Crimen de Giselle: “La muerte de mi hija nos destruyó a todos”
Inés, la madre de la joven asesinada en diciembre del 2013 concedió una entrevista a “Río Negro” y habló del caso que aún sigue impune. “No se merecía esto”, dijo la mujer.
TESTIMONIO A UN AÑO DEL ASESINATO
Giselle Monje tenía un carácter muy fuerte. “Gisi no se le callaba a nadie. Si tenía que decirte las cosas en la cara para bien o para mal te las decía”, recordó Inés Monje, madre de la joven asesinada a principios de diciembre de 2012. Inés permaneció en silencio durante un año. Pero la herida por el crimen de su hija está abierta y duele todos los días. “La muerte de mi hija nos destruyó a todos”, aseguró.
La madre de Giselle accedió a una entrevista con “Río Negro” en su domicilio del barrio Vivero, ubicado en la zona del Alto de Bariloche. En cercanías de su casa apareció la tarde del 11 de diciembre de 2013 el cuerpo sin vida de su hija. La joven de 21 años fue encontrada en un descampado. La investigación avanzó al principio con la velocidad de un rayo, pero la causa se desmoronó por falta de pruebas y el crimen aún sigue impune.
Inés luce cansada. Su hija menor llora en una habitación, mientras otro hijo adolescente escucha música con unos enormes auriculares sumergido en su mundo. La mujer habla despacio. La desconfianza se va rompiendo mientras trascurre la entrevista.
“Todo esto que pasó a mí me dejó sin fuerzas. A veces me cuesta levantarme para hacer mis cosas”, admitió la madre.
Estaba orgullosa porque Giselle era la única hija que había llegado a la Universidad. “Siempre le faltaban hojas o lapiceras, pero siempre se las arreglaba”, destacó Inés. La joven era estudiante de la carrera de Licenciatura en Economía de la Universidad de Río Negro y militante de la juventud radical. “Ella se sabía casi todas las leyes”, afirmó la madre. “Cualquier cosa preguntale a la Giselle, le decía yo a mis hijos”, rememoró Inés.
“De algo estoy segura, Gisi no se merecía esto -afirmó-. Lo que le pasó fue muy injusto”.
Inés recordó los últimos días con su hija. Giselle vivía con su hermana en el barrio 2 de Abril. Pero la madrugada del domingo 8 de diciembre de 2013, pasó a dormir a la casa de su madre.
Inés tenía un hermano enfermo y los últimos mensajes de texto que recibió de Giselle fueron para saber por la salud de su tío. Inés señaló que a las 22.25 de ese domingo ingresó un mensaje de texto en el celular que usaba su hija de uno de los sujetos que estuvo involucrado en la investigación y que fue sobreseido.
Indicó que Giselle se fue de su casa y tomó el colectivo que pasa por el barrio Vivero que la trasladó hasta la calle Beschtedt y La Paz. Allí, subió a otro ómnibus y se bajó en Ruta Nacional 40 y Rolando, cerca de la vivienda de Eduardo Ariel Fernández. Nunca más la volvieron a ver con vida.
El lunes 9 de diciembre Giselle no contestó ninguna llamada ni mensaje. Inés recordó que Giselle andaba con el celular de una hermana que se lo había prestado. Tampoco apareció el martes.
Inés comenzó a inquietarse. Ningún familiar la había visto. Además, Giselle era muy reservada a tal punto que Inés reconoció que nunca conoció a los amigos de su hija. Al día siguiente, resolvió pasar por la comisaría 28 para denunciar la situación.
Intuía que algo no estaba bien. Dice que fue a la comisaría pero el policía que la atendió relativizó la ausencia de la joven cuando Inés le dijo que tenía 21 años. “Venga después de las 17 con los papeles”, fue la respuesta del empleado policial. Inés se marchó a su casa y regresó a las 17.30. Pidió hablar con el mismo policía que la había atendido, pero le explicaron que estaban ocupados con una urgencia. “Lo mío también es urgente, no encuentro a mi hija desde el domingo”, replicó, molesta.
De regreso a su domicilio, observó un despliegue policial en el descampado próximo a su barrio. Sintió un frío intenso en el cuerpo. Se resistió a pensar en una tragedia. Luego, unos policías le avisaron que el cuerpo sin vida hallado podía ser el de su hija.
Un año después, Inés aún no sabe quién o quiénes fueron los autores del crimen de Giselle. Afirmó que nunca se enteró de que su hija recibiera amenazas. “No era una chica de andar en cosas malas”, sostuvo.
“Creo que hay mucha gente que sabe muchas cosas, pero tiene miedo. Yo no tengo miedo porque no le hicimos nada a nadie”, enfatizó. “Más allá de que los que hicieron esto (por el homicidio de su hija) puedan caminar libres, de la justicia de Dios nadie se salva”.
DeBariloche
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