«Cuando desperté, había tres butacas arriba mío»

«Venía durmiendo y cuando desperté había unos caños adentro del colectivo, estaba todo lleno de humo, habíamos quedado todos mojados, se veían vidrios por todos lados».

El relato de Marcelo Quintupil, un boxeador neuquino que viajó a Comodoro a un festival que nunca se hizo, grafica el momento más angustiante de la situación límite que le tocó vivir.

Quintupil vive en Neuquén y había viajado a Comodoro Rivadavia para participar de un festival de boxeo, que finalmente se suspendió. Con los cambios de planes, decidió volver rápido a su ciudad para estar con su familia, y subió al colectivo de la tragedia. Cuando pasaron Arroyo Verde ya estaba durmiendo. Y se despertó en medio del humo, los hierros retorcidos y los gritos de desesperación de otros pasajeros heridos.

Son instantes que no se le borrarán jamás, ya que -después del tremendo e inesperado impacto del colectivo contra el camión- quedó aprisionado entre butacas, pasajeros y mercadería despedida del acoplado. Por eso, tuvo que esperar un rato largo hasta que lo rescataron los bomberos. Fueron momentos interminables, en el medio de la noche fría, entre el dolor por las heridas y el alivio de sentirse vivo.

 

Aprisionado

 

«Había tres butacas arriba mío: una en el pecho y otras dos sobre las piernas», recordó. Apretado por los restos del colectivo, inmovilizado por fuertes dolores, tuvo que esperar que los bomberos y policías sacaran otros cuerpos para llegar hasta él. «Tenían que sacar a un compañero que venía adelante» explicó-. «Lo tuvieron que sacar primero porque estaba metido entre dos butacas», completó.

Finalmente, los bomberos lograron llegar hasta él, le quitaron todas las butacas, lo inmovilizaron en una camilla, entre varias manos lo bajaron por el hueco dejado por el impacto del choque, lo subieron a una ambulancia y lo trasladaron al hospital Isola, donde ayer permanecía internado. Sufrió la fractura de la pelvis pero pudo ser peor, ya que viajaba en la butaca 9, en el piso superior del colectivo, a la altura del sector donde se produjo el impacto a toda velocidad contra el acoplado.

Tras recibir los primeros auxilios, quedó internado en el hospital Isola, acompañado de sus seres queridos, que viajaron desde Neuquén para estar en este momento difícil. Ayer a la tarde, disfrutaba del calor de su hija Sofía Anahir -de apenas un año- y su mujer, Natalia, quien se mostraba feliz por estar con él y cansada después de tanta tensión: «Hace dos noches que no duermo», dijo.

De boxeo, ni hablar. «Colgamos los guantes, esto ya fue demasiado», dijo Marcelo, mirando a Natalia, mientras abrazaba a Sofía Anahir y mostraba el alivio de una familia que tras varias horas de angustia volvió a vivir, y que hará más fácil el lento proceso de recuperación que le espera.


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora