alcanza a casi todas las áreas y estamentos del Estado argentino: nacional, los provinciales y municipales en los tres poderes que lo conforman Ejecutivo, Judicial y Legislativo. Si a estos sumamos los sindicatos y sindicalistas, cámaras empresarias y empresarios, arribamos a la conclusión que se conformó la mayor organización delictiva que se conoce.

Esta conjunción del Estado con las organizaciones civiles para delinquir provocaron y provocan las sucesivas crisis que nos condujeron al empobrecimiento generalizado, a la conformación de grandes bolsones de pobreza, a la inflación sin control, al desmesurado endeudamiento interno y externo, a legiones de empresas quebradas a lo largo y ancho de todo el país, al abandono a su suerte de las economías regionales y las pymes, a la falta de educación, a la falta de seguridad, a la falta de salud, a la división de nuestra sociedad, al desanimo de toda la sociedad en su conjunto. En definitiva, a la tremenda y frustrante sensación del fracaso.

La crisis actual

La crisis económica nos está castigando con dureza, nada se hace para ordenar y coordinar las diferentes variables económicas que están descontroladas, porque se requiere de una reestructuración seria profunda y moderna de la administración del Estado, de una total reforma tributaria y laboral.

Esto no está en los planes del gobierno, en consecuencia mal podrá combatir la inflación, la pobreza y el descontrolado endeudamiento que se va acrecentado día a día. Es evidente que la errada política del gradualismo acrecienta estos males, con ceguera e indolencia estamos a las puertas de serios e incontrolables conflictos sociales de insospechados resultados..

El gobierno niega la crisis, sólo reconoce tormentas, niega que los escándalos derivados de los cuadernos de coimas K afecten la imagen del país ante los agentes económicos externos.

En el mientras tanto, el dólar continúa su carrera ascendente, las señales del gobierno son contrapuestas según sea el funcionario que las exprese.

El Jefe de Gabinete de Ministros con total candidez y suficiencia niega que esta situación provoque el significativo aumento en el riesgo país, lo atribuye a la incidencia de diversas variables externas.

Cierto es que no hay más ciego que el que no quiere ver, pero aún más ciego es el que quiere convencer a los demás que su ceguera no es tal sino muy por el contrario es el resultado de su capacidad de ver más allá, y finalmente como si esto fuera poco la ausencia de moral alcanzo a todos los niveles de nuestra dirigencia, mientras tanto nosotros los ciudadanos reitero con indolencia vivimos de espaldas a la realidad.

País al garete

El presidente debe asumir la responsabilidad que le compete y para la cual quiso ser electo y lo fue con el voto mayoritario de la ciudadanía, sin distinción de partidos hoy todos se lo estamos demandando. El país está al garete, la ausencia de un capitán en el puente de mando se hace evidente y ante cada golpe del vendaval esa ausencia profundiza la crisis. La incertidumbre domina el escenario, necesitamos de forma urgente y perentoria de la presencia y la conducción del capitán, que debe dirigirse al país y con total franqueza exponer cómo y cuándo afrontará la crisis, con su silencio solo logra agravarla. Hoy ante tanta oscuridad solo se vislumbra una pequeña luz esperanzadora en un selecto grupo de fiscales, jueces y periodistas que con trabajo, inteligencia y por sobre todas las cosas con valentía están tratando de que la verdad sobreviva ya que y solo con la verdad prevaleceremos.

¡Fracasamos! ¡Fracasamos! . Argentinos, llegamos al punto de inflexión, el país está en emergencia, reaccionemos. Esta insoslayable realidad debe movernos a levantarnos y ponernos de pie, a mantenernos unidos, a confiar la reconstrucción a los mejores y más honestos, a deponer intereses particulares o sectoriales, a desechar los núcleos duros que hoy confrontan pensando solo en las elecciones del año próximo sin advertir que no sabemos cómo vamos a llega a fin de año, asumamos con grandeza el desafió de recuperar el lugar que en otros tiempos supimos ocupar, debemos recuperar la autoestima, a pelear, en definitiva a trabajar en el sentido que con sabiduría nos indicara Ortega y Gasset: “¡Argentinos! ¡A las cosas, a las cosas!

* Presidente del IADER

Esta conjunción del Estado con las organizaciones civiles para delinquir provocaron y provocan las sucesivas crisis que nos condujeron al fracaso.

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