Conflicto ancestral





Los ataques a las mezquitas y figuras religiosas sacan a la luz las ancestrales tensiones entre musulmanes chiítas y sunitas en Irak. En Irak, 15 millones de personas, casi dos tercios de la población son chiítas, mientras que un tercio pertenece a la rama sunita del islam, pero integra la élite política y militar del país. Las tensiones entre sunitas y chiítas están siempre presentes en cualquier país musulmán donde los dos grupos coexisten de forma tan cercana. Estas tensiones provienen de la rivalidad entre ambos desde la escisión que sufrió el Islam hace 1.400 años y trajo consigo el surgimiento de la denominación chiíta en oposición a la tradición ortodoxa sunita.

En el caso de Irak, se suma el hecho de que los chiítas estuvieron reprimidos bajo la dictadura sunita de Saddam Hussein. Ahora, los dos lados en este conflicto, junto a otros grupos étnicos, están embarcados en una carrera por el poder en Irak, cuyo futuro todos quieren controlar.

Las mezquitas son un blanco obvio para el revanchismo sectario. Sunitas y chiítas tienen sus propias mezquitas, de manera que los que perpetran ataques allí corren poco riesgo de hacerle daño a gente de su propia denominación religiosa.

Kerbala, en el centro del Irak, es una de las ciudades santas y el lugar de peregrinación más importantes para la ramificación chiíta. Ellos celebran allí anualmente la fiesta de Ashura, la mayor fiesta en el mes de Muharram, en recuerdo del nieto del profeta Mahoma, Hussein Ibn Ali. En Kerbala se encuentra la imponente mezquita-mausoleo de Hussein (muerto el año 680 en una matanza), considerada un símbolo del bien y la justicia.

Nota asociada: Irak vivió el día más sangriento desde la guerra: 182 chiítas murieron en atentados

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