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Con genética de calle





contexto

Si hay algo que seduce al peronismo es la práctica política en la calle. En esa hora se siente pleno. “No sabe de permisos ni de pasos elegantes: se instala”, decía Juan Carlos Portantiero. “Nacimos en un parto callejero”, suele recordar el rionegrino Mario Franco. Y entonces le vuelve a la memoria aquella media mañana del 17 de octubre del 45. Él había llegado la noche antes en tren a Constitución desde Villa Regina. Se alojó en el Castelar de la Avenida de Mayo. “Ahí me encontré con otro rionegrino, Piccinini, el padre de Anita. A la mañana siguiente estábamos parados en la puerta del hotel y comenzamos a ver gente y gente que iba para Plaza de Mayo. Nos sumamos… Nacía el peronismo… ¡En la calle, que es dónde mejor se siente el peronismo!”. –Vamos hasta la cancha de Huracán –le dice ayer este diario al taxista Luis Macías Naya. –¡No, discúlpeme!… Está todo cerrado por los peronistas desde el mediodía. ¡Peronistas por aquí, peronistas por allá!… –Bueno, lléveme por lo menos hasta Amancio Alcorta y… –¡No, no! ¡Ni mamado!… ¿Me puede explicar por qué la calle siempre es peronista? –pregunta y no cosecha respuestas. A las 16:15 el periodista llega a Amancio Alcorta y Jujuy. A metros del estadio de Huracán. Muy cerca, el sanantoniense “Chino” Navarro –inmenso, con rostro con genética de Buda– ordena su tropa. Caudillo de Lomas de Zamora se forjó con Duhalde. Luego transfirió lealtades: ancló en el kirchnerismo. Acaricia cabezas. Pellizca cachetes. Manda. Como metros más allá manda a los suyos el platense Emilio Pérsico. Tiene cara de editor de pasquín anarquista de finales del XIX. Pero el peronista. También acaricia. Pellizca. “Parque Patricios es peronista” reza un cartel en una de cuyas puntas aparece el rostro de Bonavena, ídolo en esa geografía porteña. –Pibe –le dice un hombre mayor a uno de los chicos que portan el cartel–, el gordito ése de Bonavena no era peronista… era amigo de Lanusse. Se la pasaba todo el día en Olivos cantándole: “¡Pío, pío, pío, pío, pío pa!”… –Era peronista –dice uno de los pibes. –No. Yo te voy a explicar… –responde el veterano pero no tiene tiempo porque la calle empuja. Se hace sentir con prepotencia. Calle que ayer fue peronista.

carlos torrengo carlostorrengo@hotmail.com


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