Cómo se construye el oasis en plena estepa
Nada queda librado al azar en la pequeña aldea costera «Bahía Dorada». Todo está calculado, pero con premisas: aquí se conjugan la excelencia del servicio, el buen gusto y la interacción constante con el medio natural. En medio de la estepa patagónica, en el sudeste rionegrino, casi en el límite con Chubut, se construye este oasis a pasos acelerados. Un sueño cumplido, según cuentan Nicolás Van Ditmar y su esposa, Vanesa Mazza, dueños de todo. Conocido en el pasado como Los Hornitos, fue rebautizado por sus dueños como Bahía Dorada. Queda a 20 kilómetros al sur de Playas Doradas, pero con acceso sólo por la Ruta Nacional 3. La postal es paradisíaca. Basta con surcar el predio para darse cuenta que todo lo pensado se hizo realidad.
El lugar cuenta con varias construcciones sobre médanos y donde se levantaron paredes de durlock, techos de paja y pisos de piedras lajas de canteras de la zona. Eso sí, toda jarilla y alpataco que estaba alrededor quedó intacto. Hay dos casas chicas que tienen absoluta privacidad, con dos habitaciones y un amplio baño privado y un porche que tiene salida al mar. Las casas que están terminadas tienen agua, electricidad proveniente de un generador, tevé y baño. ¿Emprendimiento turístico?: «Por ahora no, pero es muy pronto para determinarlo, por ahora es para nosotros y nuestros amigos», expresó Mazza.
Las casas grandes también cuentan con espléndidas habitaciones, con una vista al mar incomparable, pero con cocina comedor y amplio living. La «casa grande», donde dice el matrimonio que vivirá, tiene un parque con césped artificial, palmeras y pileta frente al mar. Aseguran que no hubo arquitectos ni diseñadores, solo fue idea de los dueños de casa. Se basaron en preconceptos e ideas de decoración para animarse y levantar aquí una aldea que sólo se ve en las revistas internacionales.
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