Cuarenta años de cine político y social

Ana Laura Lusnich y Pablo Piedras editaron una investigación sobre la filmografía nacional.

27 jun 2011 - 00:00

BUENOS AIRES (Télam).- Una notable investigación acerca de la historia del cine político y social en Argentina, que realiza un recorrido exhaustivo de obras y autores locales desde el período silente hasta 2009, fue editada en dos tomos por Ana Laura Lusnich y Pablo Piedras con el objetivo de “educar la mirada” y “revelar las estrategias discursivas, narrativas” y representativas de ciertos filmes. Con el título “Historia del Cine Político y Social en Argentina. Formas, estilos y registros (1969-2009)”, el segundo tomo de esta colección “tiene la idea de proponer una nueva mirada y romper un poco el mito de que el cine político y social sólo existió en los años 60 y 70, porque lo hubo siempre y de alguna manera cada película dialoga con la historia interna de nuestro cine y con el contexto de cada coyuntura”. Según afirmó Lusnich en una entrevista con Télam, “el libro está bastante enfocado en el análisis de la construcción de sentido de una película, en saber las estrategias y recursos de representación en los que se basan ciertas obras. Las estrategias discursivas, narrativas y representacionales están muy estudiadas en este nuevo tomo de la investigación”. Se trata de un proyecto que nació de una idea original de la propia Lusnich y del fallecido crítico y docente Claudio España, y que fue concretado gracias a los aportes de Pablo Piedras y de otros 30 investigadores de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en su mayoría egresados de la carrera de Artes, quienes desde 1997 forman un grupo dedicado al estudio de la historia del cine latinoamericano. La investigación de este segundo tomo se inicia con “un genuino punto de inflexión en el cine político argentino” que significó la aparición, en 1969, de películas que abordaron, denunciaron y reflexionaron sobre diversos aspectos de la política local e internacional desde perspectivas muy distintas, como “La hora de los hornos”, de Fernando Solanas y Octavio Getino, e “Invasión”, de Hugo Santiago. Para Piedras, a partir de ese año “se empiezan a producir nuevas tendencias en el cine político y surge la idea de un cine no tan explícito, más opaco, con una mezcla entre experimentación y neovanguardia, mientras que se siguen haciendo otros filmes más militantes y comprometidos con los partidos o con las ideas de los partidos políticos de aquel momento”. El estudio se sumerge luego en las películas políticas realizadas durante la última dictadura militar, “una fase de repliegue y resistencia tras la inicial radicalización” de los temas y estilos, de la cual “el cine argentino salió sumamente debilitado” y fue obligado a reducirse a “comedias insustanciales y directamente chabacanas promovidas por los militares”. “Ese fue un período de repliegue porque, por ejemplo, el cine político militante se había desarticulado, varios directores tuvieron que exiliarse, pero también emergían otras tendencias, un cine más metafórico que se establecía como modelo crítico veladamente o de forma más subterránea”, recordó Piedras. Para los autores y editores, “en el cine de la recién restaurada democracia de los 80, se pueden encontrar las raíces de una muy profunda y fecunda transformación vivida por el cine social y político argentino a partir de finales de la década siguiente”, especialmente después de la crisis de 2000-2001. “A partir de 2001 se produjo un momento de neoefervescencia de un cine más radical y militante que retoma las banderas del 69, a través de colectivos de cine piquetero como Boedo Films, Contraimagen y Alavío, que se empezó a gestar a mediados de los 90 y luego se convirtió casi en un subgénero dentro del cine documental”, aportó Lusnich. La presencia de una conciencia política parece estar presente, para los autores, en casi todo el espectro del cine argentino, por lo cual proponen “ampliar un poco el concepto de lo que se entendía como cine político y así poder pensarlo de una manera más profunda que sólo el cine militante, ya que existen otros directores cuyas obras presentan visiones contrahegemónicas y diferentes de aquellas sustentadas por los poderes instituidos”. Para Lusnich, “este es el primer estudio sistemático e integral sobre cine político y social argentino, porque en general los estudios sobre cine político se centraban en los años 60 y 70, o tal vez en lo que es el 2001 en adelante, y nosotros rastreamos hacia atrás y hacia delante la tendencia. Creo que este libro es un aporte importante a la historiografía del cine argentino”, añadió. “Otro valor en este libro -señaló- tiene que ver con el relevamiento exhaustivo de películas e incluso de recuperación de algunos ejemplos que siguen perdidos pero se han reconstruido y recuperado desde la reflexión teórica, a través de documentos y paratextos”.

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