Reforma civil en Neuquén: un nuevo intento de acercar la Justicia al pueblo

08 oct 2014 - 00:00

Es común escuchar que de los tres poderes estatales el judicial carece de “legitimación popular” porque en la designación de sus funcionarios no interviene el pueblo.

No estoy de acuerdo con tal juicio de valor; la totalidad de los poderes cuenta con idéntica legitimación de origen en tanto para la designación de sus integrantes se hayan observado las reglas que la sociedad se ha provisto a través de la Constitución.

Pero una cosa muy distinta de la legitimación en origen es preguntarse por la legitimidad democrática en el ejercicio; esto es, cómo responde un determinado servicio estatal frente a sus obligaciones una vez que se halla en funcionamiento. Y en este punto también se oyen críticas, como que la Justicia ha preferido colocarse lejos del pueblo y oculta del escrutinio público.

Nuestra Constitución intentó contrarrestar esa lejanía al incluir el juicio por jurados, aunque la política -esa misma que pregona la falta de legitimación popular de origen- lo supo postergar por más de ciento cincuenta años. Sin embargo, los jurados no son la única herramienta con que contamos para “acercar la Justicia a la gente” como de común se reclama.

Existen dos principios formidables de cercanía y buen servicio: la celeridad y la inmediación.

Una Justicia que no es rápida, que invierte los valores en juego cargando los plazos procesales sobre el destinatario del servicio y no sobre quien lo presta, que exige al afectado consumir varios años de su vida para ver resueltos -mal o bien- sus problemas, sin dudas es una Justicia alejada del hombre y subsumida en un microclima burocrático carente de toda legitimidad republicana.

Una Justicia cuyos operadores permanecen ocultos durante un trámite eterno y aparecen recién a su término para atender un atado voluminoso de papel acumulado y decidir quién ganó es una Justicia lejana y deshumanizada. El proceso, a esa altura, se asemeja más a un intrincado juego de rol donde gana el más hábil y no quien tiene razón. No es ése, tampoco, el ideal republicano.

Es que si de conectar la Justicia con el pueblo se trata, la celeridad la acerca en el tiempo y la inmediación la hace tangible. Un proceso que en dos audiencias muestre en forma directa al juez las posiciones y las pruebas de los litigantes (inmediación) para ser resuelto rápidamente con las imágenes aún frescas de esos encuentros (celeridad) seguramente será una Justicia cercana al ciudadano.

Lo dicho viene al caso porque inmediación y celeridad se invocan plausiblemente en el proyecto reorganizativo de los seis juzgados civiles de Neuquén, dado a conocer en estos días al Colegio de Abogados de la ciudad.

A grandes rasgos, hoy en día tales juzgados funcionan con independencia uno del otro durante todo el proceso; cuenta cada uno con un juez y un secretario, una mesa de entradas y una oficina de despacho conformada por empleados (abogados y no abogados) que trabajan las peticiones de trámite sometidas al juez.

La característica más saliente del proyecto consiste en cortar -si se me permite el término- esa integridad vertical de cada juzgado para hacer confluir las seis oficinas de trámite en una sola y común, lo mismo que con las mesas de entradas. Los jueces quedan separados de esas dependencias y no están más a cargo de ellas.

Sin dudas, se ha considerado que liberar al juez del control de la mesa de entradas y del trámite diario le permitirá concentrarse, sin dispersiones, en la toma de audiencias (inmediación) y en el dictado a tiempo de resoluciones (celeridad).

Sin embargo, por ahora cualquier bondad es sólo predicable en teoría. Nuestra sociedad se confía demasiado de las reglas -de ahí que nos guste normar toda la vida del hombre- olvidando que lo que hace a un buen o mal servicio no es la reglamentación abstracta sino su aplicación, según la actitud de las personas que la ponen en práctica.

Por eso, hay tres posibles caminos.

El primero, improbable, que todo siga igual y el cambio de reglas no haya servido más que para comodidad de unos y lucimiento de otros, que en sus nuevos cargos contarán con un renglón adicional de antecedentes.

El segundo, que la situación empeore impactando sobre la celeridad y la inmediación. Si la mesa y la oficina únicas toman vida propia -como de común ocurre en el altar burocrático- y se consideran a sí mismas lo más importante del proceso, entonces no habrá vuelta atrás y aquel juego de rol brillará en todo su esplendor, con un juez habilitado reglamentariamente para desentenderse de esos sectores. Si fuésemos a ese destino, desde ya lo digo, es preferible el esquema actual, que al menos nos permite recordar al juez que tanto el despacho como la mesa de entradas se encuentran bajo su responsabilidad. En tal sentido, la mesa de entradas única implementada para los juzgados de juicios ejecutivos de la ciudad de Neuquén sirve de advertencia de lo que hay que evitar.

El tercer camino posible es el que esperamos ansiosos y que de seguro podrá lograrse con simple buena voluntad si las cuestiones trascendentes del proceso comienzan por fin a ser resueltas en las audiencias que se convoquen frente a los litigantes, reduciendo la actividad de la oficina de trámite a un rápido papeleo preparatorio (papeleo que, oralidad y digitalización mediante, debería ir siendo cada vez menos necesario).

Como decía antes, dependerá de las personas que lo implementen, siempre que en el lugar que les toque asuman la importancia de las funciones asignadas sin caer en la tentación de su sobrevaloración, pues es ahí donde se abre la puerta a la disputa por ejercer poder que termina siempre denigrando el servicio.

Esperemos que en un tiempo, cuando valoremos el camino transitado, quienes asumieron la responsabilidad de implementar el proyecto hayan podido realizar sus objetivos de inmediación y celeridad, porque sólo así la Justicia se habrá acercado de veras a la ciudadanía y la república será más real para los neuquinos.

GASTÓN RAMBEAUD

Abogado. Integrante de la Fundación Progreso y Libertad

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día”Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.