Y también iba al baño...

“Y sí, caballeros y señoritas, el general también iba al baño... Sí, sí, aunque ustedes no lo crean, don José de San Martín también hacía pis... ¡Sí, sí, a pesar de que nos hicieron creer que don José no hacía pis!... ¡Pis, por favor, una vulgaridad!”.

12 ene 2015 - 00:00

Lo solía decir Alfredo Palacios, ese bigotudo de verbo apasionado que con pasión luchó con nobleza y dureza por sus ideales. Y lo solía decir -cuentan- al concluir reflexiones compartidas con sus alumnos de Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. Decirlo a modo de cierre, cualquiera fuera el tema, tras caminatas por los pasillos de la casa fundada por Joaquín V. González...

“Y sí, caballeros y señoritas, el general también iba al baño... Sí, sí, aunque ustedes no lo crean, don José de San Martín también hacía pis... ¡Sí, sí, a pesar de que nos hicieron creer que don José no hacía pis!... ¡Pis, por favor, una vulgaridad!”.

La ironía de don Alfredo funge perfectamente en clave al libro de Felipe Pigna. Porque, aunque seguramente opinable al menos desde espacios profesionales de la historia, la investigación intenta, con solidez de fuentes, rescatar a un San Martín sino desconocido al menos ocultado. Tanto desde sus vicisitudes en tanto humano como en el marco de sus ideas.

Pigna lo corre del bronce. Lo busca en lo escamoteado deliberadamente por determinada y por más de un siglo y medio dominante línea ideológica que hizo de San Martín nada más que bronce. Mármol. Estatua. Busto. Una instalación que lo alejó de sus compatriotas, que no podían dejar de verlo como una estatua, como perfecto al que, se sabe, los mortales no podemos imitar.

Y le cuenta Alfredo Alcón a Felipe Pigna las tremendas angustias que tuvieron que soportar con Leopoldo Torres Nilsson para filmar “El Santo de la Espada” en épocas del dictador Juan Carlos Onganía: “Los censores de entonces cuestionaban las escenas en las que San Martín aparecía claramente con sus problemas de salud habituales y prohibieron una de ellas, en la que el Libertador vomitaba sangre, un hecho lamentablemente frecuente en aquellos años de su vida. Así se fue modelando una biografía falsa, que escapaba a la ejemplaridad: ninguno de nosotros podía acercarse siquiera a tanta perfección, abnegación y corrección...”.

En fin, don Alfredo tenía razón: San Martín no hacía pis...

(El libro de Pigna está editado por Sudamericana)

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