La política Italiana, perdida en un laberinto

17 may 2018 - 00:00

A más de dos meses de las elecciones parlamentarias en Italia aún no se ha logrado conformar gobierno. En las elecciones, por escaso margen, se impuso la alianza de centro-derecha constituida por la Lega, liderada por Matteo Salvini; Forza Italia de Silvio Berlusconi y Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni. En segundo lugar el Movimento Cinque Stelle (M5S), cuyo dirigente más destacado es Luigi Di Maio, y por último el centro-izquierdo, siendo el principal actor el Partido Democrático (PD) cuyo Secretario era Matteo Renzi y hoy Maurizio Martina.

La integración y características de estos actores son variopintas, no exentas de contradicciones. El centro-derecha aglutina desde posiciones xenófobas y antiinmigratorias hasta euroescépticos sin dejar fuera a Berlusconi que, aun con sus problemas judiciales, sigue siendo un referente en la política italiana vinculado sobre todo a las grandes corporaciones económicas. Por otro lado el Movimento Cinque Stelle, una parcialidad política de reciente cuño creada por el comediante Beppe Grillo y cuya plataforma en internet es el lugar en el que se debaten las orientaciones políticas del Movimiento, signado por un rechazo a la moneda común europea y que, en campaña política, llegó a blandir como propuesta la posibilidad de un referéndum para salir de la Unión Europea, lo que conllevó una fuerte respuesta desde Bruselas ante la eventualidad de que la tercer economía de la Unión siga el camino del Reino Unido con el Brexit.

En tanto el Partido Democrático, que ha gobernado los últimos cinco años, ha sido el gestor de la salida de la crisis en que se sumía Italia desde el 2008, de la recuperación de la tasa de generación de empleos y de que en el 2017 haya tenido una inflación anual de 1,2% y una deflación, en el 2016, del 0,2%.

Ninguna de las fuerzas políticas llegó a obtener una mayoría en las elecciones parlamentarias de marzo por lo que los consensos pasan directamente por generar las bases de una alianza que pueda proponer y lograr el acuerdo en el Parlamento para formar gobierno. Las tratativas son muy trabajosas y complicadas, no sólo por los antagonismos en las propuestas realizadas en el marco de la campaña electoral, sino que también por declaraciones públicas de los principales actores que han tomado ribetes de una beligerancia inaudita.

Ante estos escollos y las complicaciones que generan el estado deliberativo permanente el presidente, Sergio Mattarella, propuso el designar un gobierno técnico hasta diciembre cumpliendo con las necesidades perentorias de Italia, entre las que se encuentra la ley de Presupuesto 2019 y los compromisos para con la Unión Europea en torno a temas capilares como lo son la problemática inmigratoria, terrorismo, pautas macroeconómicas, las dificultades en Medio Oriente, la agresiva política comercial de EE. UU., etc.

La determinación política de Mattarella de conformar un gobierno técnico y la posibilidad de elecciones anticipadas en el otoño boreal 2019 espoleó un acercamiento entre el Movimento Cinque Stelle y la Lega, que han comenzado a elaborar un programa sobre el que con consensos mínimos lograr la mayoría necesaria para formar gobierno.

Esta alianza considerada de fórceps no ha encontrado la disponibilidad de Berlusconi ni del Partido Democrático que –sobre todo este último– ve con preocupación lo que significaría el cóctel representado por la derecha con una agrupación antisistema que en parte reniega de las bases sobre la que se recuperó Italia tras la posguerra (recordemos que la UE tiene su partida de nacimiento en la firma del Tratado de Roma en 1957). La conformación de este frente común implica la conjunción de fuerzas menores para lograr los votos necesarios en el Congreso, como por ejemplo el MAIE y USEI, agrupaciones políticas presentes sólo en América del Sur, que cuentan con cuatro legisladores que en diversos medios de la colectividad italiana ya han mostrado su disponibilidad para apoyar un eventual gobierno M5S-LEGA.

Virtualmente la ecuación de estos dos últimos términos, en ciernes, podría contemplar la posibilidad de que haya modificaciones en la ley Tremaglia, que es la que posibilitó que los italianos en el extranjero gocen de derechos políticos, lo que sólo en Argentina implicaría que casi un millón de ítalo-argentinos vean coartado un derecho consagrado en la Constitución italiana. Esta hipotética restricción al derecho de sufragar se abona con las recientes declaraciones de un legislador del M5S que puso en jaque los Comites y CGIE, dos órganos de representación de la comunidad italiana en el extranjero.

La partita ancora è aperta; tutta da giocare.

*Consejero (Comites), excandidato a senador de la República de Italia (2018) y expresidente de Federación de Entidades Italianas de La Pampa

A más de dos meses de las elecciones, no se logra formar gobierno. Hay propuestas de limitar la ley Tremaglia de voto en el extranjero, que afectaría a un millón de italianos en Argentina.

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