El azote de Serpentor

La banda de thrash metal se presenta mañana a las 21, en Roca, en el centro Violeta Parra. Antes, habló con “Río Negro”.

28 may 2010 - 00:00

Eduardo Rouillet A fines de 1998, Sangre India se disuelve y tres de sus miembros, Guillermo Romero en voz, Jorge Moreno y Jorge Alcaraz en guitarras, comienzan en Rafael Castillo a seleccionar bajista y baterista para formar una banda de thrash metal. Pablo Lescano y Sergio Gómez son los elegidos. El nombre: Serpentor. Después de meses de ensayo y composición, salen al ruedo en festivales metálicos por el oeste del GBA. En el 99 graban un demo con dos temas: “El juicio final” y “Resignado”. En el 2000 tocan en Cemento, teloneando a Devenir y Letal. Después se presentan con Malón, Horcas, O’Connor, Jeriko. Tocan en Asunción del Paraguay en julio. En el 2001 graban el primer disco, simplemente llamado “Serpentor”. Alcaraz, uno de los fundadores, anuncia su retiro por razones personales y, mientras buscan reemplazante, los acompaña como invitado. Comienza el 2002 y Ramón López es el nuevo miembro. En febrero del 2004 graban “Poseído”, que sale en mayo. Participan del Buenos Aires Metal Festival. Serpentor, ya posicionado en la escena thrash metal argentina, registra el tercer disco y sufre otro cambio: se va el cantante Guille Romero. Entra Emmanuel Lescano, hermano del bajista, y en el 2007 editan “Final sangriento”. Arranca el 2008, se presenta en Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn, retorna el vocalista Romero y registra “Ley siniestra”. Mañana, Serpentor llega a Roca para mostrar su más reciente trabajo: “Privación Ilegítima de la Libertad”, con Romero en voz, Lescano en bajo, el baterista Alejandro Padín y las guitarras de Alcaraz y Jorge Moreno, con quien “Río Negro” dialogó. –Primeramente, una especie de necesidad musical nos llevó a este estilo. Nos gustaba la música pesada y, cuando empezamos, éramos chicos y nos cautivaba más el tema de tocar la guitarra y el heavy metal, por decirlo así, porque contiene varias ramas. Seguíamos a Hermética, V8, Horcas, (Iron) Maiden, Judas Priest, bandas de afuera. O Metallica que se metía más en el thrash. Todo esto cada uno por separado. Nos conocimos, ya teníamos veinte años, y nos juntamos con un estilo bastante marcado a seguir. –Al principio fue cómo sonaban, ¿y después? –Comenzamos a sufrir cuestiones como buscar trabajo y no conseguirlo. Nuestro cantante tenía ya una familia desde chico y trataba de mantenerla pero no le alcanzaba la plata. Y elegíamos temas que antes escuchábamos por lo musical. Empezamos a darles más importancia a las letras, a traducir canciones de afuera. El estilo que más nos representaba era el thrash metal, que se relaciona con la disconformidad que tenemos hacia los gobiernos, la parte política y social que vive la gente de clase media baja donde vivimos. A nosotros, cada vez que cantábamos una canción de Horcas, por darte un ejemplo, nos gustaba muchísimo más que las de otras bandas. Las sentíamos en relación con lo que nos pasaba. Entonces, al armar Serpentor, nos preocupamos porque nuestros temas apuntaran hacia donde queríamos. Desde esa época hasta hoy sigue ocurriendo lo mismo. Queremos llegar a gente que vive situaciones como las nuestras. Es la única manera que tenemos de transmitir lo que pensamos ante tantos problemas. Thrash significa azote. Es un mazazo, un golpe, nuestro estilo. Azote por la rapidez y por la contundencia de las letras. Te da un golpe para que escuches y abras los ojos. Las guitarras suenan lo más crudas posibles, con el sonido que podés escuchar en una sala de ensayo. Una sonoridad bien filosa, entendible y machacante, como si fuese una especie de serrucho o una sierra. A veces logramos ese sonido, a veces no. Tiene ritmo incisivo con muchos cambios; nunca son simples, parejos, derechos. Tiene mucha energía que hace mover e incita a saltar, al pogo. –Un llamado de atención y una respuesta a una sociedad de consumo que ensordece por momentos, que busca idiotizar, que banaliza la vida, crea modelos imposibles de sostener para muchos, o de alcanzar siquiera. –Hoy, decimos siempre, tenemos un arma enorme a mano y tratamos de usarla lo mejor posible. Hay mucha estupidez disparada sobre la juventud, en los programas de televisión que supuestamente serían para educar a la sociedad. Nos duele mucho ver que haya chicos cantándole a la droga, a salir a robar, a ejercer la violencia. Nos causa primero vergüenza ajena y después nos preocupamos mucho porque todos tenemos hijos y nos asusta que puedan llegar a pensar así. Por culpa de esta estupidez que cada vez se está fomentando más. Que no tiene razón. ¿Cómo puede ser que haya un programa de televisión que transmite siete horas los sábados eso que no sé cómo llamar? Porque no es música ya. Y tratamos de ser un poco más fuertes, no bajar los brazos y arrastrar a pibes que les gusta nuestro estilo. Nos siguen chicos de trece, catorce, quince años que todavía están en una nebulosa, viendo para qué lado se tiran. Tratamos de llegar lo más directo posible para que lo puedan entender… Y volver a los códigos, a cosas que nosotros teníamos cuando éramos chicos. Amistad y un montón de cuestiones más que estos que están en la tele no proponen. Es la manera más fuerte que tenemos para cambiar un poco la mentalidad de los más jóvenes. Que vuelvan a razonar, que no se autodestruyan con la droga. Que sean personas más pensantes para poder votar en el futuro, para trabajar, seguir estudiando, terminar la secundaria. Todos nosotros tenemos pelo largo, tatuajes, tocamos en una banda de thrash, somos roqueros como dicen, pero yo terminé la secundaria, la facultad. Uno solo de los integrantes de Serpentor no lo pudo hacer porque tuvo una familia antes de poder lograrlo. –¿Qué carrera hiciste? –Contador público y, después, Profesorado de Música en un conservatorio. – Sus hijos, ¿qué edades tienen? –El del cantante es el mayor y tiene 13. Siempre dice que lo cuidó de cosas como las que te señalé. Su hijo a veces nos viene a ver y Guillermo se pone recontento. Los demás chicos son de siete, tres y el mío de año y medio.

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