Convicción kirchnerista

RÍO NEGRO



La política vive en la vacilación. En Río Negro, la única certeza está encadenada a la traza nacional, al futuro kirchnerista. Dos dirigentes rionegrinos pasan esencialmente esas revistas: Miguel Saiz y Miguel Pichetto. El gobernador refuerza su credo de que no hay ni habrá nada mejor que los Kirchner para el país. Reverencia y defiende lo hecho y se asocia en la cruzada contra Clarín. Maquina que ganarán en primera vuelta. Sueña con más obras y recursos nacionales. Conoce también de la dificultad para insertar su dogma en un proyecto electoral propio en Río Negro. “Para Néstor no había problemas si el candidato era yo, pero ya no es lo mismo con otro por más que lo ponga yo”, añoró días pasados Saiz. Nadie como él para armonizar su convicción y fidelidad K. En diciembre, el gobernador se quedará con el mando de la UCR si se concreta –como ocurrirá– el acuerdo delineado con el presidente del bloque radical, Adrián Casadei, a quien eligió de interlocutor. Se reservarán los primeros cargos para Saiz y Bautista Mendioroz, pero tendrán licencia hasta concluir sus mandatos provinciales. La conducción figurará para el intendente Juan Villalba, un tenaz saizta y, también, entusiasta K. ¿Otra alineación kirchnerista? Todo es posible. Pero el presente tranco sólo los junta en un pacto partidario. La actual perturbación radical permite múltiples posibilidades futuras, hoy todas tan verosímiles como de ciencia ficción. Saiz quedó rodeado de acuerdistas, como César Barbeito, y de combativos, como miembros de Residencia, que lidera Francisco González. Este grupo opina que sólo una interna permitirá medir fuerzas, resolver conflictos y avanzar en el 2011. Aquel ministro reniega de esa confrontación. Tiene otras preocupaciones. Sumó un obstáculo: la victoria del crítico Marcelo Mango en la Unter, desalojando a Marcelo Nervi con quien finalmente Barbeito había logrado una sólida relación. Esa jefatura gremial será un escollo en la gestión y los planes electorales de Saiz. Algo diferente sólo ocurrirá por el canal kirchnerista que ambos mantienen. El frente rebelde –que lidera Bautista Mendioroz– está halagado con el pacto al sortear un cotejo partidario que no quería. Supera ese atasco, pero persiste la incertidumbre por la candidatura del vice. Y el tiempo no se detiene. Hay una contrariedad más enmarañada. Viró el plano nacional. La Coalición Cívica hoy es un propósito extenuado. El vicepresidente Julio Cobos ya no es lo que era, tampoco lo es Lilita Carrió, y menos posible es una alianza entre ellos, como creía Mendioroz. ¿Existirá una disputa real en el oficialismo? ¿O este proceso partidario concluirá en un acuerdo electoral? Postergada la confrontación, la tregua rejuvenece el espíritu oficial, destinado a la búsqueda de una misión conjunta y de supervivencia. Hay dos motivaciones para su boicot: el gobernador rechaza la postulación de su vice y prepara a un candidato suyo mientras que Mendioroz se aferra a su aspiración para el 2011. Si perduran ambas condiciones, entonces esos caminos oficiales se bifurcarán. Fijadas las líneas partidarias, el radicalismo caerá en el sosiego. Saiz viajará esta semana a Estados Unidos y en octubre partirá hacia China. Resta resolver los porcentajes partidarios. Falta el convite a la participación al sector orgánico de Fernando Chironi y se desconoce cómo se integraría al intendente Jorge Ferreira. El gobernador comenzó septiembre con la aprobación de la renegociación petrolera y espera obtener en la sesión del 30 de este mes el financiamiento para la central Salto Andersen. Este proyecto mantiene una dura oposición legislativa. Pero ninguna obstrucción importa mucho. Saiz transmuta en positivo cualquier saldo. Se mostró jubiloso después de la aprobación petrolera, pese a que fue fuerte la mutación del diseño ideado, al punto que el Ejecutivo amenazó con su veto. El suyo concentraba el poder de la renovación petrolera en el gobierno pero, en cambio, la ley amplía la participación, incluso para considerarla un exceso (el análisis de una comisión de diez miembros, la adjudicación del Ejecutivo y el aval legislativo). Esa profusión exigirá más tiempo, pero ofrecerá más transparencia y seguridad jurídica. Destreza natural la de Saiz para superar conflictos y contrariedades, incluso desde la inacción o la negación. Allanó la responsabilidad gubernamental por la muerte de los tres jóvenes en Bariloche, supuestamente por la represión policial. Bastó el desplazamiento de algunos oficiales policiales. Ya incumplió su promesa de que asistiría cada fin de mes a Bariloche: en agosto no fue con el gabinete. Una crisis institucional y el escarnio nacional soportó el neuquino Jorge Sobisch por el fallecimiento del docente Carlos Fuentealba. Hay aportes a ese arte de Saiz. Lo cobija –aun en la disparidad– el tejido del oficialismo. Flavors fue la mayor perturbación que el gobernador sintió en su gobierno. Se correspondió con el desabrigo al que quedó expuesto por parte de los suyos. Tanto así lo entiende que ese hecho quebró su lazo con el vicegobernador. Ni el arruinado intento de su re-reelección logró ese estremecimiento. Conciencia de elemental conservación. Juicio que escasea en el justicialismo. La bancada pudo quebrarse con la votación petrolera. Pero no ocurrió. Ese epílogo dejó igual sensación. El problema es que cada debate lo sumerge en el lodo de la disputa interna. Prevaleció la guía partidaria que implantó el presidente del PJ, Carlos Soria. Pichetto renovó su táctica: no caer en las reyertas del bloque. ¿Podrá el senador –como repite– postergar su candidatura hasta diciembre? Tres meses por delante. Dependerá de múltiples factores. La postura de Soria será determinante. Mandó una delegación a Las Grutas para un acto kirchnerista pero bastardeó, en público, ese lanzamiento. “¿Qué es Colina?”, ironizó. Soria no puede con Soria. El destrato del intendente atosiga y exigiría al senador apurar su postulación. Así se lo hizo saber. Hoy hay más silencios entre ambos. Pichetto esperará cuanto más pueda saber qué opina el matrimonio presidencial de su propio futuro. Redunda en que el PJ debe tener un candidato con un vínculo férreo y leal con el kirchnerismo. No pueden existir vacilaciones en esa fidelidad, entiende. Soria es un devoto distante. El credo del roquense es otro: su poder territorial, que promociona con encuestas. Pichetto descree de todas. El mundo K no abriga nativos que vacilen en la devoción con su política. Pichetto lo sabe y lo profundiza en Río Negro, favorecido en que esa necesidad aleja a Soria del plano kirchnerista. Soria detecta esa limitación y esboza otros planes. Saiz posee igual visión y percepción del universo K. Barbeito escuchó un claro mensaje. “No te pelees con Nación”, le dijo hace algunos meses. Mañana estará la presidenta Fernández en Catriel, secundada por el gobernador y el senador. Le hablarán de la necesidad de recursos para el complejo frutícola. Se impone –otra vez– esa coyuntura económica. Eventualidades que pueden deshacer cualquier trama política.

Adrián Pecollo apecollo@rionegro.com.ar


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