“¿Cuánto queréis por Messi?”

La broma de Florentino Pérez fue dirigida al presidente del Barça, Sandro Rosell. Este último le respondió: “Hombre... Nosotros no vendemos. Pero pensamos en que quizás nos vendría bien compraros a Cristiano Ronaldo. Ojo, como suplente, porque en nuestro equipo titular, la verdad, no creo que tuviera sitio”.



#

Foto AP.

Liga Española

La frase salió de los labios de Florentino Pérez, y estaba dirigida a Sandro Rosell, presidente del Barcelona: “A ver, Sandro. ¿Cuánto queréis por Messi?”

Que el presidente del Real Madrid estaba bromeando en el marco de una distendida comida de confraternización entre ambos clubes es evidente. Que horas después, tras el histórico 5-0 sufrido en el Camp Nou, le sobraban ganas de comprar al argentino, es muy probable.

Rosell respondió rápido en aquel intercambio de bromas previo al clásico. “Hombre... Nosotros no vendemos. Pero pensamos en que quizás nos vendría bien compraros a Cristiano Ronaldo. Ojo, como suplente, porque en nuestro equipo titular, la verdad, no creo que tuviera sitio”.

Las bromas son más de una vez la forma de decir lo que uno no se atreve a plantear en serio, porque ningún equipo del mundo, y eso incluye al Real Madrid, diría “no” a la posibilidad de tener a Messi.

Pero el Barcelona es un equipo con suerte, porque al argentino, hombre de pocos gustos y fidelidades firmes, no se le pasa por la cabeza dejar el club que le está permitiendo luchar en la Liga más grande de todos los tiempos. De haberse quedado en el fútbol argentino, muy probablemente otra habría sido la historia.

En los días previos al superclásico se hablaba de una más de las sorprendentes facetas de Messi: el joven que en las últimas dos temporadas multiplicó por dos su eficacia goleadora había convertido a David Villa, un delantero soñado por cualquier equipo, en su asistente, en un “9” pasador. El gol, como nunca, estaba en los pies de Messi.

En la fría noche de un lunes que ya entró en la historia del fútbol, Messi demostró, bajo una persistente llovizna, que puede reinventarse una y otra vez, que su repertorio siempre ofrece algo más: no anotó ningún gol, pero fue él, esta vez, el asistente de Villa.

Y Villa se lo agradeció: “No ha marcado, pero me ha dado dos pases... Siempre lo he dicho, es el mejor del mundo, no hay otro igual”.

Habituado desde hace un año y medio a resolver como ningún otro de sus compañeros de cara al gol, Messi fue más generoso que nunca, fue inteligente al convertirse en el “mosquetero” de Villa.

Porque eso le pedía sobre todo la cita: inteligencia. Presionado desde hacía semanas por cómo resolvería su particular duelo con Cristiano Ronaldo, mediático segundo mejor futbolista del planeta, optó por concentrar varios pares de ojos sobre él para desprenderse de la pelota en el instante justo y que sus compañeros se llenaran la boca de gol.

“Messi domina todos los registros del fútbol, todos. Es el mejor”, dijo admirado tras el partido Josep Guardiola, entrenador del Barcelona.

Precisamente lo que no puede decirse de Cristiano, excesivamente dependiente de que el equipo funcione para él. Si no es el caso, se enfurece. Messi también necesita un equipo en condiciones -lo demostró con Argentina en el Mundial-, pero también es capaz de hacerlo funcionar con su fútbol.

El argentino llegó incluso a luchar por el balón en la zona de Sergio Busquets. Recuperó cinco pelotas contra ninguna de Cristiano. Dio dos pases de gol y recibió seis faltas contra cuatro del portugués, que dejó como recuerdo más claro su forcejeo con Josep Guardiola.

Es cierto que todo el Barça fue una orquesta sinfónica, con un Xavi esencial. Pero Messi, con una madurez llamativa a sus 23 años, fue desequilibrante. En el final, enceguecido por marcar “su” gol, dejó de ver a algún compañero en mejor posición, aunque nadie en su sano juicio sería capaz de reclamarle nada al argentino. Un jugador que, lo sabe Florentino Pérez, es un verdadero objeto del deseo digno de la tarjeta de crédito mejor dotada: no tiene precio.

DPA


Comentarios


“¿Cuánto queréis por Messi?”