Comunidades locales y el cambio climático

La agricultura familiar es altamente vulnerable a las variabilidades y cambios en el clima. El INTA Bariloche trabaja para generar medidas de adaptación a estos nuevos escenarios.

La fuerza del conjunto. Las percepciones familiares y comunitarios, claves contra el cambio climático.

Las familias productoras de Patagonia Norte desarrollan sus actividades en paisajes caracterizados por un clima naturalmente riguroso, afectados por procesos de desertificación y los efectos del cambio climático que influyen en su sostenibilidad.
En ese marco, el desafío es encontrar estrategias que las preparen mejor ante los nuevos escenarios climáticos para disminuir sus impactos y sacar provecho de las condiciones que se avecinan.
El INTA Bariloche participa de un proyecto financiado por la Comunidad Europea a través del programa Euroclima Plus, cuyo objetivo es aumentar la resiliencia y la capacidad de adaptación (agro-ecológica y organizacional) de los sistemas de producción de alimentos con base hortícola y ganadera y de los medios de vida de la Agricultura Familiar frente a los impactos del cambio climático. Para esto, se trabaja con análisis de riesgo, planificación y selección de medidas de adaptación desarrolladas de manera participativa entre los equipos técnicos y las familias productoras.
“El éxito de estas medidas de adaptación dependen de su adecuación, viabilidad y apropiación en cada territorio y contexto local, por lo que es imprescindible identificar los riesgos climáticos y las percepciones de las familias agricultoras”, señaló Manuela Fernández –investigadora del IFAB: INTA-CONICET–.
Las comunidades locales desarrollan percepciones propias sobre las variaciones en el clima, y ese conocimiento normalmente es utilizado como herramienta predictiva para planificar sus actividades productivas.
Por otro lado, la comunidad científica tradicionalmente diseña recomendaciones para el desarrollo de medidas de adaptación basadas en datos climáticos, sin considerar los puntos de vista de los actores que se encuentran en el terreno y sus problemas sociales.

“La percepción es la actividad sensorial y cognitiva por la cual el individuo construye la imagen mental del mundo de su experiencia”.

Manuela Fernández –investigadora del IFAB: INTA-CONICET


“Si las recomendaciones hechas por la ciencia difieren de las percepciones de la población local puede surgir una posible tensión, reduciendo la aplicabilidad o eficiencia de las soluciones propuestas. Por eso, es importante investigar el vínculo entre estas dos perspectivas que, aunque diferentes, podrían ser complementarias y sinérgicas”, señaló Andrea Enriquez –investigadora del área de recursos naturales del IFAB: INTA-CONICET–.
En este contexto y en el marco del proyecto, se creó el “Grupo de trabajo de datos climáticos” que desde septiembre del 2020 trabaja sobre las características climáticas de los sitios de intervención, las tendencias del cambio climático (pasadas y futuras) y la integración de estos datos con las percepciones de la población.
El grupo diseñó una metodología para comparar los datos cualitativos –percepciones–obtenidos de los talleres participativos, con los datos cuantitativos que surgen desde estaciones meteorológicas –datos del pasado- y desde modelos de proyecciones climáticas- escenarios futuros–.
Al aplicar esa metodología, hallaron una coincidencia del 34-54 % entre las percepciones manifestadas y los datos climáticos pasados y futuros. Eso significaría que las familias productoras tienen una sensibilidad moderada a los cambios del clima en un amplio rango de tiempo (al menos 40 años), utilizada para adaptar sus actividades productivas en escenarios futuros.

“Vincular las percepciones climáticas de los pequeños agricultores familiares con escenarios de cambio climático pasados y futuros permitirá desarrollar y aplicar medidas de adaptación social y científicamente validadas”.

Andrea Enriquez –investigadora del IFAB: INTA-CONICET


En los talleres participativos, la escasez de agua fue el riesgo más fuertemente percibido por los locales, aunque la reducción de precipitación no es un aspecto del cambio climático regional que se confirme en todos los casos.
Al respecto, María Valeria Aramayo – investigadora del IFAB: INTA-CONICET– explicó que: “Esta percepción más bien estaría asociada a las características naturales propias de las regiones áridas y semiáridas de Patagonia Norte, donde el agua es un factor naturalmente limitante, a lo que se le suma ciclos de sequías recurrentes, incrementos en las temperaturas medias, máximas y medias y aumento en la intensidad de las lluvias”.
Asimismo, la investigación arrojó un 55% de respuestas en las que no hubo coincidencia entre las percepciones y los datos climáticos, lo que sugiere que pueden emerger tensiones o inconsistencias cuando las medidas de adaptación al cambio climático se construyen basándose solo en percepciones o en datos climáticos y no hay una integración.
Ante la diversidad de situaciones encontradas en el territorio, los investigadores sugieren que las medidas de adaptación se ajusten a cada área particular y no se apliquen como una guía única y generalizada.
“Este cruce de información permite diseñar y priorizar acciones de adaptación al cambio climático. Desde el proyecto utilizamos información que los diferentes grupos de trabajo aportan, y usamos este método como guía para promover soluciones socialmente aceptadas y científicamente validadas”, concluyó Enriquez.


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