La irresponsabilidad fiscal del populismo neuquino

25 may 2016 - 00:00
La administración pública neuquina tiene una erogación por persona que es 2,8 veces mayor que la de Mendoza y 3 veces mayor que la de Córdoba.
El creciente gasto público funciona como una espada de Damocles para el sector privado: siempre está latente un impuestazo para financiar nuevas erogaciones.

Desde 1962 gobierna la provincia de Neuquén el mismo partido político, saliendo victorioso de manera ininterrumpida en las once elecciones a gobernador que se efectuaron, estableciendo así un récord de efectividad del 100%. Cuando el actual gobernador termine su mandato en el 2019 el MPN habrá gobernado 44 años, y se habrá convertido en el partido político de mayor permanencia en el poder del país. Habrá superado al Partido Autonomista Nacional, que gobernó la Argentina durante 42 años (desde 1874 a 1916), y al partido peronista, que presidió la nación durante 35 años. El Movimiento Popular Neuquino ha logrado convertirse en el partido más exitoso de la historia argentina sin lugar a dudas, medido por los años de permanencia en el gobierno como en las elecciones ganadas.

A pesar del indudable récord logrado en materia eleccionaria el partido provincial no ha mostrado el mismo grado de eficiencia y eficacia en materia fiscal. El presente de la provincia refleja una historia reciente de comportamiento fiscal irresponsable, comparable con el descalabro que han dejado los últimos tres gobiernos nacionales en los pasados 12 años. Para no irnos demasiado atrás en el tiempo observemos lo sucedido en Neuquén en el período 2007-2015. Mientras que los ingresos totales del Estado provincial crecieron 660% (7,6 veces), el gasto total lo hizo 730% (8,3 veces). La inflación del período fue del 550%, es decir, los precios aumentaron unas 6,5 veces. En otras palabras, mientras que los recursos en términos reales crecieron un 16%, las erogaciones lo hicieron un 26%. Esta brecha en la evolución de ingresos y gastos generó que la administración provincial alcanzara un récord de desequilibrio fiscal de casi $ 3.600 millones en el 2015, cuando en el 2007 tuvo un déficit de menos de $ 100 millones. Las vías para financiar este “agujero” fiscal fueron el endeudamiento y la carga tributaria. El stock de deuda pública provincial aumentó, entre 2007 y 2015, de los $ 3.000 millones a los $ 13.000 millones, multiplicándose más de 4 veces. La presión tributaria también ha ido en aumento, ya sea por los incrementos en las alícuotas impositivas de sus principales tributos (Ingresos Brutos) como por la ampliación de la base tributaria, incorporando actividades que antes no estaban gravadas (por ejemplo, a las profesiones liberales). La recaudación de impuestos provinciales subió casi 10 veces en los últimos 8 años, desde los $ 790 millones del 2007 a los $ 7.780 millones del 2015 (+885%). Si la inflación fue del 550% en el mismo período esto significa que los recursos tributarios subieron, en términos reales, un 52%. Tremendo ajuste impositivo que tuvo que soportar la actividad privada para financiar la “fiesta” de gasto público provincial.

Una manera de medir si existe algún tipo de exceso en el gasto público de un Estado es comparándolo con otras jurisdicciones que cumplen con similares prestaciones a la población. En el 2015 el gasto público anual por habitante en nuestra provincia alcanzó los $ 59.000, mientras que en la provincia de Mendoza fue de $ 21.500 y en Córdoba de $ 19.600. Es decir, la administración pública neuquina tiene una erogación por persona que es 2,8 veces mayor que la de Mendoza y 3 veces mayor que la de Córdoba. Si el gasto por habitante en Neuquén hubiera sido similar al promedio de las otras dos provincias mencionadas ($ 20.500), el gasto provincial total del 2015 tendría que haber alcanzado los $ 12.300 millones y no los $ 35.500 millones que terminaron ejecutándose. ¿Qué justifica esta diferencia presupuestaria entre ambas jurisdicciones? ¿Los servicios públicos que brinda el Estado neuquino son tres veces mejores que los de Mendoza o Córdoba?

Un dato más que muestra el exceso de estatismo generado en los últimos tiempos en nuestra provincia: mientras que el gasto público neuquino alcanzó al 17% del Producto Bruto provincial en el 2003, actualmente ronda el 30%. ¿Entonces? Los excesos en materia de gasto público tienen consecuencias negativas sobre el crecimiento económico ya que el Estado tiene que ir de “cacería” detrás de mayores recursos de la actividad privada para financiar erogaciones crecientes. Esta situación le pone un “techo” a las probabilidades de generar un marco institucional “amigable” para las inversiones genuinas de los emprendedores locales o foráneos que quieran traer su capital a nuestra provincia.

El creciente gasto público funciona como una espada de Damocles para el sector privado, ya que siempre está latente un nuevo “impuestazo” para financiar las nuevas erogaciones. Estar a favor del progreso de los neuquinos no es compatible con subas permanentes de la presión tributaria o de una política de endeudamiento creciente (que se paga con impuestos futuros).

Si estamos a favor de las inversiones, del origen que sea, debemos estar a favor de una política fiscal responsable, con una menor carga tributaria y un gasto público adecuado. La nueva administración provincial tiene la oportunidad de “torcer” la historia fiscal de Neuquén, para que dentro de 4 años no estemos describiendo una situación presupuestaria mucho peor a la actual.

Pablo Guido

* Economista, Fundación Progreso y Libertad

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