Lo que nos enseña la guerra de Vietnam

14 jul 2018 - 00:00

Es la historia, como ente impersonal, la que construye el mundo en que vivimos? ¿O somos las personas, de manera consciente, las que lo hacemos? Oscar Wilde dijo: “La humanidad siempre encontró su camino porque nunca supo adonde iba”. En el mismo sentido, Shakespeare agregó: “La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, sin ningún significado”. Al ver las 18 horas del extraordinario documental sobre la Guerra de Vietnam, del cineasta Ken Burns (está en Netflix dividido en 10 episodios), uno no puede menos que acordar con Wilde y Shakespeare: la historia es río que nos arrasa (pero para vivir es esencial aprender las lecciones que éste nos deja).

El documental de Ken Burns sobre Vietnam no trata sólo de la guerra: es un gran fresco de la sociedad norteamericana posterior a la Segunda Guerra Mundial y de las profundas transformaciones culturales que se produjeron en todo el mundo en esos años gloriosos que van de comienzos de los 60 hasta mediados de los 70; esa década y media que fue la época más creativa y transformadora en lo cultural, lo político y lo social de los últimos siglos.

Una buena educación cultural para todos aquellos que nunca dejan de querer aprender debería incluir la visión de este documental maravilloso, sumándole dos otros grandes documentales que también se pueden ver en Netflix y que tratan sobre los Beatles y su impacto en la cultura de los 60-70. Esos documentales son How The Beatles Changed the World (Cómo Los Beatles cambiaron el mundo), de Tom O’Dell, y Eight Days a Week (Ocho días a la semana), de Ron Howard, un documental hermoso, que recorre con amor y lujo de detalles todas las actuaciones de los Beatles frente al público.

El documental sobre la Guerra de Vietnam tiene drama, reflexión y emoción. Es excelentemente pedagógico: verlo es aprender (no sólo sobre la historia de la guerra y sus enmarañados vericuetos políticos, sino también cómo se piensa la historia, cómo se la construye, qué papel juegan mil imponderables cuando se toman decisiones).

Si bien ya la banda musical de este documental es gloriosa, una de las características principales de sus filmes es el trabajo que hace con las imágenes, en especial con las fotografías: toma ese elemento fijo y lo dota de movilidad. Se centra en una parte de la imagen y, haciendo zoom, nos muestra el contexto. Vemos a un grupo de niños vietnamitas en la orilla de un río, mirando con asombro algo que está fuera de cámara; al hacer zoom, comprendemos que están mirando a un soldado norteamericano, que tiene una enorme ametralladora en sus manos.

Ken Burns comienza su relato de 18 horas sobre Vietnam con una reflexión sobre las imágenes: las bombas que están cayendo regresan al avión que las arrojó, el que ha muerto de un disparo en la cabeza se levanta y vuelve a vivir, el tanque que explotó se rearma en el aire y vuelve a ser un objeto íntegro. Así se nos invita a ver que todo lo que sucede tiene una causa, que esas muertes y explosiones salieron de algún lado, que alguien puso el dedo en el gatillo, que alguien dio una orden, que alguien elaboró una política. Las imágenes no son inocentes.

En el primer capítulo, Ken Burns resume el largo siglo de ocupación colonial francesa que llevó a la Guerra de Vietnam. Ya ahí podemos ver que esa dominación que acabó luego de una guerra de liberación nacional estuvo plagada de injusticias, brutalidades atroces y errores políticos que, vistos retrospectivamente, parece inverosímil que hubieran sucedido (y que luego hayan sido repetidos, casi de la misma forma, por los norteamericanos).

La guerra en sí llevó 30 años, de los cuales el núcleo central correspondió a los 15 años finales, en los que el principal implicado fueron los Estados Unidos. Dominados por la ideología cegadora de la Guerra Fría, los norteamericanos se fueron enredando de manera creciente en un asunto que poco y nada les importaba y del cual desconocían todo, pero temían que pudiera fortalecer el bando comunista.

Fue esa obsesión anticomunista la que arrastró a cinco gobiernos norteamericanos a cometer un error político tras otro e involucrarse en una guerra que sabían que no podían ganar.

Tan importante como el relato histórico y el debate político, cultural y social que este documental plantea son las decenas de historias personales (de soldados a generales, de miembros de la CIA a guerrilleros del Vietcong, de mujeres que combatieron a los norteamericanos a objetores de conciencia, etcétera) que se van intercalando a lo largo de estas apasionantes 18 horas, y sin las cuales la narración no alcanzaría esa cima de genialidad empática que Burns ha logrado.

Posiblemente la vida no sea más que un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, sin significado alguno. Pero reflexionar sobre ese absurdo es la manera humana de intentar darle un sentido, aunque sea transitorio. Aunque sea tan frágil como nuestra endeble existencia.

El documental de Ken Burns enseña sobre la historia de esta guerra y sus vericuetos políticos y también cómo se construye y piensa la historia y el rol de los imponderables.

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