Tecnologías para vivir mejor

16 abr 2018 - 00:00

Vivimos en un mundo maravilloso. El mejor de los tiempos que ha existido hasta ahora. Cualquier persona nacida hace tan solo doscientos años, trasladada a hoy, vería este mundo como algo mágico.

La gente vive más tiempo, la mortalidad infantil ha disminuido a valores muy bajos. La luz eléctrica ha producido el milagro de prolongar el día. Los aviones han disminuido las distancias para medirse en horas y no en meses. Con un simple aparatito portátil tenemos acceso a casi toda la información recopilada por la humanidad a lo largo de milenios.

Todas estas maravillas, que hace un tiempo podrían resultarnos imposibles, son hoy realidad gracias a la innovación basada en el desarrollo científico tecnológico.

Los que siempre ven el vaso medio vacío dirán: “¿Pero qué hay con la pobreza?” En el año 1800 había mil millones de habitantes en la Tierra y el 99% de ellos vivía en lo que hoy consideramos extrema pobreza. Hoy somos más de siete mil millones de habitantes, de los cuales el 11%, es decir ochocientos millones (¡todavía demasiados!), vive en extrema pobreza.

“Tal vez,” dirán los pesimistas, “pero ha aumentado enormemente la desigualdad”. Los números tampoco les dan la razón: debido, especialmente pero no sólo, al desarrollo de China y la India en las últimas décadas, la distribución de riqueza en el mundo es mucho más equitativa que hace cincuenta años. “Pero este camino no es sostenible”, dirán los escépticos. “Si la población sigue aumentando, no va a haber comida para todos.” Pero hoy, por primera vez en la historia de la humanidad, hay alimento suficiente para todo el mundo: si subsiste el hambre, es por un problema de distribución y no de producción.

“¿Y el ambiente?”, preguntamos todos preocupados. “¿Podrá la naturaleza resistir la contaminación?” A medida que las sociedades progresan y disponen de mayores recursos, una parte cada vez más significativa de ellas se dedica al cuidado del ambiente. Hemos desarrollado una conciencia de protección del ambiente, lo que produce mayores controles para eliminar las prácticas contaminantes. Vivimos un verdadero cambio cultural sobre el tema que ha llevado a una mejora importante de las condiciones ambientales en casi todos los países.

Sin embargo, hay un problema que no sólo no ha mejorado, sino que aparece como cada vez más preocupante: el calentamiento global. El proceso está claramente entendido: la emisión de ciertos gases (dióxido de carbono, metano y otros) se acumulan en la atmósfera produciendo un efecto invernadero (los rayos de sol atraviesan la atmósfera, pero los rayos reflejados por la tierra quedan atrapados mediante el mismo efecto por el que los invernaderos retienen calor). Este efecto está alterando el equilibrio natural de la atmósfera, produciendo calentamiento y cambio climático global.

Las mediciones indican que las concentraciones de estos gases están alcanzando niveles preocupantes. De continuar el crecimiento de las emisiones, se pueden producir efectos muy serios sobre el ambiente y la vida humana. Es responsabilidad del sector científico tecnológico ayudar a tomar conciencia sobre esta situación que nos afecta a todos.

Una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero es el uso de combustibles fósiles. Lo que indica la ciencia en la actualidad es que si queremos evitar efectos serios sobre el ambiente en las próximas décadas, debemos reemplazar el carbón, el gas y el petróleo por fuentes de energía que no emitan dióxido de carbono como las renovables (solar, eólica e hidráulica). Pero también la energía nuclear. Resulta cada vez más claro que para poder disminuir la liberación de gases de invernadero a un nivel razonablemente seguro, va a ser imprescindible el uso de la generación nucleoeléctrica. Con solar y/o eólica por sí solas no alcanza. De hecho, la decisión de cerrar las centrales nucleares en Alemania y su reemplazo por centrales a carbón, ha provocado un aumento considerable en las emisiones de gases de efecto invernadero, emperorando el problema.

La nuclear es una fuente de energía segura y limpia. La generación nucleoeléctrica nos ofrece hoy estándares de seguridad que ninguna otra industria posee. Por otro lado, los niveles de contaminación de la actividad nuclear son muy bajos (ninguna fuente de energía es completamente no contaminante). La energía nuclear es tan limpia como la energía solar o la eólica.

“¿Y los residuos radiactivos? ¡Duran miles de años! Y son muy peligrosos” Ambos puntos son ciertos. Pero el volumen generado es lo suficientemente pequeño como para que almacenarlos de forma segura por tiempo indefinido no sea un problema ni técnico, ni económico, ni ambiental.

La industria nuclear se plantea como una alternativa necesaria dentro una matriz diversa que busque brindar energía de manera estable, constante y segura, sin contribuir al calentamiento global. La generación nucleoelétrica es una aliada irreemplazable frente al problema ambiental más importante al que se enfrenta hoy nuestro planeta.

Ingeniero nuclear. Profesor del Instituto Balseiro. Presidente de la Asociación de Ex-alumnos del IB. Trabaja en INVAP.

La industria nuclear es alternativa necesaria en una matriz diversa que busque brindar energía de manera estable, constante y segura, sin contribuir al calentamiento global.

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