El racismo en el tablón

Los versos que entonan las hinchadas según el libro "Sombras de Hitler" (Sudamericana) de Raúl Kollmann.

08 jul 2001 - 00:00

La svástica en la popular, ¿quién es más nazi? "si aparece un pelado, lo echamos a patadas". ¿Hay en la Argentina un "nazifútbol" como en Europa?

¡Ay, ay, ay!,/ son todos negros putos de Bolivia y Paraguay. (La mayoría de las hinchadas, dedicado a Boca).

Les volaron la embajada,/les volaron la mutual,/ahora les queda la cancha,/se la vamos a quemar.

(La mayoría de las hinchadas, dedicado a Atlanta).

A pesar de los cantitos, los neonazis en la Argentina prácticamente no tienen organización en el ámbito del fútbol. Las hinchadas son el paraíso de los prejuicios populares contra los homosexuales, los judíos, los negros o los inmigrantes, pero estos grupos no han logrado sacar de allí militantes en serio. Es un contraste con Europa, donde los barrabravas (hooligans) constituyen una de las fuentes más importantes de reclutamiento de los administradores de Hitler.

La síntesis la expone Adrián, del grupo de rock nazi Ultrasur: "Tenemos contacto con muchos hooligans de Europa, pero en la Argentina el fútbol está viciado, deformado, es otro negocio clave para los amos del oro, los judíos. Es común encontrar en nuestro fútbol drogadictos, homosexuales, toda una peste. Las hinchadas están llenas de negros, mestizos, drogados delincuentes y zurdos. En la Argentina, los "hooligans" no existen. Igualmente, el fútbol nos apasiona mientras no haya circuncidados".

Ahí viene Hitler/Por el callejón,/matando judíos/para hacer jabón.

Pero la temporada del 2000 reservaba a la entidad de Villa Crespo una agresión novedosa, y puso sobre el tapete la furibunda pelea interna entre grupos de barrabravas del propio club.

Era una típica tarde de sábado otoñal. Faltaban unos minutos para que el partido comenzara y algunos hinchas todavía daban vueltas por las afueras del estadio, la misma costumbre de todos los sábados. Chorizos humeantes en improvisadas parrillas y los gritos de los vendedores que ofrecían el gorrito del "campeón" a dos pesos. Banderas, saludos, algún insulto. El auténtico folclore previo que se vive en la Argentina cada vez que se juega un partido. Atlanta visitaba a Defensores de Belgrano. En la tribuna, la hinchada de los "bohemios", cuya barra brava se denomina la banda de "La Loza, preparaba las gargantas y el cotillón pirotécnico ante la inminente entrada del equipo en el campo de juego. Era una suerte de partido clásico y había que alentar. Cuando apareció la primera camiseta azul y amarilla, la hinchada de Atlanta recibió al equipo a puro grito. Pero de pronto enmudecieron al ver que la barra del local también festejaba la entrada en el campo del equipo "bohemio". No tiraban papelitos o cohetes, arrojaban pequeños jabones de hotel barato, al grito de:

Ahí viene 'Def' por el callejón,/ matando judíos para hacer jabón.

Las hinchadas reflejan un antisemitismo elemental basado en una lista de prejuicios comunes: que los judíos tienen demasiado dinero y poder; que explotan a los otros, que son tacaños, comunistas o que mataron a Cristo. Esta vez, la agresión tenía mayor nivel de sofisticación y estaba orientada por algunos elementos que sabían más y que se preocuparon por conseguir jabones. Fue como arrojar a la cancha los millones de cadáveres del genocidio nazi.

Atlanta, cuya sede se encuentra en el barrio de Villa Crespo -donde viven muchos judíos-, es el club de fútbol profesional identificado con esa comunidad. Lo apodan "el ruso". El episodio de los jabones trascendió en todos los medios periodísticos y el lunes siguiente la dirigencia de Atlanta, encabezada por su presidente Jorge Rubinska, y el mediático Moisés Ikonicoff, presentaron una denuncia en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi). Durante casi un semana, tanto Ikonicoff como Rubinska desfilaron ante cualquier cámara de televisión que se encendiera delante de ellos.

No era la primera vez que ocurría una cosa así. Años atrás, en la localidad de San Martín se jugaba el clásico Chacarita-Atlanta. En la platea estaba Ikonicoff acompañado por el presidente del club local, el gremialista que proponía abstenerse de robar por dos años, Luis Barrionuevo. Los unía una amistad que habían gestado durante los primeros tiempos del gobierno de Carlos Menem. Antes de que el partido comenzara, una parte de la hinchada de los "funebreros" mostró una bandera en la que destacaba la inscripción: "Yo nazi en San Martín". Acompañaban la exhibición con gritos de No te borrés, che judío vigilante./si te borrás, vas a ver que el "trico" tiene aguante.

Los cantos fueron seguidos por cascotazos hacia los hinchas de Atlanta, puntualmente devueltos por éstos.

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