Cómo liquidar a un reportero de guerra por teléfono

Matar a Marie Colvin, la veterana reportera de guerra caída el jueves en Siria, “no cuesta más de 10.000 euros”, advierte en entrevista a dpa el ingeniero Benedikt Driessen, de la cátedra de Seguridad Integrada del Horst-Görtz Institute for IT Security, en la ciudad alemana de Bochum.





En el reciente informe “Don’t Trust Satellite Phones” (en español, “no se fíe de los teléfonos por satélite”), el grupo de estudio de la Universidad de Bochum advirte de la vulnerabilidad de los periodistas ante el espionaje y el señuelo que supone su empleo en zonas de combate.

El gobierno sirio anunció que matará a todo periodista -no invitado- en su suelo y la TV pública ha tachado de “espías” de los servicios extranjeros a los fallecidos Colvin y Rémy Ochlik en el asedio de Homs.

Otro par de reporteros permanecen heridos por el mismo proyectil, que según los gobiernos occidentales, iba dirigido contra un refugio de periodistas. El régimen ha impedido la recuperación de cadáveres y heridos, y uno de éstos sólo consiguió cruzar la frontera del país a Líbano de forma ilegal.

París y Londres hablan de “asesinato” y de “objetivos seleccionados”. La persecución de extranjeros y encarcelación de periodistas locales por el régimen ha ido en aumento. En noviembre, cayó el primer periodista, el cámara sirio Ferzat Jarban, seguido en enero por el francés Gilles Jacquier.

Anthony Shadid, del “New York Times”, falleció intentando entrar en Siria y días después lo siguió el periodista voluntario Rami al-Sayyed, cuya conexión de vídeo ha sido la ventana al mundo del asedio. Según Reporteros Sin Fronteras, en 2011 fallecieron 66 profesionales de la información, muchos durante la revuelta árabe.

Un técnico alemán de inteligencia que no quiso revelar su identidas, explicó a dpa lo “fácil que es para un gobierno, que es la propia operadora, tener localizadas las señales” que emite.

Por satélite requiere más tiempo, pero con un agente receptor en la vecindad o una avioneta no tripulada, es más sencillo. No hace hace falta un gran operativo como para hallar a Bin Laden o al líder checheno Dudayev, alcanzado hace años con un misil ruso gracias a su teléfono.

El contraespionaje no espera además encontrar mucha señal de satélite en Baba Amro, el barrio de la ciudad asediada de Homs donde se produjo el ataque. “El precio es barato y la teconología es rusa y se encuentra en varios puntos de Cercano Oriente”.

Driessen está convencido de que un teléfono en el frente debe emplear software integrado de seguridad, “un criptófono”. Los logaritmos estandar A5-GRM1 y A5-GRM2, que emplean los Thuraya, Iridium o Inmarsat, tendrían “agujeros de seguridad”.

Pero aun con encriptación, “antes de iniciar una llamada, el aparato comunica su posición GPS y su identificador IMEI en ‘cleartext’” (en abierto). Compañía y propietario son reconocidos de inmediato.

“Una llamada breve no es peligrosa”, asegura. El problema es que, como en Baba Amro, los reporteros pueden estar juntos aprovechando un generador.

“Y una conexión puede prolongarse una o dos horas para 5 o 6 minutos de vídeo”, explica el cámara de Associated Press (AP) Raúl Gallego, al que un problema de salud impidió alcanzar Homs.

“En el momento de encender un teléfono, éste busca las células GSM de las torres BTS más próximas”, indican los expertos. Éstas envían por triangulación al operador la posición: “Seis torres dan la posición exacta en plano”.

El activista opositor Abu Abdu al-Homsi ha denunciado desde Homs cómo son bombardeados lugares desde donde se producen llamadas por teléfono móvil. “Aunque corten las líneas de voz, las BTS siguen captando la señal de los móviles” y “Siria ejerce con uno de los controles más férreos sobre sus comunicaciones”, añaden fuentes de inteligencia.

La agencia de noticias AP y el rotativo “Telegraph”, en el que trabajaba Colvin, aseguran que días antes los teléfonos de sus reporteros parecían como “atrapados”. Los ordenadores de los periodistas locales se han visto infectados por programas de “malware”, dice Jean-Pierre Perrin, de “Libération”.

Según el Comité para la Protección de Periodistas, el régimen de Bashar Al Assad aprendió de la Primavera Árabe los peligros de la prensa y las redes sociales y ordenó un total cierre informativo: cortó líneas de teléfono, electricidad, Internet, expulsó a periodistas y pirateó las webs.

La noche antes nde su muerte, Colvin intervino en la CNN acusando a las fuerzas de Al Assad de “asesinatos”. “Es mentira que estén apuntando a terroristas, están bombardeando simplemente una ciudad de civiles ateridos y hambrientos… aquí no hay objetivo militar”. A la mañana siguiente, un proyectil la había matado.

“Un receptor podía ver que desde ese punto se emitían señales continuas”, dice el citado oficial. El pequeño refugio de la prensa, fue bombardeado. La cadena CNN intentó situar en su azotea una antena y fue inmediatamente derribada. Javier Espinosa, del diario español “El Mundo”, aseguró en la red social twitter haber visto aviones-espía, tecnología que sólo puede ser de Irán o Rusia.

Esta vulnerabilidad marcará la futura operatividad de los reporteros en el frente. Los expertos aconsejan “evitar la búsqueda automática de GSM, usar un cifrado más sofisticado en el teléfono y separar la antena un centenar de metros”. O conectarla por wifi. “Aunque el wifi también es localizable”.

Por Ramiro Villapadierna

dpa


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