Crecen los casos de violencia racial en EE. UU.

La masacre de Carolina del Sur muestra que el odio aún perdura.



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La agresión a jóvenes mujeres negras en una piscina de Texas fue el caso más reciente.

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Eric Garner murió asfixiado por una “llave” de un policía.

Las agresiones de policías norteamericanos a ciudadanos afroamericanos han causado una ola de malestar por los abusos que en el último año han llenado varias tapas de diarios.

A los abusos policiales la semana pasada se sumó la masacre que perpetró un joven blanco en una iglesia de Charleston, donde acabó con la vida de nueve personas. El racismo, una vez más, hizo sonar las alarmas de la sociedad norteamericana. (Ver aparte)

La agresión de un agente contra jóvenes negros en una piscina en Texas es el último de varios casos de abusos que han generado malestar y el cuestionamiento de la actuación de los cuerpos policiales en Estados Unidos.

“Llamen a mi madre, Dios mío”, clamaba llorando una adolescente negra en traje de baño cuando un policía blanco la tiró violentamente al suelo, la inmovilizó con sus rodillas y apuntó con su pistola a un grupo de jóvenes afroestadounidenses que se habían “invitado” a una piscina comunitaria en un complejo residencial de McKinney, una pequeña ciudad de Texas (sur).

La intervención del agente fue filmada y “subida” a YouTube, donde fue vista más de 11 millones de veces, lo que lo condujo a renunciar.

El video muestra un hecho muy similar a lo sucedido en Nueva York a Eric Garner, el joven negro que gritó “No puedo respirar” mientras un policía lo sujetaba fuertemente.

Los abusos policiales contra negros han vuelto a las portadas de la prensa estadounidense. En Twitter, ha reaparecido la etiqueta #BlackLivesMatter (“las vidas de los negros cuentan”), al tiempo que florecen estadísticas que muestran las desigualdades que padecen los afroestadounidenses.

Una de ellas señala que un negro tiene el doble de posibilidades que un blanco de morir a manos de un policía.

Los medios de comunicación no dejan de evocar los nombres de las víctimas negras de brutalidades policiales, desde la primera, en Ferguson, hasta la última, en Cleveland: Michael Brown, Tamir Rice, Trayvon Martin, Freddie Gray... Todos ellos, afirma la bloguera afroestadounidense Chauncey Devega, constituyen “la necrópolis negra de la era Obama”.

El homicidio de Michael Brown se produjo el 9 de agosto de 2014 en Ferguson, en la periferia de St. Louis, estado de Missouri. Brown, de 18 años, murió de tres disparos del Darren Wilson, 28, un oficial de policía blanco. En septiembre de 2014, Eric Holder, fiscal general de los Estados Unidos lanzó una investigación federal del departamento de policía de Missouri para examinar si los oficiales habían mostrado discriminación a raza o fuerza excesiva. El jurado dictaminó que Darren Wilson no será imputado.

Los smartphones, un arma

“El registro de los asesinatos de negros por la policía estadounidense constituye una nueva forma de linchamiento fotográfico”, dice.

Con la multiplicación de los smartphones, que captan al instante una escena, incluso en los barrios más desfavorecidos, Estados Unidos está descubriendo cómo “la policía abusa de su poder” y reacciona ante “la menor insubordinación” a su poder, con distinto énfasis según se trate de negros o de blancos, dice a la AFP el investigador social Musa Al Gharbi. “Ello choca la conciencia nacional”.

“¿Acaso el policía de McKinney hubiera empuñado su arma si se hubiera tratado de un joven blanco con aires de Justin Bieber? Por supuesto que no”, agrega el experto. Al Gharbi evoca una herencia con tintes racistas “institucionalizada en el período postsegregación”.

Para Catherine Smit-Torrez, experta en la fuerzas del orden, “no hay en todo esto nada de racista” y “cada policía debe ser percibido individualmente”.

“En las fuerzas del orden nada es más valorado que el concepto de guerrero, los policías son entrenados para cultivar un estado de espíritu de guerrero”, asegura Seth Stoughton, profesor de derecho en la Universidad de Carolina del Sur. “Esto crea obstáculos mayores en las relaciones entre la policía y las comunidades”.

“El problema fundamental reside en qué esperan los policías cuando se topan con un joven afroestadounidense. Esperan que sean más violentos, más peligrosos que los jóvenes de cualquier otra raza”, deplora por su lado Alisa Simmons, presidenta de la rama tejana de la Naacp, la poderosa organización de defensa de las personas “de color”.

“El conjunto del sistema judicial estadounidense es desfavorable a los negros”, observa Al Gharbi, recordando que las tasas de criminalidad y de encarcelación de los afroestadounidenses son superiores a las de los blancos, así como son más largas las penas a las que son condenados.

“Hay que cambiar el agua en la que nadan los policías”, ejemplifica Robin DiAngelo, profesor en la universidad de estado de Westfield. “El agua es esa valorización cotidiana de la piel blanca”, apunta. Las reformas son “urgentes”, señala por su lado Al Gharbi. (AFP)

Michael Brown corre y el oficial Darren Wilson le dispara por la espalda. El registro fotográfico de la secuencia no impidió que el hecho quedara impune.


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Crecen los casos de violencia racial en EE. UU.