Cuatro días de crucero por el Nilo

Lejos del turismo de masas, los antiquísimos templos y pirámides de Egipto también pueden visitarse desde el agua.



Egipto es lo que siempre ha sido para los turistas: un ambiente relajado con alojamientos all inclusive a orillas del mar Rojo y, por supuesto, las magníficas e imponentes pirámides. Pero también hay un espacio para viajes más exclusivos, como lo demuestra un crucero por el Nilo.

Unos quince o veinte barcos viajan entre Luxor y Asuán cada temporada, en recorridos de cuatro jornadas con un rápida sucesión de visitas al día a antiquísimas construcciones, templos, santuarios y pirámides.

Día 1, Luxor. La mayoría de los pasajeros visitan, en grupos de tres hasta treinta personas, al Valle de los Reyes. Otros van primero a los templos de Karnak, donde estarán más solos, afirman los guías. Efectivamente, se ven sólo dos minibuses junto al complejo de templos con sus salones columnarios llenos de relieves bien conservados y las innumerables esfinges con cabeza de carnero.

La misma situación se da un poco más tarde junto al templo funerario de Hatshepsut, reina del antiguo Egipto. Un trencito lleva a unos pocos turistas a la depresión de Deir el Bahari y hacia el templo de piedra caliza de 3.500 años de antigüedad. Los visitantes tienen que subir a pie por una larga rampa hacia las terrazas.

Día 2, Edfu. Carruajes tirados por caballos se desplazan a toda prisa por la calle. Hay mucho ajetreo. Los conductores sólo disponen de alrededor de una hora por la mañana para captar a los turistas para llevarlos al Templo de Horus y después de vuelta al barco. Pero antes pasan por el bazar de souvenires que está instalado junto a la salida del templo.

Día 3, Asuán. Para algunos viajeros aquí termina el crucero, mientras que otros regresan en barco a Luxor. Además de los clásicos en el programa de Asuán, la presa y la isla de Philae con su templo, merece la pena hacer una excursión hacia un pueblo nubio en una pequeña barcaza o en uno de los veleros que se pueden alquilar por pocas libras egipcias. El viaje pasa junto a la isla Elefantina y a un sinnúmero de postes de electricidad triangulares de la central hidroeléctrica situada junto a la presa de Asuán, las pirámides modernas de Egipto.

Día 4, Abu Simbel. De madrugada, los autobuses salen en medio de la oscuridad hacia el desierto. En algún momento, el sol alumbra la nada a lo largo de una autopista que va a Sudán. A lo largo y a lo ancho no hay más que arena. Después de un viaje de cuatro horas, se llega a los templos de Abu Simbel donde, si uno camina junto al lago dando la vuelta al cerro, puede disfrutar de una imponente vista del enorme Templo de Ramsés II, en cuya fachada están esculpidas cuatro estatuas colosales del gran faraón.


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