“Con Amaya sufrimos los mismos tormentos”



#

Al exsenador radical lo secuestraron tras el golpe del 76 y fue torturado en el penal de Rawson.

Declaró Hipólito Solari Yrigoyen en juicio por delitos de lesa humanidad en Chubut

RAWSON (AV-Télam).- El exsenador por la Unión Cívica Radical por Chubut, Hipólito Solari Yrigoyen relató los tormentos a los que fue sometido y de los que fue víctima también su compañero Mario Abel Amaya, luego del golpe cívico militar de 1976. En el juicio que comenzó el martes en la capital chubutense, Solari Yrigoyen, declaró ante el Tribunal que ambos fueron secuestrados a mediados de ese año bisagra. “A mí me secuestraron en mi casa de Puerto Madryn, donde vivo actualmente, en la madrugada del 17 de agosto de 1976 mientras dormía”, y caracterizó a ese operativo como una “invasión militar”, en el que lo subieron al baúl de un auto “con las manos atadas atrás”. “Con los ojos vendados” fue llevado en avión militar a la Base Aeronaval de Bahía Blanca, y de allí al centro clandestino de detención “La Escuelita”. Junto a Amaya fueron devueltos a Bahía Blanca, encarcelados en Villa Floresta, mientras que más tarde los llevaron al penal de Rawson, donde sufrieron torturas. Durante la declaración, Solari Yrigoyen se emocionó cuando recordó la última vez que vio a su amigo, el militante y abogado de presos políticos, Mario Abel Amaya. “La única y última vez que vi a Amaya ya estando los dos en el Penal de Rawson, nos saludamos. Le dije ‘¿que tal petiso, cómo estás’, y él me dijo ‘vos estás negro, haciendo referencia a que estaba así producto de los golpes’”, precisó con la voz quebrada. Solari Yrigoyen explicó que antes de llegar a ese penal de Rawson como detenido y donde fue derivado junto a Amaya a la celda “Los Chanchos”, que “era conocida como el lugar de los castigos”, había estado en ese penal como abogado defensor de presos políticos. En ese sentido, describió que junto a Amaya sufrieron “los mismos tormentos, el mismo calvario, ya que nos mojaban para dormir, nos golpeaban, nos obligaban a correr, lo que para Mario Abel fue tremendo porque era asmático, así que eso fue el principio de su muerte”, aseveró. Luego Amaya fue trasladado a la cárcel de Devoto, donde al visitarlo su madre no lo reconoció, producto del estado en el que se encontraba luego de los golpes recibidos, y allí murió el 19 de octubre de 1976 a causa de las torturas.


Comentarios


“Con Amaya sufrimos los mismos tormentos”