Con talento y viento a favor

Dos jóvenes bailarinas -una roquense y otra de Centenario- que estudian en el IUPA ganaron becas para estudiar un año en la escuela de Julio Bocca, en Buenos Aires. Después de varias audiciones, un viaje a la capital y mucho esfuerzo, lograron convertir en realidad uno de sus mayores sueños.



Diría Séneca que “ningún viento sopla a favor del que no sabe adónde ir”. Por eso, aunque Nadia Esker y Silvana Rossi no salgan de su asombro y sientan que la vida les dio demasiado, las becas son bien merecidas.

La historia de estas jóvenes bailarinas que tienen 19 y 18 años respectivamente tiene un poco de todo: esfuerzo, aventura, estudio, una pizca de suerte y sobre todo, mucho talento.

Las dos, alumnas de Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA) fueron elegidas entre aspirantes de todo el país y lograron la beca “Un año en Buenos Aires” -edición 2004- para estudiantes bailarines, actores o cantantes entre los 18 y 23 años de la escuela de Julio Bocca.

Y el cuento es un poco así: El primer examen fue el 16 de noviembre, a las 10 de la mañana. Ambas recuerdan que la noche anterior habían tenido dos funciones en el Auditorio de la Fundación Cultural Patagonia. Estaban bastante extenuadas y nerviosas, pero veían en la convocatoria una gran oportunidad de futuro. Es que el proyecto artístico de intercambio que dirigen Julio Bocca, Ricky Pashkus y Chet Walker es uno de los mejores de la Argentina, sino el único de esas características.

Marcio Chinetti, director del Departamento de danzas del IUPA, y profesor de ambas, las motivó para que se animaran a semejante desafío. Para la prueba de ese domingo tuvieron que tomar una clase de danza clásica y otra de jazz. Eran veinte jóvenes bailarines del Alto Valle, pero también había chicos de Bahía Blanca, Bariloche y hasta de Chile.

Quedaron cinco elegidos: dos de Bahía Blanca y tres de Roca.

Nadia obtuvo una beca titular lo que significaba el pasaje y estadía a Buenos Aires para rendir otro examen más y Silvana obtuvo una suplencia, que no incluía el pasaje.

Mochila en mano, ambas viajaron a la capital, con muchos nervios y expectativas. Durmieron en uno de los departamentos que la escuela de Bocca posee para sus alumnos y conocieron a otros aspirantes de todas partes del país. Eso fue un sábado, el domingo 7 de diciembre tuvieron la última audición de la que participaron más de veinte chicos (hombres y mujeres) de toda la Argentina.

Como en cualquier audición profesional los jóvenes tuvieron que realizar tres clases: una de comedia musical, danzas clásicas y otra de jazz.

“Había como diez personas en el jurado, entre ellos, Julio Bocca”, cuentan las bailarinas con una emoción que todavía dura. Es que no se trataba sólo de audicionar, sino también de ver a pocos metros de distancia a quien en sus corazones es un gran ídolo. “Julio ni hablaba. Es muy serio. Igual cuando terminó todo nosotras le pedimos de hacernos una foto con él y lo abrazamos. Lamentablemente la foto la tiene una chica que vive en Buenos Aires así que la veremos cuando estemos allá”, explica Silvana.

Después de las clases, a los aspirantes se les daba la oportunidad de presentar algo más. Se podía cantar o actuar. “Nosotras habíamos preparado monólogos teatrales. Pensamos que no nos íbamos a animar a hacerlos porque somos bailarinas, no actrices. Pero sabíamos que eso podía sumar puntos y además era parte del desafío porque la escuela es de comedia musical”, cuenta Nadia.

El clímax de la historia es la imagen de estos veinte chicos, llenos de sueños, talento e ilusiones, esperando afuera a que el jurado tome “la” decisión.

El fin del cuento es muy feliz: entre los seis ganadores se encontraban ellas. Nadia obtuvo una beca completa y Jimena media beca, lo que implica estudios y alojamiento gratis durante todo un año.

Toda elección implica alguna renuncia y Nadia es consciente de ello: “Estoy feliz porque anhelaba esta oportunidad pero la verdad es que también dejo muchas cosas buenas. Yo ya había empezado el profesorado de Danzas Clásicas en el IUPA y además era parte del staff del ballet Río Negro. Eso lo voy a extrañar, sobre todo tantas funciones y mis compañeros. Además estoy muy agradecida a Marcio Chinetti porque gracias a él y al IUPA estoy donde estoy. Acá en Roca yo tenía beca de alojamiento, sueldo, estudios y además, bailaba en el ballet… A eso cuesta renunciar”.

Sin embargo, no es la primera vez que Nadia se aleja de su familia, ya que a los 16 años ganó una beca de similares condiciones en la escuela de Maximiliano Guerra y estuvo viviendo un año en Buenos Aires. “Es como que desde aquel momento me quedó una deuda pendiente. Era muy chica y fue muy difícil para mí vivir en Buenos Aires sola, aunque mis papás estaban pendientes, viajaban, llamaban todo. Pero yo era una nena. Por ejemplo el día que fui a hacer la primer clase de danzas en el vestuario me robaron las zapatillas y la remera. Son el tipo de cosas que quizás me dan temor, porque es como que la vida en Buenos Aires y la gente es muy diferente. Ojo, también me encanta: los espectáculos, estar en la escuela de uno de los mejores bailarines del mundo y todo eso”.

Para Silvana el desafío pasa por otro lado: “Para mí es la primera vez que dejo Roca, mi familia y mis amigos. Me va a costar mucho porque allá no conozco a nadie, excepto a Nadia. ¡Y ni me ubico en la ciudad! Otro tema es que al no tener beca completa y mis papás no estan tan bien económicamente, necesito buscar un trabajo o alguna ayuda del gobierno de Río Negro para poder vivir ese año en Buenos Aires. Pero bueno, igual estoy feliz”.

Por momentos, la charla se vuelve risas y pura complicidad entre las dos bailarinas. Es la excitación natural que implica semejante cambio de vida y el orgullo de haber logrado las becas.

“El lugar donde está la escuela -el centro Cultural Borges- ¡es increíble!” cuenta Nadia y Silvana agrega “subir esa escalera que es impresionante, con la cúpula…. Todos los chicos decíamos ¡es la escalera a la fama!”. “Y mirá, ¡quizás terminemos bailando con Julio! ¿Te imaginás?”, pregunta sonriendo Nadia y ambas siguen charlando y soñando despiertas con un futuro que ya les pertenece.

Nuria Docampo Feijóo

ndocampo@rionegro.com.ar

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