Con poca inteligencia



Todos nuestros gestos son actos de guerra, escribió Oriana Falacci, fallecida el viernes, en su libro “La fuerza de la razón”, remitiéndose a las enseñanzas filosóficas de Platón sobre la tendencia humana a la cólera y al predominio.

Si ello fuese así, explicaría los desaguisados del gobierno por domeñar a una oposición que todavía ni siquiera ha dejado los pañales. Más llama

tiva aún resulta la vulneración de “normas sagradas” de la inteligencia interna en medio de un “fabuloso” crecimiento económico y de la difusión de encuestas que le otorgan al oficialismo un triunfo en la primera vuelta.

El presidente Néstor Kirchner quisiera ver cerrado ya el episodio del “carpetazo” que reveló el pasado como agente de la SIDE durante la dictadura militar del diputado Juan José Álvarez, uno de los promotores de la candidatura de Roberto Lavagna y enlace con las huestes de Mauricio Macri.

“Juanjo” es un hombre clásico del sistema político que ocupó puestos clave en Justicia y Seguridad en la democracia, avalado por radicales como Enrique “Coti” Nosiglia y peronistas como Eduardo Duhalde.

El patagónico se salió de las casillas cuando el diputado duhaldista Eduardo Camaño, insinuó que si no se paraba la ofensiva estaba dispuesto a desclasificar documentos que afectarían a muchos pingüinos, entre otros Alicia Kirchner, Felisa Miceli, Ricardo Jaime y Nilda Garré. “Arderá Troya”, alertó el quilmeño.

“Es una actitud mafiosa”, reaccionó primero Kirchner, pero tras una gestión de Jorge Sarghini (otro peronista enrolado en el grupo que le da aire a Lavagna) ante el presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Balerstrini, el primer mandatario ordenó a Remo Carlotto (titular de la comisión de Derechos Humanos) que moderase sus ímpetus: abrir los archivos de la SIDE podría afectar a muchos, sin importar el bando en el que hoy están alineados.

Kirchner no quiere ver afectado su cuarto viaje a los Estados Unidos, esta vez para asistir a la Asamblea Anual de la ONU. Va en busca de inversiones. Hablará ante el Consejo de las Américas y tocará la campana en la Bolsa, en Wall Street.

No lo escucharán sólo capitalistas norteamericanos. Entre el auditorio habrá directivos de más de una decena de empresas argentinas como Paolo Rocca, del grupo Techint, con quien tuvo algunos cortocircuitos recientemente.

Uno de los flancos más sensibles es el de los bamboleos jurídicos. El presidente destacará la recuperación argentina tras la salida del default y el pago al Fondo Monetario Internacional. “Pueden venir, sus dineros estarán seguros”, recitará, mientras el ministro Julio De Vido detallará los planes para no sufrir zozobras energéticas, como se augura desde algunos sectores.

“Mañana ironizó K se va a apagar una lamparita y van a decir que hay una crisis energética”.

No descuidará tampoco el santacruceño sus relaciones políticas. La relación con su colega George Bush es fría, pero no se descarta un encuentro “casual”. No está dispuesto, eso sí, a dejar de machacar sobre la multilateralidad y la importancia del Mercosur. Además, haría un fuerte reclamo por las islas Malvinas en poder de Gran Bretaña.

El premier italiano, Romano Prodi, querrá saber en Nueva York si Kirchner ya tiene una solución para los ahorristas de su país, que quedaron fuera del canje de la deuda externa. Es posible que se encuentre algún mecanismo conciliador, lo que activaría al mismo tiempo el vínculo entre el Mercosur y la Unión Europea, por el que se mostró sumamente interesado el canciller de Alemania en un contacto con el ministro Jorge Taiana.

En Estados Unidos, la delegación argentina tendrá reuniones con dirigentes de Bolivia y Chile, para tratar de encauzar la provisión del gas en la región. La semana pasada, en Mendoza, Kirchner reiteró a Michelle Bachelet, que no le bajará el precio del fluido, aunque instruyó a sus colaboradores a no polemizar por la prensa para no darle de comer a la derecha trasandina. “Es difícil admitió el argentino construir la convivencia, pero nuestros países la merecen… sin hipocresía, con sinceridad, dolor y crudeza”.

Los datos alentadores en materia de gestión pública no se compadecen con la pretensión de Kirchner de avanzar sobre las instituciones y “meter miedo” entre los que se exponen a trazar caminos alternativos. Claro que esto, como lo demuestra la historia, podría tener un efecto bumerán. Amenazar con tirar “archivos por la cabeza” se está convirtiendo en una práctica maliciosa. ¿Por qué no los echan de una vez? ¿Será porque son muchos los que resisten el borrón y cuenta nueva?.

Hubo escozor en el arco opositor por los métodos oficialistas para ensuciar a los adversarios, tras el caso del diputado Juan José Alvarez.

ARNALDO PAGANETTI

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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