Japón desarmará su proteccionismo agrícola

29 abr 2013 - 00:00

Japón ha sido –desde la segunda posguerra mundial– uno de los países que más han protegido a sus agricultores. Lo hizo sobre todo a través de altos aranceles de importación. Pero la llegada al poder de Shinzo Abe está actuando a la manera de terremoto. Por una parte, para salir de un larga deflación Abe ha cambiado las autoridades del Banco Central, ahora presidido por Haruhiko Kuroda, y apunta, con ellas, a lograr una inflación del 2% anual a la que asigna características reactivadoras. Por otro lado, Abe ha comenzado a negociar acuerdos de libre comercio con otros países que obligarán previsiblemente a modificar la tradicional política –de corte proteccionista– de su país en materia de productos básicos del agro, el principal de los cuales es el arroz. Por esto unos 2,2 millones de agricultores japoneses están hoy en estado de alerta para tratar de influenciar en esos acuerdos, de modo de no pasar repentinamente de una situación de bonanza y tranquilidad a una en la que la quiebra se asome, de pronto, a la vuelta de la esquina. El primer escenario para estas conversaciones es el que tiene que ver con las negociaciones en curso para formar el Acuerdo Trans-Pacífico (el “Transpacific Partnership”), que incluirá a Estados Unidos y a otros diez países en lo que es un complejo esfuerzo conjunto por liberar sus intercambios comerciales. Hablamos del acuerdo comercial que nació en el 2006 de un convenio entonces firmado por Nueva Zelanda, Chile, Singapur y Brunei. Hoy contiene el 40% del PBI mundial, esto es, algo más que el PBI de la Unión Europea. Éste es un escenario que resulta muy atractivo para la industria japonesa pero ha desatado una pesadilla para su sector rural. Ocurre que el peso político relativo del sector rural japonés ha ido cayendo y hoy sus trabajadores representan apenas el 4% de la mano de obra empleada total del país y, además, con su labor apenas generan el 1% del PBI de Japón. Políticamente marginal, entonces. Los agricultores japoneses son hoy probablemente los más protegidos del mundo. Algo así como la mitad de sus ingresos se conforma con subsidios y precios sostén que establece el gobierno japonés en su favor. Esto es ciertamente bastante más que lo que reciben sus pares, los agricultores europeos (el 20% de sus ingresos proviene de subsidios) o norteamericanos (sólo reciben un 10% de sus ingresos en forma de subsidios). El arroz japonés tiene un derecho de importación del 778%. Pero la media de los derechos de importación de productos agrícolas es del 25% ad valórem. La media de los derechos de importación para los productos industriales es, en cambio, de sólo el 6,5%. Cabe aquí detenerse para comparar lo dicho con lo que lamentablemente sucede en nuestro país, donde nuestros agricultores están subsidiando –ellos– a la mayoría de los sectores económicos, particularmente a los empleados y funcionarios públicos, cuyo número ha crecido –exponencial y vertiginosamente– en casi todas las jurisdicciones a lo largo de los últimos ocho años. Para complicar aún más la situación de los agricultores japoneses, el 60% de la población de su país hoy dice apoyar abiertamente el cambio de dirección económica al que apunta Abe para tratar de sacar a Japón del estancamiento en que ha estado empantanado por décadas. La razón es bien clara: el pueblo japonés, como consecuencia de su proteccionismo agrícola, hoy paga por su alimentación algo así como un 75% más que el resto de los países desarrollados. Para el arroz, la situación es aún más grave y los precios son entonces mucho más caros que en el resto del mundo. Es cierto, por una calidad superlativa, pero esto no es todo. Y la gente parece haberse cansado ya de esta situación y quiere modificarla. Lo antedicho se hace más complejo si recordamos que en Japón la explotación agrícola está edificada sobre los minifundios. Poder concentrar la tierra tendría efectos importantes en materia de precios al consumidor, desde que la economía de una nueva (mayor) escala podría hacerlos disminuir muy rápidamente. Así las cosas, para los agricultores japoneses, que hasta ahora se sentían “cuidados” por su propia sociedad, éstos son tiempos de cambios, por ello la necesidad de adaptarse a una realidad que será seguramente bien diferente de aquella en la que hoy viven, donde los parámetros “naturales” de ayer parecen haber cambiado. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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