“Cómo burlar una ordenanza y seguir con vida”




Hace algunas noches estuve en el casino de Neuquén (Casino Magic). Se preguntarán que tiene de interesante semejante confesión; bueno, normalmente no voy al casino muy seguido aun cuando vivo bastante cerca, de hecho hacía ya un tiempo largo que no iba. La última vez que fui me confié y no llevé efectivo porque sabía que había un cajero automático en el interior y podía obtener lo que quería perder. Fui directamente al lugar en el que lo había visto la última vez, ¡pero ya no estaba! Se debe haber roto, pensé, o lo trasladaron a otro lugar del edificio. Pregunté a un empleado y me informó que la ordenanza 10885/07 había prohibido la instalación de cajeros automáticos en un radio de 200 metros de cualquier sala de juegos. Pensando en tanta gente que, por enfermedad o desesperación, se juega todo lo que tiene en el bolsillo y lo que dispone en el cajero, me pareció una muy buena idea. Caminé un rato entre las maquinitas y las ruletas y me fui. Unas noches atrás regresaba a casa temprano, no tenía sueño, no tenía nada que hacer así que me dije: ¿por qué no? Voy al casino un rato. Sabía que ya no había cajeros en el casino así que pasé por uno de la calle San Martín, retiré cien pesos y me dispuse a quemarlos en las maquinitas; nada demasiado audaz, claro. Al ingresar al casino me dediqué por unos minutos a reconocer las modernas instalaciones que tiene ahora la sala de juegos y me pareció extraño no escuchar el típico ruido de las monedas cayendo en las máquinas. Me acerqué a una de ellas y pude verificar que la ausencia de ruido era producto de la ausencia de monedas... ¡Guuuaaa... –me dije– ahora puedo colocar directamente un billete y si gano me da un cupón que cobro en la caja! ¡Cosa ‘e mandinga! Me emocionó hasta las lágrimas la disposición de la empresa por facilitarles a los clientes la forma más rápida de quedarse sin plata y, raudamente, me dirigí hacia las cajas para ver con mis propios ojos cómo los clientes iban y cambiaban sus jugosos cupones por dinero contante y sonante. Pero al llegar a las cajas me causaron cierta curiosidad unos cartelitos que decían tarjetas de débito y, al lado, un... ¡posnet! Inmediatamente supuse que el casino, en una muestra más de su compromiso con los clientes, habría dispuesto algún tipo de sistema que permitiera que las ganancias de los cupones pudieran ser transferidos directamente a las cuentas de los clientes y así evitar que fueran asaltados a la salida de la sala de juegos. Cuando mi emoción ya llegaba, nuevamente, al límite de las lágrimas algo llamó mi atención: los clientes entregaban sus tarjetas de débito al cajero, éste las pasaba por el posnet y le devolvía al cliente la tarjeta... ¡con un fajo de billetes! ¡Ups!, me dije. No es lo que estoy pensando; no hay ningún sistema de transferencias de ganancias directamente a la cuenta bancaria del cliente... Lo real es que el casino ha retirado el cajero automático pero ha instalado ¡¿siete cajeros mas?! ¿Y qué pasó con la ordenanza municipal 10885/07 que decía en su artículo 1 “Prohíbase en el ejido municipal de la ciudad de Neuquén la instalación, habilitación y funcionamiento de cajeros automáticos, a una distancia menor o igual a 200 metros de los establecimientos o locales donde se desarrolle cualquier juego de azar, destreza o apuesta a cambio de un premio, bajo cualquier denominación casino, bingo, tragamonedas, hipódromos, o similares”? ¡Ahora estamos peor que antes! Antes el límite del jugador compulsivo era el retiro diario del cajero, ¡pero ahora el límite lo pone cada banco, ya que se cuenta como un compra! Con una profunda frustración y desencanto guardé mis cien pesos y me fui a dormir. Hecha la ley... ¿hecho el abogado? Gabriel Flores DNI 12.818.274 Neuquén

Gabriel Flores DNI 12.818.274 Neuquén


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