Cuentagotas



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En las políticas comunicacionales y en el discurso habitual de los sectores dirigentes han ganado terreno en el último tiempo las referencias a los derechos de los niños y adolescentes. Hiperinvocados en todo ámbito, son “prioridad uno” en cada plan de gestión pública y cada vez tienen más legislación específica. Pero la realidad demuestra a cada paso que los derechos de la infancia se aplican con cuentagotas. Como ocurre desde hace 15 años, Bariloche tuvo una vez más su “semana” de actividades para sensibilizar sobre el tema, incluida una barrileteada, la pintada de murales, un campeonato de fútbol mixto y una festiva movilización realizada el último viernes, que buscó interrogar desde la calle misma por qué tantas palabras y tan pocos hechos. Uno de los actores sociales que trabaja desde hace largo tiempo en una ong dedicada a la contención de adolescentes vulnerables admitió que en último tiempo sintieron como nunca la ausencia del Estado y que esperan cambios “para mejor” con el nuevo gobierno municipal. Hubo en el programa de la “semana por los derechos” un panel sobre políticas para la infancia del que participaron varios concejales electos y en el que surgieron (siempre surgen) muchas buenas ideas. Por eso la expectativa que despierta el nuevo escenario institucional será grande y exigente, de lo que seguramente tomaron debida nota los futuros funcionarios. Los campos de acción son muchos y las responsabilidades compartidas. Basta con recorrer las calles y barrios para ver los casos de mendicidad, el trabajo infantil, la deserción escolar, las enfermedades evitables y comprobar que las leyes pueden ser buenas, pero no cambian la realidad ni alteran las prácticas de un día para el otro. Es sin dudas una buena herramienta la prédica constante. También la multiplicación de las organizaciones de la sociedad civil que abordan el tema. Nunca sobra una radio abierta o una volanteada que refresque la “convención internacional sobre los derechos del niño”, a la que la Argentina adhirió hace 21 años y que reforzó con la ley de protección integral de la infancia, promulgada en 2005. Pero bueno es también afinar la puntería sobre algunas cuestiones específicas. En Bariloche, por ejemplo, es insostenible la severa carencia de ámbitos para la recreación, de gimnasios, de bicisendas, de espacios verdes y plazas decentes: un derecho que cualquier chico colocaría en primer lugar (aunque en ello no le vaya la vida, como en la garantía de una vacuna gratuita). Otros ataques directos a los derechos elementales tienen que ver con el estado de las escuelas, con un régimen educativo que permite “pases de año” aprendiendo poco y nada, con el déficit alimentario (no sólo la escasez, sino la falta de variedad) y con el tratamiento brutal que muchas veces los menores reciben de la policía. Está visto que con la conciencia no alcanza. Tampoco con elaborar prolijos inventarios de derechos que los propios redactores se abstienen de cumplir. A los chicos los afecta tanto la desconfianza, el gesto hosco y el vidrio polarizado como un Estado que asigna las políticas de minoridad a sus empleados peor pagos y más precarizados. Un dato subrayado estos días es que Bariloche tiene menos jardines maternales públicos que Viedma, con una población largamente superior. Otra cuestión crucial en relación con los derechos de los chicos es el enorme déficit habitacional instalado en la ciudad, que no para de crecer y que profundiza cada día, cada hora, la desigualdad de oportunidades. Una escuela de excelencia, un hospital con todos los servicios y rápida reacción o una Justicia contenedora poco pueden hacer con un niño que vive con sus padres y hermanos en una casilla de cantonera y nylon. ¿Cómo hace para no enfermarse? ¿Dónde hace los deberes? ¿La violencia familiar, en esos casos, es causa o consecuencia? Muchos de estos planteos, expresos o latentes, circularon durante la semana de los derechos del niño. “Gritamos por el buen vivir”, el lema elegido para esta edición, tuvo el valor de lo simple y lo certero. Tanto como algunos de los reclamos que plantearon los propios chicos y que quedaron reflejados en los afiches: pidieron por su derecho “a un abrazo”, a que “nos tomen en serio”, a “una casa buena”, a “una sonrisa”. Tanto y tan poco.

semana en bariloche

daniel marzal dmarzal@rionegro.com.ar


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