Con la Fuerzabruta del viento y el tiempo

La innovadora y creativa compañía que dirige Diqui James estrena un nuevo espectáculo, el “Wayra Tour”, el 17 de junio en el Luna Park. Antes, habló con “Río Negro”.



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Fuerzabruta presenta nuevo material y reversiona anteriores dándoles otra dimensión y carácter.

Pasado, presente y futuro en un ceremonia plena de libertad, cada vez más alejada de las convenciones. “Wayra Tour” acerca a una emoción que todos entienden, sin barreras ni límites sociales.

Una experiencia diseñada para vivirla en la libertad del campo formando parte de una potencia directa al cuerpo, a los sentidos; o desde la butaca, disfrutando de un viaje donde las luces, la escenografía, la técnica, la música y los efectos especiales llevan a un espacio de sueños. Mezcla de teatralidad primitiva con tecnología de última generación, de fuerza con suavidad, el 17 de junio a las 20:30 estrena en el estadio Luna Park.

La historia ya cuenta que Diqui James y Pichón Baldinu fundaron De La Guarda en los 90 y estuvieron seis años en cartel en Nueva York, Europa y Asia. Más atrás, a mediados de los 80, surgió La Organización Negra que en el 84 impactó en el Festival Internacional de Teatro de Córdoba. Desde fines del 2003, Diqui –hoy en diálogo con “Río Negro”– está consagrado al proyecto Fuerzabruta junto a Gaby Kerpel, compositor musical, Alejandro García, dirección técnica, y Fabio D’Aquila, coordinación general, tres ex integrantes de De La Guarda, y Agustina James en producción general.

Wayra es viento en quichua, lengua en la que el nombre expresa el espíritu de quien lo porta; es el sonido del alma, el primer canto que acompaña al hombre en toda su vida.

“El viento tiene una connotación muy interesante con respecto a la libertad, al movimiento, a la energía, a la fuerza, pero sobre todo es algo que nosotros utilizamos

como importante elemento en el espectáculo. Me encantó la palabra wayra y que sea viento es mejor todavía… Nosotros viajamos mucho, vamos de acá para allá y cada vez veo cómo el inglés va invadiendo Argentina en los conceptos. Me decían que se debía llamar tour no gira, como yo quería. Entonces me encantó encontrar una palabra en quechua, que tenga que ver con el lenguaje de nuestra tierra. La mezcla también, Fuerzabruta Wayra Tour, tres términos en tres lenguas distintas”.

–El viento también renueva, da energía, palabras muy presentes en la vida de Fuerzabruta.

–Es verdad, sí. Nosotros, en este momento, con el espectáculo que vamos a presentar en el Luna Park, estamos dando un paso hacia un lugar de libertad muy grande. Cuando presenté a los productores el guión para realizarlo, a mi socio en Argentina, Fernando Moya, y al internacional, Michael Cole, que es mánager de las giras mundiales de los Rolling Stones, un tipo que tiene muchas ideas en su cabeza y es una bestia produciendo, le surgió una pregunta después de haberlo leído: ¿por qué en un show nuevo no hacés nada del anterior? Yo me pregunté, a su vez, por qué seguir comprando esas convenciones, esas cuestiones que yo mismo me estoy imponiendo. Lo contesté que quería usar un espacio mayor, para más gente, donde tuviera más lugar para jugar y tomar lo nuevo, lo viejo, cualquier cosa que se me ocurra, mezclar todo en un trabajo que vuele la cabeza. Michael me replicó: ¡Hacé eso!” (Ríe). Fue muy gracioso y, por otro lado, para mí que tengo cuarenta y cinco años… Bueno, no soy un viejo pero con el grupo trabajamos juntos hace veintidós… ¿Cómo puede ser que siga descubriendo mis taras? Gente de afuera me recuerda que siempre hice cosas nuevas, lo que se me cantó, lo que quise, y yo sigo comprando esos conceptos que no me pertenecen. Me encantó el cuestionamiento de Cole y el resultado es este nuevo proyecto en el que nos vamos a permitir hacer en otras dimensiones, versiones de cosas viejas, más todas las ideas recientes y eso va a mutar. Si el año que viene logro que Fuerzabruta Wayra Tour esté bien fuerte, me puedo animar a meter una escena nueva en cualquier momento. Eso me abre un enorme campo creativo, dinámica de producción. Estoy muy entusiasmado con esa posibilidad, me siento liberado.

