Crónicas sobre Neuquén de un rosarino ilustre



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Funcionario y escritor Gabriel Carrasco, cronista de "La Confluencia".

FRANCISCO N. JUAREZ

fnjuarez@sion.com

Gracias a Carrasco periodista. El Dr. Gabriel Carrasco, inspector del Ministerio del Interior y hombre de confianza del ministro Joaquín V. González, que llegó a las 10 de la mañana del domingo 5 de enero de 1902 a la estación Neuquén de paso hacia la capital Chos Malal, era un prestigioso funcionario, el más experimentado estadígrafo de fines de siglo XIX, abogado, poeta, escritor y también periodista. Fue ésta última condición la que permitió que "La Confluencia" tuviera especiales crónicas de sus dos incipientes aldeas a ambos lados del río Neuquén (hoy su capital, y la rionegrina Cipolletti) en un momento clave para sus respectivos porvenires. Era también hijo de un notorio periodista.

Liberal, pero no tanto. Al Dr. Gabriel Carrasco se le han reconocido ideas liberales, afinidad con muchos masones de la época, como con el ministro González (masón de grado 33) y del gobierno de Roca, cuyo hermano Rudecindo, el fundador de San Martín de los Andes, fue Gran Maestre de la Gran Logia Argentina entre 1897 y 1899, sucedido en la maestría de la Gran Logia por el también general Liborio Bernal, el adjudicatario de las tierras a orillas del lago Nahuel Huapi (ribera de la hoy Dina Huapi). Sin embargo, cuando Carrasco llegó a Chos Malal para inspeccionar el gobierno del también masón, ex militar y gobernador Lisandro Olmos ("El Coronel"), un registro manuscrito lo retrató así: "Recibe monseñor la visita del esclarecido católico Gabriel Carrasco". La nota lleva fecha 13 de enero de 1902 y pertenece al presbítero Valentín Nalio asentado en la vieja capital. Carrasco y sus asistente Rossi acababan de llegar a la ciudadela. La travesía desde estación Limay arrancó el 9 de enero y el monseñor que se alude era nada menos que el salesiano Cagliero.

Gira apostólica y Carrasco piadoso. El 15 de enero Cagliero se despidió del gobernador Olmos y del inspector Carrasco, cruzó el río Neuquén en bote y empezó con otros salesianos su gira por Ñorquín, Loncopué, Las Lajas, Catan Lil y Junín de los Andes. Carrasco, asiduo concurrente a la misa del presbítero Nalio permaneció en Chos Malal hasta el 30 de enero. Nalio anotó cuatro días antes de su partida: "El doctor Gabriel Carrasco da el ejemplo de recibir la santa comunión" (a esa misa mayor asistían autoridades y unos 100 hombres del 7º de caballería).

Hijo del secretario de Rosas en Neuquén. El rosarino Gabriel Carrasco era hijo del notorio periodista Eudoro Carrasco nacido en Buenos Aires en 1824. Llegó a ser secretario de Juan Manuel de Rosas y combatiente en Caseros. Dos años después nació su hijo Gabriel, pero la familia dejó la ciudad y armó hogar en Rosario. Allí Eudoro instaló una célebre imprenta a vapor. Eudoro también fue creador del primer escudo de Rosario y fundó con Ovidio Lagos el diario La Capital, el más antiguo del país que aún se edita y cumplirá el próximo 15 de noviembre su 140º aniversario. Fundó años después El Sol, desde donde polemizó con La Capital. Fue autor de una historia santafesina ahora inhallable, suscribiendo más tarde con su hijo Gabriel, el libro Anales de la ciudad Rosario de Santa Fe.

Cipolletti con 800 pobladores. Antes de su viaje a Chos Malal, Gabriel Carrasco, tras las recorridas por la aldea de Estación Neuquén, cruzó a la orilla norte para visitar el "pueblo de Limay" por el puente el 8 de enero de 1902 para alistar el viaje que se haría por el camino de Añelo. Paró en la casa del comerciante Miguel Muñoz a casi una legua de la orilla del río y consultó a algunos de los 800 pobladores que pedían la restitución funcional de la estación. "Hay allí señaló Carrasco un destacamento del 2 de caballería que llegó a tener cien hombres de tropa, hoy reducido a su jefe capitán Próspero de Veyga con sus asistentes y cuatro soldados". Se alistaron para el viaje 16 mulas, cuatro caballos y "un cochecito sin toldo" y partieron a las 7 de la mañana del 9 de enero. Sus apuntes de aquellas travesía reconstruyen el carácter desolado de las travesía a Chos Malal.


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