La causa del desarrollo

12 ene 2019 - 00:00

La organización política es una consecuencia directa de las formas de integración que el hombre ha ido experimentado en etapas siempre más complejas que las anteriores, como lo demuestra el estado actual de la civilización en relación a sus antecedentes en el pasado.

Desde las formas más elementales, como la familia, el clan y la tribu, hasta las actuales, que comprenden organizaciones entre estados a nivel continental y la globalización del sistema de poder mundial, podemos inferir una regla que evidencia esta escala en los procesos de integración como una constante histórica.

Es entonces, en la dinámica de estos procesos, donde el desarrollo se hace visible como un medio para sostenerlos.

Un ejemplo sirve para explicar este concepto: el puente –uno de los grandes símbolos de la integración– no es consecuencia de la ciencia que lo hace posible sino su causa.

La necesidad innata de integrarnos estimula la producción de los conocimientos que estos procesos exigen, tanto en la antigüedad como ahora.

La integración –esa necesidad de construir un puente para unir dos orillas– provoca desarrollo.

Por eso, los gobiernos deben tener la actitud y la capacidad para identificar y comprender los procesos de integración, tanto a escala mundial como local, para poder interactuar con ellos desde la máxima centralidad posible, sobre todo si los estados carecen de poder para alterar o cambiar su curso.

Es lo más habitual: los gobiernos carecen del poder suficiente para modificar la realidad en aspectos sustantivos y esenciales, y mucho menos en los exiguos períodos en los que les toca actuar.

Sin embargo, si se abren a la realidad, si se dejan atravesar y transformar por ella, estarán mejor posicionados para llevar a cabo la tarea de gobierno y alcanzar la máxima cantidad de resultados posibles. A propósito, Perón pensaba que el arte del buen político consiste en saber dar con la montura adecuada para cabalgar con la mayor presteza la realidad de su hora.

No hay dudas, entonces, de que una lectura acertada de los procesos de integración –para todo gobierno que se proponga el desarrollo como meta– ayudará a tomar las decisiones más adecuadas y elegir los caminos que le aseguren a la comunidad los máximos beneficios en procesos que normalmente exceden la voluntad y el tiempo biológico de los gobernantes.

Esta perspectiva, sobre la capacidad de los gobiernos, nos obliga, por otra parte, a concebir la construcción de instituciones fuertes, estables y permanentes que garanticen políticas de largo aliento para que la interacción con los procesos de integración no se interrumpa con los cambios en las administraciones del Estado.

En Río Negro creamos el Iapid (Instituto Autárquico de Planificación para la Integración y el Desarrollo), hoy en etapa de organización, para que podamos fundar a partir de esta herramienta un medio que sirva a la causa del desarrollo.

*Vicegobernador de Río Negro

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