Contra la libertad de expresión




Norberto Guerrero es de Loncopué y hace 15 años tiene la FM Arco Iris (89.1), la radio más escuchada de la zona. Después de la marcha realiza en Loncopué en rechazo a la explotación minera, sus equipos fueron destrozados. Su radio transmitió en vivo la marcha y además cedió un espacio los sábados para que los vecinos autoconvocados manifiesten su opinión en relación a la actividad minera.

El periodista siguió transmitiendo con un equipo de potencia menor, mientras intentaba reparar la antena de transmisión que le permite tener alcance en las zonas rurales y que está en un predio cedido por un particular, previa autorización de una ordenanza municipal.

El candado que había comprado para poner a resguardo su equipo había sido cambiado. Averiguó y supo que la orden había salido del municipio. Hizo una denuncia en la policía. Guerrero recibió la solidaridad de colegas de la provincia, del país y de varios países de América. No es la primera vez que recibe amenazas por su oficio. Sabe que son parte de él. Pero lo de hace unos días fue distinto, pues romper sus equipos equivale a coartar no sólo la libertad de expresión, sino su posibilidad de trabajar.


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