Comerciantes roquenses «con valor agregado»

La diversificación en los locales es una tendencia que crece en Roca.

ROCA (AR).- Tijera en mano, Gerardo da los últimos retoques en el pelo negro azabache de su clienta, mientras por el rabillo de su ojo izquierdo espía el movimiento que da vida a su quiosco.

Doña Ester, dueña de un mercadito barrial, apenas deja de cortar cien gramos de paleta cuando abandona raudamente la máquina cortadora de fiambres para calzarse los anteojos 'de leer' y poner en funcionamiento –a su modo y también a su tiempo– las recientes cabinas telefónicas que incorporó a su tradicional despensa y carnicería.

Como ellos, pero desde la óptica de su propio y flamante local de peluquería para niños, Edelkys Palacio, muestra los servicios de internet, frigobar y hasta «sol pleno» –el moderno sistema de bronceado rápido– que implementó con el fin de agregar nuevos y variados servicios a su emprendimiento.

Tiempos de dura competencia para unos, de reconversión, de 'salir a flote' o lograr mayores ganancias, para otros. De ver qué pasa con…, de diversificar, de ofrecer cada vez más alternativas a una demanda exigente.

Lo cierto es que hoy en estos tres exponentes de la actividad puede apreciarse una tendencia clara y que avanza, imprimiendo rasgos propios a la postal comercial de la ciudad. Son nuevos comercios con valor agregado: suman ofertas y servicios en un único espacio y se cuelan entre los negocios tradicionales, «monorubros», de otras épocas.

Estaciones de servicio-

ciber-locutorio-confitería-quiosco; peluquería-quiosco; quiniela-cabinas telefónicas; ciber-librería- café-quiosco y hasta una casa de depilación luego devenida en marroquinería y zapatería, son sólo algunas de las mezclas comerciales que se observan cada vez más, recorriendo no sólo el centro de la ciudad sino también los barrios.

«El pedido de anexos a la actividad normal que realizan los comercios se ve cada ve con más frecuencia. Algunos son más afines y en otros casos no, pero si las condiciones del local lo permite no hay problemas», se confió desde el municipio local.

Gerardo Moraga (36) es el dueño de un quiosco-peluquería ubicado en el centro roquense.

Peluquero desde los 15 años, Gerardo ideó y dio forma a su salón –ubicado en calle Mitre casi Maipú– desde el inicio, pero luego vio que además de esta actividad, podía aprovechar su tiempo y espacio disponible y decidió implementar un agregado al local. Así es que sumó un quiosco «ecológico», tal como le gusta llamarlo, a su peluquería. Sus clientes lo conocen y lo aceptan. «Vendo golosinas, elementos de perfumería, de todo un poco pero no vendo cigarrillos ni alcohol, por eso digo que tengo un quiosco ecológico, sin tantos vicios», explica y sonríe.

 

Nuevas oportunidades

«Lo pensé como una oportunidad de superarme, de tener más oportunidades de trabajo. Me parece que está bueno, por el hecho de que todo está tan estructurado. Y lo hago porque puedo con las dos cosas a la vez, aunque también hay un poco de autoservicio. Los clientes saben y ellos tienen mi confianza. Buscan lo que necesitan y me pagan», confiesa el peluquero.

Aunque Gerardo trabaja solo en general, no puede obviarse que cuenta con una ayudante de lujo: su hija Milagros, de 3 años, que –aunque usted no lo crea– colabora con su papá en la atención del quiosco. «Es un trabajito d hormiga el que yo hago todos los días, y vale la pena. Creo que el secreto es hacer todo con mucha perseverancia y paciencia», dice, sin soltar el peine y la tijera, mientras recibe de manos de un gurrumín de guardapolvo, unas moneditas por unos caramelos que tomó del quiosco.

Edelkys Palacio es también otra de las profesionales que se sumó al cambio y apuesta a la diversificación en materia de servicios. A principios de año abrió en esta ciudad –sobre calle Mitre casi esquina Avenida Roca– una peluquería para niños y también para adultos, pero donde ofrece bastante más que cortes de cabello o peinados. En el moderno salón también ofrece desde servicio de internet y frigobar, hasta masajes y bronceado. Todo en uno.

«Esto siempre fue un sueño pendiente. Empecé hace años a estudiar y de a poco fui armando la propuesta porque quería hacer algo diferente a lo que hay acá. Por eso pensé en un espacio adecuado para los chicos, les ofrezco un lugar confortable, con juegos y demás, e incluso el corte incluye un refrigerio», comenta Edelkys, que trabaja con otras cuatro profesionales. Su clientela es variada y en el salón de niños atiende desde bebés de pocos meses de vida hasta chicos de 10 años.

«Abrí el local en enero y no me puedo quejar. Nos va bien y la gente se acerca a conocer nuestra propuesta», comenta la mujer.

Esto es solo un botón de la muestra, pero los casos abundan, así como también las «mezclas» de rubros que pueden parecer más extrañas. La reactivación económica que se advierte en las cuadras comerciales de la ciudad no sólo se refleja en la apertura de nuevos locales y proyectadas inversiones, sino también en estos pequeños y, a veces, grandes cambios.

Los propietarios de los mercaditos barriales son otra fuente de las más impensadas innovaciones en materia comercial. Despensas que conjugan venta de verduras y comestibles con cabinas telefónicas, quioscos que se animan al bazar y otros que hasta incorporan el rubro tienda y mercería… «Lo que uno trata de hacer es que le vaya mejor, por eso sumamos cosas al negocio para lograr mayores ingresos», cuenta la dueña de una despensa.

Todo suma y sin dudas esto se nota en la gran cantidad de negocios que hoy gozan de buena salud. Una apuesta interesante, acorde a los tiempos que corren.


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