Es que ni siquiera tengo ganas de entender por qué quiero ver un tipo corriendo sobre una cinta y atravesando paredes? ¿De dónde sale eso? En realidad, mejor ni encontrar la respuesta. Nosotros trabajamos desde otro lugar, no somos intelectuales del arte. Elaboramos desde un ámbito mucho más primitivo y me gusta que sea así. Conceptualizar sobre las ideas no me ayuda a crear. Tal vez, en un sentido, sí a crecer como persona, como artista, pero en el momento de la creación y cuando estoy dirigiendo, no le hago caso al cerebro, sino a la intuición, al físico, a la percepción. No busco explicaciones, sigo el deseo.

–Deseo que en los individuos y en las sociedades que formamos está más bien reprimido.

–A veces uno recibe tanta información dentro de la sociedad, como si tuviera que justificar por qué quiere hacer algo. Y sucede lo que antes te decía, me sorprendo de seguir cayendo en la trampa; uno nunca está a salvo de ese mandato social que no nos ayuda.

Choripán, Taiwán y después

“Desde que vamos encontrando, al armar un espectáculo, el ritmo, el clima de una escena, y cuando entra el público veo que funciona por la emoción en el rostro de la gente, es muy fuerte. Me conmueve mucho, sobre todo cuando logramos mezclar personas. Miro y encuentro una señora tomada del brazo con otra de setenta y cinco años, sonrisa en la cara; a dos metros un grupo de adolescentes saltando abajo del agua y ahí cerca un papá con su nene de la mano, todos viviendo el momento que generamos… ¡A mí me mata! (se quiebra la voz de Diqui). Es lo que más placer me da. Nosotros tenemos una fuerte raíz en el carnaval, en las fiestas populares y es muy importante que eso se incentive y crezca (se ilumina su mirada). Es lo más lindo de esto que hacemos. Lograr un lenguaje que no tenga barreras. Por buscar eso, nos pasó, cuando empezamos a viajar, que en otras culturas se conectan perfectamente con el show. ¿Cómo puede ser que un taiwanés esté saltando emocionado mirando lo que yo inventé en un galpón de San Telmo, comiendo un choripán, sin relación alguna con Taiwan”, se pregunta.

–Ahí calza justa la palabra primitivo, en el sentido de original, primario y a la vez, universal que nos constituye.

–¡Claro! Siempre decimos que hacemos algo completamente primitivo con la tecnología más moderna (Ríe). Pero no inventamos nada, salimos de las convenciones teatrales que para mí están ahogando un poco al teatro. En el último siglo fue acomodándose dentro de una intelectualidad, en la literatura como fuente fundamental, como texto… Nosotros hacemos teatro, pasa es que primitivo, donde nos permitimos romper con lo que nos tratan de contar que es teatro. Es realidad es como se le ocurre a un tipo, pero hay millones de maneras de hacerlo. Como en lo musical. Un acople de guitarra eléctrica contra un parlante, cuando lo hizo Jimi Hendrix, muchos dijeron que era ruido, no música. ¡Ahora es un clásico!

–Se transformó en una palabra más del lenguaje que usamos para comunicarnos.

–Exacto. Y eso nos definió mucho siempre, en La Organización Negra, De La Guarda y Fuerzabruta. Seguir nuestros deseos, liberar la cabeza y buscar lo que queremos hacer. Y no estar traduciéndolo a lo que se cree posible. Cuando imagino a un adolescente o un joven leyendo esto, pienso en decirle que la inspiración te encuentre trabajando. Esto que hacemos no se me ocurrió de repente, es resultado de un montón de ideas pegaditas una tras otra… Una idea central hizo que decanten otras mil que tuve durante cinco años.


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