Cuando la ecología es parte de la moda

Muchos fabricantes se acercan a este tema desarrollando proyectos.

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Entre los alimentos, los productos biológicos están presentes desde hace mucho tiempo. El sector de la moda, sin embargo, va a la zaga de esta tendencia. Recientemente estallaron nuevos escándalos sobre tejidos dañinos para el medio ambiente y condiciones laborales inhumanas en las fábricas textiles.

Actualmente, muchas empresas quieren mejorar su imagen o al menos ofrecer a los consumidores alternativas a la producción tradicional. “Son cada vez más las empresas que se imponen a sí mismas un código de conducta respecto a la producción ecológica y el comercio justo”, dice la defensora alemana de los consumidores Melanie Weber-Moritz.

Muchos fabricantes se acercan a este tema desarrollando proyectos. Puma, por ejemplo, ha elaborado un balance ecológico en el que contabiliza en euros sus daños ecológicos a través de toda la cadena de producción, desde las emisiones de CO2 hasta la producción de desechos pasando por el consumo de agua. El resultado fue que la empresa había causado tan solo en 2010 daños ecológicos por 145 millones de euros (casi 190 millones de dólares). Como consecuencia, Puma desarrolló un plan para prevenir a más tardar en el año 2020 la liberación de sustancias químicas peligrosas.

Otras empresas lanzan al mercado colecciones “verdes”. “Por ejemplo, H&M y C&A son actualmente grandes compradores de algodón biológico”, dice Weber-Moritz. Según la Federación Alemana para Medio Ambiente y Protección de la Naturaleza, para el cultivo de algodón convencional para una camiseta corriente se necesitan 2.700 litros de agua, mientras que el algodón biológico solo requiere la mitad. Otras empresas están desarrollando nuevas fibras: la marca vegana Umasan, por ejemplo, usa algas y eucalipto.

Además de los materiales procesados, también los sellos son un indicio para reconocer productos del comercio justo. Sin embargo, hay que tener cuidado porque “algunas empresas conceden a sí mismas sellos que no están sometidos a ninguna prueba de calidad”, advierte Christiane Schnura, coordinadora de la iniciativa alemana Campaña para Ropa Limpia. Esto quiere decir que los consumidores deben examinar cuidadosamente el producto y, en caso de duda, solicitar información. “Con un poco de investigación se puede averiguar rápidamente cuáles son los sellos realmente recomendables”, afirma Schnura.

Muy conocido n la actualidad es el sello Fairtrade (comercio justo), que certifica productos hechos de algodón biológico, entre otros. El consumidor debería fijarse al menos en si un producto textil tiene el certificado Oeko-Tex Standard 100, recomienda Rolf Heimann, de la Federación Internacional del Textil. Las prendas que tienen este sello no superan los límites máximos para sustancias nocivas para la salud.

Para Heimann es muy recomendable el Global Organic Textile Standard (GOTS): “Para conseguir este sello, todos los proveedores tienen que estar certificados, desde la hilandería hasta la tintorería”. Este sello solo lo obtienen aquellos productos que contienen al menos un 95 por ciento de fibras naturales. Además de Fairtrade y GOTS son muy recomendables los sellos Fair for Life, Earth Positive, la etiqueta ecológica de la Unión Europea, así como el sello de la Asociación Internacional para Textiles Naturales (IVN).

“En el ámbito ecológico ya existen varias certificaciones, a diferencia del ámbito social”, explica Schnura. En su opinión, hasta el momento se presta poca atención a las condiciones laborales. “Los consumidores deben ser conscientes de que ‘biológico’ no siempre equivale a ‘justo’ y ‘justo’ no siempre significa ‘biológico”. Por ejemplo, “si una empresa presume de pagar sueldos según las normas locales, por ejemplo en Bangladesh, ello no quiere decir en absoluto que esos sueldos garanticen la subsistencia de los trabajadores”.

Schnura menciona como modelo el sello de la Fair Wear Foundation. Las empresas miembros de esta iniciativa dejan que organismos independientes controlen las condiciones laborales de sus productores y proveedores. Muchas de esas empresas trabajan tanto con criterios ecológicos como sociales.

Para reducir la contaminación ambiental, Heimann no solo pide responsabilidad a los productores sino también a los consumidores: “Deberíamos preguntarnos si realmente necesitamos esa nueva camiseta o esos nuevos vaqueros y si el armario ropero en realidad no está ya lo suficientemente lleno”. Porque producir menos ropa ya es de gran ayuda para la naturaleza.

dpa


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