Crece la campaña antijaponesa en el sur de China

Unas 20.000 personas manifestaron en China, continuando una campaña contra el "revisionismo" de Japón, pese a la protesta de Tokio tras la violencia del sábado contra su embajada.



PEKíN/TOKIO (DPA/AFP/AP)- La mayor ola de protestas antijaponesas en dos décadas se extendió este fin de semana por varias ciudades chinas: Miles de personas se manifestaron en contra de una minimización de los crímenes de guerra japoneses en China durante la Segunda Guerra Mundial.

Las manifestaciones, que habían comenzado el sábado en Pekín con lanzamientos de piedras, botellas y latas contra el edificio de la embajada nipona, continuaron ayer en varias ciudades, como Cantón y Shenzhen, en el sur del país, y Suzhou en el este.

En Shanghai, dos estudiantes japoneses recibieron una paliza.

Un número estimado de 10.000 personas se aproximó a un edificio que alberga el consulado japonés en Guangzhou, y una cifra similar se manifestó delante del supermercado Jusco, de propiedad nipona, en la cercana Shenzhen, señaló por teléfono a la agencia DPA el portavoz de la embajada japonesa Keiji Ide.

Con el trasfondo de una tensión creciente entre Japón y China, las protestas estallaron con motivo de un nuevo libro escolar en Japón, que según el punto de vista chino “pone en tela de juicio y encubre” la agresión militar de los japoneses en China durante la Segunda Guerra Mundial. La guerra de los manuales escolares es el último episodio de la tensión bilateral, alimentada por una disputa territorial por yacimientos de gas y petróleo en el mar de China oriental.

Tras la queja china por la reedición de un libro de historia que minimiza las brutalidades del imperialismo nipón, los japoneses acusaron al patriotismo inculcado en las escuelas chinas de ser el principal responsable de los movimientos contra su país.

Los japoneses están convencidos de que el régimen comunista instrumenta el nacionalismo con el fin de sustituir una ideología marxista-leninista en decadencia.

Los manifestantes, que actuaron también contra supermercados, restaurantes y bancos nipones, exigieron un boicot de las mercancías japonesas. Rechazaron además los esfuerzos japoneses por conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La policía, que en otros casos actúa contra todo germen de lo que puede convertirse en una manifestación, toleró esta vez las protestas.

Estas manifestaciones condujeron a una nueva carga sobre las relaciones entre China y Japón. En Tokio, el ministro del Exterior nipón, Nobutaka Machimura, llamó al embajador chino, Wang Yi, exigiéndole una disculpa y una indemnización. Los hechos de vandalismo contra empresas japonesas son “un problema serio”, dijo.

Pekín replicó acusando a Japón de ser responsable del deterioro de las relaciones bilaterales. “Claramente China no es responsable del estado actual de las relaciones sino-japoneses”, declaró Qin Gang, portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino.

Japón “debe abordar seriamente y correctamente los temas que hieren los sentimientos de los chinos, en especial los relacionados con la invasión de China, y hacer más esfuerzos para promover la confianza mutua y las relaciones bilaterales, en vez de lo inverso”, añadió a través de un comunicado publicado en el sitio internet de la cancillería.

El gobierno de Japón, por su parte, presentó a China una protesta por la manifestación antijaponesa del sábado en Pekín, en la que también se registraron incidentes.

Ya el sábado había protestado el viceministro del Exterior de Japón, Shotzaro Yachi, quien pidió a China que refuerce las medidas de seguridad en los alrededores de la embajada japonesa y la residencia del embajador en Pekín.

Al parecer para evitar una escalada, las autoridades de propaganda chinas prohibieron cualquier información sobre las protestas en los medios del país.

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