Cuidan a una especie de mala reputación: los murciélagos

Los chicos de una primaria de San Antonio Oeste investigaron y descubrieron que los mamíferos voladores están en peligro y que son fundamentales para el equilibrio ecológico. Darán consejos para construirles casas y evitar molestias en los edificios, sin recurrir a su exterminio.





SAN ANTONIO OESTE- Los alumnos que actualmente cursan quinto grado en la Escuela Nº 179 están desarrollando desde el año pasado un novedoso proyecto sobre los murciélagos que habitan en edificios públicos y viviendas de la ciudad y que en algunas oportunidades generan problemas, a veces sobredimensionados por ciertos mitos y creencias que tienen a estos animales como protagonistas.

Generalmente la presencia de murciélagos es vista como un hecho preocupante y que merece una rápida solución, casi siempre recurriendo a la erradicación por medio de gases. Estas medidas no contemplan en primer lugar la importancia de estos animales debido a su incidencia en el equilibrio ecológico. Y por otro lado, quienes las proponen no reparan en que al utilizar esas técnicas se logra elevar exponencialmente las probabilidades del contacto humano directo con estos bichos. Los mamíferos voladores atontados quedan esparcidos por las calles, los cuerpos sin vida son trasladados por los perros o gatos y generan desagradables experiencias. Además, si se utilizan venenos se corre el riesgo de intoxicaciones de niños y animales domésticos.

En el establecimiento educativo donde se comenzó con el proyecto, en noviembre del año pasado se registraron alrededor de 1.500 murciélagos habitando en el entretecho. Afortunadamente en ese lugar el cielorraso es de losa y la orina y el guano no generan que la estructura se debilite, ni que malos olores o ruidos molestos afecten el normal dictado de clases.

En algunos edificios en los que la presencia de estos mamíferos es un inconveniente, se pueden utilizar técnicas muy sencillas para excluirlos.

En Texas, Estados Unidos, es común ver «casitas» especialmente construidas en los tejados, que se acondicionan para que las habiten los murciélagos. Esto evita que aniden en las propias viviendas. Para sacarlos cuando ya se instalaron, sólo hace falta ubicar los sitios por los que los murciélagos acostumbran a salir y colocar en esos lugares listones de los que pendan telas. Este elemento puede ser evitado por los mamíferos que al volver no pueden ingresar.

En un trabajo realizado entre las diversas áreas, los alumnos investigaron sobre la vida de los murciélagos, realizaron entrevistas a biólogos especializados en estas especies, e hicieron encuestas en las casas para determinar ciertos mitos populares. A fin de año, en la marco de una exposición que la Escuela organiza todos los años, los chicos presentaron móviles, dibujos, afiches y banderas sobre lo aprendido.

Este año, luego de rever el tema, los alumnos prepararán en el marco de un taller en contraturno las estrategias para difundir lo que aprendieron en la comunidad, con el fin de aportar soluciones a otras escuelas o a los vecinos.

Cerca, pero no tanto

Hay claros beneficios de compartir el vecindario con los murciélagos. Pero como con cualquier otro animal no doméstico, no deben tolerarse dentro de las habitaciones. La mayoría de los murciélagos que entran a las casas son juveniles perdidos. Se los ayuda encendiendo todas las luces y abriendo una puerta o ventana.

En la gran mayoría de los casos la exclusión de murciélagos de las viviendas humanas es simple, barata y puede realizarla el mismo propietario con un mínimo de instrucción. La exclusión de un entretecho es también practicable aunque a veces es necesario el consejo profesional. Más del 80 por ciento de las colonias que ocupan grandes edificios no son detectadas, pero a veces pueden originar olor o ruidos que justifiquen la exclusión.

Cuando los murciélagos deben ser excluidos de una construcción, proveerlos de una casa sustituta del tamaño adecuado en las cercanías resolverá las molestias sin enviárselos a algún vecino. Sin esta alternativa, los murciélagos desalojados tratarán de entrar en otros lugares, se enfermarán y morirán aumentando la probabilidad de ser encontrados por niños o mascotas.


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